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Esto implicaba ser LGBT+ en la década de los 70

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Ser LGBT+ durante la década de los 70 era plantar una lucha contra los sistemas represivos. Entérate de por qué.

Ser LGBT+ —comúnmente reducido a «ser gay»en la década de los 70 implicaba una serie de resistencias cotidianas. Al igual que en otros países de la región, en México las disidencias sexogenéricas se consideraban «una amenaza» para la consolidación y permanencia de gobiernos basados en «la moral y los valores».

Lo que se hablaba en los gabinetes

A pesar de ser responsables de la desaparición de más de 90 000 personas, los protagonistas de la Guerra Sucia eran también los que juraban «una protección de la familia tradicional». México no fue la excepción. Los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría (1964-1976) se alinearon discursivamente con la narrativa de las dictaduras del Cono Sur.

La existencia de la comunidad LGBT+ —que durante mucho tiempo se le conoció como lésbico-gay— además de ser descrita como «perversa y degenerada» era considerada «un intento de sabotaje de los comunistas». La construcción del enemigo interno se legitimó y robusteció durante los 70. Más tarde, se le aderezó con eufemismos sobre la democracia en la gestión de los gobiernos neoliberales. Que no nos sorprenda escuchar que —a la fecha— se sigue considerando que la lucha por nuestro derecho a una vida digna y libre de violencia «es una conspiración internacional para desestabilizar a México». Las resistencias LGBT+, feminista, afromexicana, estudiantil, campesina e indígena encabezaban una ‘agenda terrorista’.

Década de los 70 y ser LGBT+ en el seno familiar

Tal y como lo relata el escritor Fabrizio Mejía en el libro Esa luz que nos deslumbra, durante la década de los 70 «la gente no vivía como quería, sino como se debía». La aceptación y defensa de la normatividad institucional eran lo que caracterizaba a un ‘buen’ ciudadano, padre e hijo. Sí, todos en masculino porque recordemos que la figura del hombre era la única para los proyectos de Estado-nación.

En este punto es importante recordar que el sujeto merecedor de derechos no era el hombre en general, sino más bien aquel que representaba y fortalecía la masculinidad hegemónica. Para «estar cobijados por la misma bandera, amparados por las mismas leyes», hombres y mujeres —ajá, así en un sistema binario y cisgénero porque todo lo demás era ‘antinatural’— debían ser fieles a los proyectos gubernamentales.

Por supuesto, la idea de ‘la patria’ (whatever that shit means) se trasladaba a los entornos familiares. En su mayoría, la generación silenciosa y baby boomer educaba a sus hijes para ‘ser útiles’. Las pocas personas que tenían la oportunidad de matricularse en la universidad eran obligadas a ser ‘gente de bien’. A la escuela no se iba a ‘jotear, juntarse con degenerados o hacer amistad con machorras’. Ser marica o una inadaptada sexual y social «no te dejaba nada bueno».

Quienes se quedaban en casa tenían la obligación de aprender que el matrimonio era la unidad por excelencia para tener derecho a la —escasa o nula— asistencia social. Está de más decir que por matrimonio se entendía una unión entre hombre y mujer. Si la pareja tenía la bendición del Señor, qué mejor.

Irrupción pública y represión

Sin duda, ser LGBT+ en la década de los 70 tenía implicaciones en el espacio público. No todas las irrupciones se reconocieron —textualmente—como LGBT+ o lésbico-gays. En una entrevista con Vice, el cofundador del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR, 1978), Juan Jacobo Hernández, detalló lo siguiente:

«La primera vez que hubo homosexuales en la calle manifestándose no fue una marcha gay. Fue una marcha política por el décimo aniversario de la matanza de los estudiantes del 68».

Durante las décadas de los 60 y 70, gran parte de la comunidad LGBT+ abrazó demandas como la maternidad libre y elegida, la democratización de los medios de comunicación y la defensa de la educación pública. Ser LGBT+ también implicaba pronunciarse en contra de la militarización y la violencia policial en la matanza de Tlatelolco y el Halconazo.

movimiento estudiantil de 1968
Integrantes del movimiento estudiantil de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas / Foto: El Sol de México

Desde entonces, se problematizó la narrativa LGBTfóbica que sostenía al sistema carcelario. Por muchos años se denunciaron las violaciones a los derechos humanos en las llamadas ‘perreras’. De los encarcelamientos en Lecumberri surgió un gran interés para estudiar la violencia a través del lenguaje.

Al hablar de la represión por parte de las fuerzas públicas no podemos olvidar que la toma de las calles por parte de la comunidad LGBT+ también estuvo impulsada por las redadas, la extorsión y violencia sexual a las trabajadoras sexuales y los constantes casos de violencia transfeminicida.

Las semillas de la consigna «No hay libertad política si no hay libertad sexual».

Aunque no todas las manifestaciones públicas se etiquetaron bajo el paraguas LGBT+, es fundamental recordar que muches de quienes encabezaron el activismo de las últimas 3 décadas del siglo XX tuvieron una formación previa.

Algunes estuvieron presentes en la revuelta de Stonewall (tal fue el caso de Juan Jacobo Hernández). Asimismo, durante la segunda ola del feminismo las mujeres empezaron a dar visibilidad y potencialidad al lesbianismo político.

Si bien, como expresan Ari Vera y Lia García, las organizaciones por los derechos trans se constituyeron a partir de los 2000, la resistencia trans estuvo presente a largo del siglo XX. En los 70, algunas corrientes del feminismo ya cuestionaban la categoría universal de ‘mujer’. A su vez, las diversidades sexuales estaban entre las filas del movimiento sindical y urbano popular.

movimiento estudiantil 1968 lgbt+
Integrantes del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria participaron en la marcha del 2 de octubre de 1978. / Foto: Cultura Colectiva

Además de la ruptura heteropatriarcal que implicó Stonewall, el movimiento LGBT+ puso su mirada en la agitación social de los países de Centroamérica y el Cono Sur. Para 1975, la comunidad LGBT+ tenía muy presente que «necesitaban liberarse social y sexualmente de un sistema represivo». Por supuesto, las disciplinas artísticas —tanto académicas como callejeras— fueron permeadas por las implicaciones de ser LGBT+ en la década de los 70. Como ejemplo podemos mencionar el manifiesto Contra la práctica del ciudadano como botín policiaco.

A lo largo de los últimos 25 años del siglo XX, identificarse como parte de las disidencias sexogenéricas implicó estar presente en las discusiones que abogaban por una mayor democratización del movimiento. La radicalidad y emancipación de la lucha LGBT+ necesitaba ser antirracista, anticapacitista, anticolonial y anticapitalista. En esas andamos.

¿Por qué otras razones dirías que ser LGBT+ durante la década de los 70 era una resistencia cotidiana? ¿Qué implicó ser gay en ese periodo?

Con información de El Universal, Vice, Esa luz que nos deslumbra (2018) y Revista de Estudios Sociológicos (2011)

Ana Flores
latinoameric(ana). fronteriza incendiaria, libre y mía. ella / she / her. as goth as the rainbow. Alérgica a los mariscos y —sobre todo— a este (cis)tema heteropatriarcal.
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