Conoce la historia de El Nueve, popular bar gay

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El Nueve, popular bar gay, es uno de los protagonistas en la historia de la vida nocturna en México. / Foto: Milenio

En los 70 surgió El Nueve, un bar que se convirtió en punto de encuentro del movimiento gay.

Indudablemente, hablar del emblemático bar gay El Nueve es darse un clavado a la historia de la vida nocturna en la Ciudad de México. Como lo hemos mencionado en otras ocasiones, la colonia Juárez fue destino de muchas familias de la burguesía. La instalación de servicios de alumbrado y drenaje permitieron que se convirtiera en un epicentro para el entretenimiento. Desde el siglo XX, los rincones de lo que ahora conocemos como la Zona Rosa albergaron establecimientos comerciales, cafeterías y centros de diversión. Uno de ellos fue El Nueve. CONOCE LA HISTORIA DE EL SAFARI, PRIMER BAR GAY DE MÉXICO.

Los inicios de El Nueve

En mayo de 1974, prestigiosas revistas dedicaron sus páginas al protagonista de la calle Londres: Le Neuf, restaurante propiedad de Giuliano Guirini. Además de su oferta gastronómica, este destacaba por la decoración del arquitecto Jorge Loyzaga. La apertura del lugar fue ostentosa. Según se documenta, asistieron al menos 1000 personas. Entre las primeras invitadas se encontraron la baronesa Franca Rosset de Sandre y la Señorita Argentina 1964, Viviana Corcuera.

Durante los meses siguientes, el propietario de Le Neuf fortaleció el deseo de hacer de su restaurante una parada obligada en la ciudad. Como parte de su estrategia, entabló lazos amistosos con los medios de comunicación para hacer circular sus retratos. Por obvias razones, él era la figura principal. No obstante, las fotografías empezaron a enfocar a otro personaje clave: Manuel Fernández (Manolo), quien en ese entonces ocupaba la gerencia del establecimiento y con quien Giuliano tenía una relación.

De restaurante a bar gay

A la par de la ruptura entre Giuliano y Manuel, la reputación del lugar empezó a ir en picada. La falta de innovación en la propuesta culinaria, las quejas por el servicio y el alto costo de la renta obligaron a una transformación. Así fue como el establecimiento pasó a manos de Óscar Calatayud, Guillermo Ocaña y Henri Donnadieu. Inicialmente, Calatayud, Ocaña y Fernández acordaron que Manuel Fernández recibiría el 50% de las ganancias.

La armonía de la inauguración se balanceó entre la controvertida presencia de Irma Serrano (alias La Tigresa) como invitada principal y los gritos de la policía que —al otro lado de la calle— impedían el acceso al inmueble. Desde entonces se le conoció como El Nueve, el bar gay más popular de la Ciudad de México (antes Distrito Federal).

Pese a la adopción de zonas de ligue y los primeros cimientos para la escritura de El vampiro de la colonia Roma, la rebelión contra la heteronorma no era aceptada. Lugares como El Nueve entraron en la categoría de lo clandestino. Tras salir de Europa, Henri Donnadieu vivió en el Hotel María Isabel, edificio famoso por su segundo piso que, al igual que los Sanborns, departamentos de Tlatelolco o la esquina de la calle Génova, era ‘inmoral’.

Henri Donnadieu y Las Kitsch Company / Foto: La Jornada

El fortalecimiento de la narrativa heteropatriarcal de los gobiernos priistas fue un terreno fértil para que las fuerzas policiacas exigieran dinero a cambio de la libertad o del derecho a estar en el clóset. El Nueve no solo ‘corrompía’ a las juventudes capitalinas, también ‘atentaba contra los valores’ de las y los residentes de Acapulco, donde se abrió una sucursal que fue rápidamente clausurada. Según expresó Henri, la identificación de drogas había sido un pretexto para el cierre del lugar.

¿Por qué causaba tanta incomodidad?

El número de clausuras de El Nueve es casi tan extenso como la lista de personalidades que lo visitaron. El establecimiento era cerrado cada 2 o 3 meses. Pero no lo consideraban un problema, pues siempre se encontraba la forma de ‘negociar’ (u know what I mean).

Para esas fechas, Óscar Calatayud tenía uno que otro contacto en la policía. Además, las y los jóvenes inspirados por la asistencia de Pita Amor, Sasha Montenegro, Carlos Monsiváis, la Maldita Vecindad o Atoxxxico tenían la opción de asistir a otros de los establecimientos a cargo de Calatayud. El D’Val —ubicado en la calle de Baja California— podía albergar a poco más de 300 personas. Ese fue el lugar en el que conocieron a Manuel Fernández.

Flyer en donde se anuncia toquín de la Maldita Vecindad en El Nueve (1987) / Foto: El Universal

Aunque no se cuenta con mucha información al respecto, se insinúa que la policía detenía a las personas de El Nueve por investigaciones a Guillermo Ocaña. En ese entonces resultaba una figura de interés por sus nexos con socios acusados de lavar dinero en España.

Más allá de las conflictivas trayectorias de sus dueños, El Nueve resultaba incómodo por ser sede de la creatividad de jóvenes que se apropiaban de la estética de Jubilee (1978), de Visage u otros representantes de los new romantics. Las y los asistentes eran una piedrita en el zapato de los oficiales y mandatarios que hacían de los roles de género una de las vías para legitimar sus políticas represivas. Esta es la historia que reviste la existencia de un nuevo lugar que continúa el legado: el 9 de Amberes.

Con información de Gatopardo, Reversos, El Financiero, Arquine y El Universal

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