VIH

Así reaccionó mi mamá cuando salí del clóset del VIH

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La respuesta de mi mamá me dejó sin palabras. / Foto: Pável Gaona

Salir del clóset del VIH puede generarnos temor, sobre todo con personas que amamos tanto como nuestra mamá.

Hace cinco años que salí del clóset del VIH y mi mamá fue de las primeras personas en enterarse. En mi caso, no tuve la oportunidad de decirle, pues fue la premura de la urgencia y la realidad misma la que se me adelantó.

Primero un poco de contexto: mi mamá se enteró de que vivo con VIH cuando ya estaba en fase sida. Y no se enteró por mí, fueron los médicos del hospital donde me atendía los que le comunicaron la noticia.

«Ahora lo que me importa es que vivas»: mi mamá

Entre las cuatro paredes del pabellón de infectología de ese hospital, el proceso de salida del clóset del VIH con mi mamá fue un poco a la inversa de como lo esperaba. Ella me lo dijo a mí. «Ya supe lo de tu diagnóstico», expresó tratando de contener las lágrimas.

Al verla a punto de romper en llanto, las primeras palabras que treparon por mi garganta fueron: «Perdóname por decepcionarte, no quería que te enteraras de esa manera». Cabe aclarar que yo tampoco lo sabía desde hace mucho. De hecho, un par de días antes yo lo había descubierto.

Estando ya en fase sida, lo primero era la urgencia de hospitalizarme debido a que presentaba un cuadro de neumonía bastante complicado. Todo pasó tan rápido que no tuve tiempo de elegir las palabras ni las situaciones correctas. MIRA CÓMO ESTA PINTA SACÓ DEL CLÓSET A UNA PERSONA QUE VIVE CON VIH.

En el hospital, mi mamá me dijo:

«Ahora lo que me importa es que vivas. Tú nunca me vas a decepcionar. Lo único que me decepcionaría es que dejaras de luchar, porque todavía tienes mucho por vivir».

Una lección de entereza y amor

Que mi mamá no me haya recriminado por mi diagnóstico reactivo es algo que hasta el día de hoy agradezco. En un momento en que sentía que me abandonaban la fuerza y la esperanza, no había espacio para reproches o regaños y ella lo sabía bien.

Sus palabras me quitaron el sentimiento de vergüenza que me embargaba. Un par de días antes, cuando el doctor me dijo que mi resultado era reactivo, no dejaba de pensarme como alguien «tonto» o «descuidado». ENTÉRATE DE SI DEBES MENCIONAR TU ESTATUS DE VIH EN REDES DE LIGUE.

Lo que me dijo mi mamá en ese momento, cuando la vida me sacó del clóset del VIH, fue hermoso: lo importante era vivir. Con su amor me enseñó que la vida sigue. Y que un resultado reactivo nunca será motivo para dejar de sostener la mano de alguien que amamos.

El amor de una madre es incondicional. / Foto: Pinterest

Una impresionante disposición por aprender

Una de las cosas que más me impresionó cuando salí del clóset del VIH con mi mamá fue su enorme disposición por aprender. Igual que cuando salí del clóset de mi orientación sexual, esta vez ella también se esforzó por entender y utilizar la terminología y no usar palabras estigmatizantes.

Dejó de decir ‘contagiar’ y ahora dice ‘transmitir’. Sabe que mi esposo y yo somos una pareja serodiscordante y qué significan términos como ‘carga viral’. También sabe que VIH no es igual a sida. Y eso ha sido muy importante porque, gracias a los antirretrovirales, dejé atrás la fase sida y hoy soy una persona que vive con VIH.

También aprendió algo que me llena de orgullo: que indetectable es igual a intransmisible. Y que, aunque mi esposo y yo somos una pareja serodiscordante, la posibilidad de que yo le transmita el virus es nula, pues estoy bajo tratamiento. CONOCE LA EXPERIENCIA DE ESTAS PAREJAS SERODISCORDANTES.

Desde el primer momento en que salí del clóset del VIH con mi mamá, ella me enseñó que no hay edad para aprender cuando se tiene disposición.

Hoy en mi familia se habla de VIH abiertamente

Otra cosa que me sorprendió gratamente cuando salí del clóset del VIH con mi mamá es que ella nunca se avergonzó. Yo provengo de una familia numerosa. Todos mis tíos y primos saben que vivo con el virus y ya no es un tema que se esconda o sea tabú.

Paremos los estigmas por VIH. / Foto: La Nación

De la misma forma en que vivo abiertamente mi orientación sexual e invité a mi familia cuando me casé con otro hombre, hablamos de VIH sin problemas. Esto es especialmente valioso: quitar la carga del estigma y hablar del virus sin culpas o moralidad.

Sé que esto es un privilegio y que es la excepción. Ojalá un buen día ni el clóset por orientación sexual y ni el clóset del VIH sean necesarios, como ya no lo son con mi mamá. También deseo que esto sea algo que viva todo el mundo. Merecemos ser amados y felices.

¿Qué te pareció esta historia? Si vives con VIH, ¿ya saliste del clóset con tu mamá? ¿Cómo lo viviste tú?

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