Conoce a Natalia Lane, activista trans y trabajadora sexual

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Natalia Lane se reivindica como «puta, travesti y callejera». / Foto: Facebook (Natalia Lane)

Natalia Lane es una activista trans y trabajadora sexual que aboga por el fortalecimiento de un feminismo comunitario y callejero.

«Me reivindico como puta, travesti y callejera», afirma Natalia Lane. Ella estudió Ciencias de la Comunicación y es defensora de derechos humanos. Actualmente, Natalia forma parte del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) y del Centro de Apoyo a las Identidades Trans.

Natalia Lane es comunicóloga de formación. / Foto: Facebook (Natalia Lane)

Natalia Lane ejerce el trabajo sexual independiente desde hace más de 10 años. Se rehusa a que su experiencia —al igual que la de sus compañeras— sea reducida a títulos académicos y discursos abolicionistas que poco —o nada— tienen que ver con la preservación de condiciones de vida dignas.

«Antes de ser comunicóloga y defensora de derechos humanos, debo decir que soy trabajadora sexual. Me reivindico como puta, travesti y callejera porque —históricamente— son conceptos que se han utilizado para hacernos sentir mal. Para hacernos sentir culpa y vergüenza. Pero darle la vuelta a esa narrativa es una forma de abandonar la tibieza».

La lucha está en las calles

En entrevista con Homosensual, Natalia expresa que «no está interesada en el feminismo blanco, cisexista y de escritorio». Está convencida de que la política se hace desde el espacio público. De hecho, esa es la premisa del proyecto del que es partícipe al lado de la Alianza Mexicana de Trabajadoras Sexuales (Amets), el Centro de Apoyo a Identidades Trans (CAIT) y Condomóvil A. C.

A través de Haciendo Calle, se apoya a trabajadoras sexuales de la tercera edad afectadas por la pandemia. / Foto: Twitter (@natalia_lane)

Haciendo Calle es un esfuerzo dedicado a las trabajadoras sexuales de la tercera edad que han sido afectadas por la pandemia de la COVID-19. La iniciativa no solo se basa en brindar insumos de subsistencia básica. También se imparten talleres sobre cómo levantar una denuncia ante el Ministerio Público y apelar a los servicios de salud.

«El feminismo que se hace desde la academia no llega a tener repercusiones con las compañeras de las calles. Ahí es donde se visibilizan las experiencias más reales de las mujeres diversas que somos. En la calle es donde están las hermanas».

Natalia nunca habla en singular. Considera que esa es una de las mayores trampas políticas. En cada una de sus palabras la acompañan sus compañeres de lucha: «las mujeres trans, las afrolatinas, los maricas racializados y las feministas comunitarias». Desde la perspectiva de Natalia Lane, en esto consiste la verdadera radicalidad:

«Acompañar a los sujetos políticos que han sido violentados históricamente. Pensar que todas las mujeres somos oprimidas por el simple hecho de ser mujeres es tener una perspectiva muy limitada. La radicalidad no se hermana con los sistemas violentos».

«El abolicionismo no ha salvado a nadie»: Natalia Lane

A lo largo de su trayectoria, Natalia Lane ha abogado por el reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales. Desde su perspectiva, tanto la postura abolicionista como el discurso transodiante han obstaculizado que las trabajadoras sexuales sean consideradas como sujetas políticas, pues «el debate no es si estás a favor o en contra del trabajo sexual».

«[La cuestión se centra en] si estás del lado de la protección de su integridad física y emocional o si estás del lado de la persecución, criminalización y clandestinidad».

Respecto al abolicionismo, Natalia Lane comenta que «además de invisibilizar otras formas de habitar el ser mujer», expone una perspectiva sesgada respecto al trabajo sexual. En principio, pierde de vista que «no solo las mujeres hacen uso de su capital erótico». También se encuentran presentes les compañeres de las disidencias sexogenéricas.

Asimismo, plantea una línea discursiva que privilegia y ordena «realidades corporales únicas». En este segundo punto, Natalia destaca que el abolicionismo y el discurso transodiante —a través del explícito punitivismo—niegan epistémica y políticamente la autonomía corporal. MIRA POR QUÉ EL DISCURSO TRANSFÓBICO ES EL VERDADERO CABALLO DE TROYA.

«Las posiciones transodiantes y abolicionistas se han vuelto las policías no solo del feminismo, sino del género, las corporeidades y las propias posibilidades de constituirse identitariamente».

Otro de los vacíos que Lane detecta en el abolicionismo es el eje narrativo de la explotación de los cuerpos, ya que esta «solo la ven en las mujeres trans trabajadoras sexuales».

«Jamás hablan de la explotación corporal de las trabajadoras domésticas, campesinas y compañeras obreras que se encuentran en condiciones paupérrimas».

Al igual que la activista argentina Georgina Orellano, considera que «el abolicionismo no ha salvado a nadie». CONOCE A BETINA, TRABAJADORA SEXUAL QUE SOBREVIVE COMO PEPENADORA DURANTE LA PANDEMIA.

«La zorroridad es lo que nos ha salvado»: Natalia Lane

Tanto el movimiento feminista como el de las disidencias sexogenéricas tienen una deuda histórica con las trabajadoras sexuales. Natalia considera que la denuncia central es que no se les ha reconocido bajo una agencia política. A su parecer, la «narrativa salvacionista y punitivista» se fusiona con un «pánico moralista» para despojarlas de su historicidad en la lucha por los derechos civiles.

«Sería imposible pensar en el matrimonio igualitario y las leyes de identidad de género sin las trabajadoras sexuales. No solo fueron las primeras en salir en Nueva York. También lo hicieron en los países de América Latina».

Natalia Lane en una marcha del 8M / Foto: Facebook (Natalia Lane)

Desde el punto de vista de Natalia Lane, la violencia epistémica contra las trabajadoras sexuales trans es otro de los factores que han obstaculizado el reconocimiento y la garantía de una vida digna. Las putas siempre han estado al frente. Según Natalia, «muchas de ellas son quienes encabezan el sustento familiar».

«Las trabajadoras sexuales también generan redes de autodefensa y autocuidado. Somos capaces de organizarnos para planear estrategias ante la violencia del Estado, las fuerzas públicas y los clientes. La zorroridad es lo que nos ha salvado».

«El borrado se encuentra en otro lado».

Según apunta Lane, el no reconocer la agencia y la capacidad de organización de las trabajadoras sexuales contribuye a «un verdadero borrado histórico». Esto se traduce a la impunidad en la que quedan los asesinatos. Por su trabajo, Natalia Lane revisa con frecuencia los informes de los organismos de derechos humanos. Ella señala que —de acuerdo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)— más del 50% de los asesinatos a personas LGBT+ son a mujeres trans. De ellas, al menos el 70% son trabajadoras sexuales.

«Cuando asesinan a una mujer, a una puta callejera, a una trans y a una travesti debería indignarnos. Dentro de la comunidad trans hay un sector con mayor precariedad y ese es el de las trabajadoras sexuales».

Para Natalia, la mayor evidencia del borrado histórico es que no hay ningún observatorio feminista que documente los feminicidios de mujeres trans y trabajadoras sexuales, también conocidos como transfeminicidios. Para ella, la conciencia de clase es una de las formas a través de las cuales los feminismos y los movimientos LGBT+ pueden comenzar a dar atención a esta deuda histórica.

«Nos ayuda a entender que las mujeres somos diversas y no tenemos las mismas canchas».

Cuando la CIDH habla de la expectativa de vida de las mujeres trans en América Latina —35 años— «se refiere a un perfil específico» y a una realidad que «no alcanzamos a nombrar». Desde el punto de vista Lane, es urgente que se «apele a diferentes esfuerzos colectivos», unos en los que también se abogue «por quienes están en las calles».

Natalia Lane cree en la potencialidad del feminismo comunitario. / Foto: Twitter (@Natalia_Lane)

¿Ya conocías el trabajo de Natalia Lane, activista trans y trabajadora sexual?

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