jueves, febrero 29, 2024

México transfeminicida: El país que legitima el odio

México es transfeminicida, prueba de ello son las agresiones y asesinatos sucedidos en las primeras semanas de enero de 2024, en un país que ocupa el segundo lugar con más transfeminicidios en el mundo.

Por ahí dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero la realidad es que la semilla de toda imagen mental son las palabras. Ellas no ayudan a entender y describir el mundo en que vivimos.

¿Cuál es el poder de nuestras palabras? ¿Qué impacto tienen en nuestra vida? Para las mujeres trans en este país transfeminicida, las palabras son la antesala de la muerte

Inició 2024 y con él llegaron más transfeminicidios en México

El 8 de enero, durante su conferencia matutina, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se refirió a la diputada federal Salma Luévano como un «señor vestido de mujer».

El periodista Joaquín López Dóriga hizo lo propio en su cuenta de X, burlándose del encuentro entre el mandatario y Luévano en Yucatán. Como si saludar con afecto a una mujer trans fuera motivo de burla y escrutinio. 

Las palabras pueden hacer mucho daño

Podríamos pensar que las palabras son inofensivas en un país con una crisis profunda de inseguridad y con miles de personas desaparecidas, pero no es así.

Nuestras palabras tienen consecuencias y las personas trans hemos pagado la factura de ellas desde hace tiempo. No es gratuito que nuestro país sea el segundo lugar que registra mayor cantidad de transfeminicidios en el mundo. 

Paola Suárez de Las Perdidas y la activista Nicté Chávez fueron atacadas el mismo día en distintos lugares de México

El 10 de enero, la influencer Paola Suárezintegrante de Las Perdidas— hizo una transmisión en vivo en el hospital regional de León, Guanajuato. Fue golpeada en el rostro y costillas por su pareja José de Jesús ‘N’

Los medios de comunicación y las redes sociales se dieron un festín difundiendo las fotografías y videos de Paola. Publicaron los datos e identidad de su agresor y, contra toda ética de cuidado, siguieron revictimizándola entre publicaciones y puntos de vista. 

Ese mismo día, Nicté Chávez mujer trans activista y colaboradora de la organización sin fines de lucro, The Trevor Project— fue agredida por su vecino Francisco Javier ‘N’ a las afueras de su casa en Coacalco Estado de México.

Las autoridades no quisieron atender la denuncia que previamente Nicté había interpuesto por las constates amenazas de su vecino. 

@soyhomosensual Paolita Suárez de Las Perdidas, nuestra colaboradora Nicté Chávez y la estilista Gaby Ortiz son las primeras víctimas de la transfobia en México este 2024. #paolitasuarez ♬ sonido original – homosensual

La aspirante al Senado de la República, Samantha Gómez Fonseca, fue asesinada a principios de enero en este México transfeminicida

El 14 de enero, la defensora de derechos humanos y aspirante al Senado de la República, Samantha Gómez Fonseca, fue privada de la vida con un arma de fuego a las afueras del reclusorio preventivo varonil sur en Xochimilco. 

Conocí a Samantha Fonseca por allá del lejano 2011. Nuestra búsqueda por la justicia para lograr que nuestra identidad de género fuera reconocida unió nuestros sueños en un proyecto para desjudicializar el cambio de nombre para las personas trans en Ciudad de México.

Tres años más tarde, se lograría esa batalla legislativa permitiendo que miles de personas trans pudieran cambiar su nombre y género en documentos oficiales.

foto Natalia Lane Samantha Gómez Fonseca mujeres activistas trans México
Natalia Lane, en compañía de Samantha Gómez Fonseca, quien era aspirante al Senado de la República. / Foto: Cortesía Natalia Lane

Su valentía y templanza inspiraron a una joven Natalia para trabajar colectivamente y ser aún más visible en espacios institucionales y de toma de decisiones. Hoy mi hermana ya no está aquí, duele su partida así como duelen también Agnes Torres, Alessa Flores y Elizabeth Montaño

Los transfeminicidios en México no cesan; la mayoría quedan impunes

Las mujeres trans en América Latina andamos cargando las heridas de nuestras muertas. Madres de transición, compañeras del talón, colaboradoras y amigas defensoras de derechos humanos. Ninguna de nosotras está a salvo. Ninguna mujer trans tendría que vivir el dolor de las ausencias de sus amigas, hermanas de vida y compañeras de lucha. 

¿Cuál es el mensaje de todo esto? Que la violencia hacia las mujeres trans en este país no solo esta normalizada, sino legitimada por el Estado. Y es que no habían pasado ni siquiera unas horas, cuando la diputada federal Teresa Castell publicó en redes que el ataque a Paola Suárez había sido perpetuado por su propia pareja y no podían echarle la culpa a nadie fuera de la comunidad LGBT+. 

También comenzó una petición para combatir lo que la ultraderecha ha nombrado la «ideología de género» y el «borrado de mujeres». Dichas acciones detienen el avance de los derechos de las personas trans con la aprobación de las instituciones de Gobierno. 

En México, servidores públicos malgenerizan y niegan públicamente la identidad de personas trans

En los últimos años, a servidores públicos y empresarios se les ha hecho costumbre insultar, negar la identidad y violar los derechos de las personas trans sin ninguna consecuencia: Gabriel Quadri, América Rangel, Lili Téllez, Ricardo Salinas Pliego y ahora también el presidente

Aunque hubo una disculpa escueta por parte de Andrés Manuel, el impacto que personas con tanto poder político hablen desde la transfobia y la desinformación, abre la caja de pandora para continuar con la apología de la violencia hacia los proyectos de vida de las personas trans. 

Las palabras en la política no son fortuitas ni arbitrarias. Tienen una intención y están cargadas de poder y desigualdad. Ahí está la gravedad de que servidores públicos y mandatarios salgan a hablar sin reparo sobre la identidad de las personas trans. Todos los días estos personajes violan los principios de progresividad, criminalizan y patologizan nuestras vidas, aun cuando ya hay jurisprudencia al respecto.

A pesar de algunos avances, los transfeminicidios y ataques contra personas trans continúan

Han pasado más de quince años desde que por primera vez en este país las personas trans mayores de 18 años pudimos cambiar nuestro nombre y marcador de género en documentos oficiales. Pronto se cumplen 10 años de poder hacer este trámite sin necesidad de un juicio.

Esto gracias a la labor de cientos de activistas y defensoras de derechos humanos que hoy ya no están aquí, como Samantha Fonseca y Alessa Flores, pero el cambio cultural sin duda ha sido nuestra batalla más dolorosa

Cuida tus palabras, las fotos y los videos que difundes; sin darte cuenta podrías revictimizar a las personas trans

Hace poco hice un ejercicio de memoria y escribí mi nombre en el buscador de Google. Las imágenes que arrojó la plataforma me siguen doliendo. En muchas de ellas aparezco bañada en sangre en la ambulancia. Los titulares de los medios usan palabras como «acuchillada», «sexoservidora», «prostituta»; palabras que revictimizan y te hacen sentir avergonzada.

Las palabras también nos avergüenzan y nos culpan. Porque cuando eres sobreviviente de un ataque feminicida quisieras desaparecer del mundo, el trauma es tan profundo que no sabes cómo asimilar tu propio reflejo. Cada fotografía, cada video compartido es un recordatorio de ese trauma, es una contundencia de tu vulnerabilidad y dolor. 

Se los dice alguien que ya pasó por eso. ¿Qué estamos haciendo cuando compartimos el video y las fotografías de la agresión a mujeres trans como Paola Suárez y Nicté Chávez? Estamos legitimando simbólicamente la violencia. Estamos dando el mensaje implícito a otras personas trans que ese es su horizonte de vida. Que eso es lo que pueden esperar del mundo. 

Basta de alimentar el morbo cuando se trata de ataques o transfeminicidios

Sé que hay compañerxs activistas que intentan visibilizar los efectos físicos cuando una mujer trans es agredida, pero no podemos hacerlo a costa de la vulnerabilidad de otras vidas trans.

Difundir imágenes explícitas de quienes hemos sobrevivido violencias en nuestros cuerpos y rostros es contribuir a la capitalización de nuestro dolor. Es alimentar el morbo y la pornomiseria de nuestras historias.  

Paola Suárez, Nicté Chávez, Paola Buenrostro, Samantha Fonseca, yo misma. Todas hemos sido grabadas y fotografiadas. Quizás nosotras mismas nos grabamos como una forma de documentar el abuso y sobrevivir, pero nosotras somos muchos más que un rostro ensangrentado y lleno de hematomas. Somos más que una calle acordonada e impactos de arma de fuego. 

No entenderlo y seguir reproduciendo esas imágenes tiene un efecto simbólico y emocional, primero porque vulnera nuestra dignidad personal y expone nuestra identidad. A ninguna persona le gustaría verse expuesta de esa forma en internet. 

Y segundo porque manda un mensaje de desesperanza y necropolítica a toda la comunidad trans. Da el mensaje implícito a otras personas trans más jóvenes que esto es lo que les espera en la vida. Así que busquemos formas de cuidarnos colectivamente en lo digital sin revictimización de nuestras historias personales

Informa y comparte con ética y cuidado

Lo que sí podemos hacer es compartir con ética y cuidado la forma en cómo las amigas de Paola Suárez, Wendy Guevara y Kimberly Irene, han estado en todo momento con ella en su recuperación. También podemos difundir el trabajo de colectivas y organizaciones civiles que se movilizan en las calles y hacen un trabajo comunitario extraordinario todos los días

Porque mientras este país siga legitimando desde sus instituciones el odio hacían las personas trans las cosas no van a cambiar. Nuestras vidas permanecerán como cuerpos en disputa y sobrevivencia. 

Los legisladores, funcionarios y representantes no solo deben reparar el daño que han sembrado con sus palabras en la sociedad, deben generar estrategias de prevención de violencia a las mujeres trans. 

Este México transfeminicida nos debe justicia

Queremos justicias restaurativas en este país para las mujeres trans que no solo se enfoquen en crear tipos penales que castiguen y encarcelen. Porque las cárceles son racistas y paliativas, pero nunca un proyecto de reinserción social.

Ya hay protocolos de seguridad para casos que involucren la orientación sexual e identidad de género. Hay causal de agravantes por crímenes de odio y manuales para garantizar los derechos de las personas trans. Lo que no hay son medidas de prevención de la violencia y reparación para las mujeres trans sobrevivientes. Tan es así, que el máximo servidor público de este país puede salir a malgenerizar y no ocurre nada. 

Se trata en general de la ausencia de un proyecto de Estado que atienda las necesidades más urgentes de las personas trans para no ser asesinadas en sus casas, trabajos, localidades y contextos.

Basta de transfobia institucionalizada

A los defensores y defensoras de derechos humanos nos toca también construir éticas de cuidado colectivo donde pongamos al centro las necesidades de las víctimas y sobrevivientes, sin asumir ni tutelar su búsqueda por la justicia

Habrá sobrevivientes que quieran emprender ese viaje para la reparación del daño causado, y otras que no lo deseen. Cada decisión es válida y responde al genuino derecho que tenemos de protegernos en un país que legitima el odio hacia las mujeres trans a través de sus máximas instituciones y representantes. 

Ante esta transfobia institucionalizada no nos queda más que preguntarnos cómo podemos sostener y acompañar a las personas trans en vida.

¿Qué justicias merecen las mujeres trans con las que convivimos todos los días?

Y en esas preguntas todas las personas podemos cambiar la realidad de un país que legitima el odio hacia las identidades trans. La realidad de un México transfeminicida. 

Natalia Lane
Natalia Lane
Natalia Lane es comunicóloga y trabajadora sexual. Actualmente está en un proceso para lograr justicia y reparación en su intento de transfeminicidio en 2022. También forma parte de la Asamblea Consultiva del COPRED en la CDMX. 🌈

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