Personas LGBTQ+ comparten historias de abuso policial

Los usuarios tomaron Twitter para protestar en contra del abuso policial. / Foto: Animal Político

Varios usuarios han tomado Twitter para hablar del abuso policial que han sufrido, muchas veces solo por ser personas LGBTQ+.

Varias historias de abuso policial han inundado Twitter en los últimos días, y la comunidad LGBTQ+ también ha compartido varios testimonios al respecto.

En Homosensual nos dimos a la tarea de recopilar algunas historias de personas LGBTQ+ que han sufrido de discriminación policial y que han sido parte del abuso sistemático con el que operan los elementos judiciales.

«Se le va a ver bien a tu hijo».

Aldo estaba nervioso, era la primera vez que besaría a su ligue de la prepa. Habían ido al cine y ahora caminaban curioseando por la plaza, buscando un lugar ideal para terminar su primera cita. Ambos tenían pena, así que con mucha cautela caminaron hacia una parte del estacionamiento por la que no circulaban muchos autos.

Ya instalados, se dieron un tierno beso. Por desgracia, un policía había atestiguado su ‘acto de amor’ y les gritó desde el otro lado de la acera: «¡Quédense ahí!».

El policía los acusó de alterar la vía pública y amenazó con llamar a una patrulla para llevárselos detenidos. Según él, había visto claramente cómo ambos habían orinado en la vía púbica. Aunque trataron de explicarle que ese no era el caso, el policía continuó su abuso y los calló a gritos. Insistió que orinar en la vía pública era un delito.

Los pequeños se morían de miedo, hasta que el policía les informó que podían llegar a un acuerdo. Sacaron sus carteras y entre los dos juntaron $70 pesos. Se acercaron al policía y le mostraron lo que tenían, el judicial rápidamente volteó a ver hacia una cámara y gritó: «No, no, guarden eso».

Acto seguido, los llevó más lejos, donde sí quiso examinar el soborno de los chicos, pero de inmediato les respondió: «No es suficiente». Varios elementos policiales ya se había acercado a respaldar a su compañero, entre todos rodearon a los jóvenes y obligaron al ligue de Aldo a quitarse la chamarra. También le pidieron su teléfono celular y más dinero. «Se le va a ver bien a tu hijo», dijo uno.  Los policías se retiraron, no sin antes advertirles que si seguían haciendo esas cosas, se los llevarían detenidos. Aldo jamás ha vuelto a poner un pie en esa plaza.

«Deja de correr o te meto un plomazo».

Otra historia de abuso policial contra una persona de la población LGBTQ+ es la de Mar. Ella recorría las calles de la colonia Roma en compañía de su pareja y una amiga. Pegaban carteles con engrudo para promover una exposición de arte feminista en el que llevaban ya tiempo involucradas. Era una de las primeras veces que ponía carteles en las paredes, por lo que estaba algo nerviosa.

De pronto, a lo lejos escuchó la sirena de una patrulla e instintivamente sintió miedo, pues sabía que podía tener problemas con la ley por lo que estaba haciendo. De inmediato, su amiga emprendió la huída, y como ella era la de más experiencia, Mar corrió tras ella.

No llevaba ni un minuto corriendo, cuando justo detrás suyo escuchó: «Deja de correr o te meto un plomazo». Paró en seco. Lentamente se dio la vuelta y lo que encontró la aterró como nada antes. Frente a ella, un elemento de la policía sostenía su arma a menos de un metro de su pecho, mirándola directo a los ojos.

A empujones y jalones la llevó hasta una patrulla, donde su amiga y su novia ya habían sido detenidas. En menos de 5 minutos, varias patrullas se aglomeraron en el lugar, incluida una camioneta con más elementos policiales. El oficial a cargo se acercó a ellas y les preguntó qué había pasado. Mar y sus compañeras le explicaron que solo estaban pegando carteles con engrudo, así que con una seña las dejaron libres con la advertencia de que no continuaran haciéndolo.

Aún hoy, Mar se pregunta qué hubiera pasado si se hubiera movido, aunque sea un centímetro, cuando la policía la amenazó, pues quizá no habría sobrevivido para contar su historia de abuso.

«Estás aquí porque tenemos una foto tuya».

Édgar venía del cine con su novio, lo había llevado a casa en su coche pues ya era tarde y el transporte público no era opción para llegar hasta Naucalpan. Llegaron, se estacionaron frente al portón de su casa y se dieron algunos besos de despedida.

Estaban a punto de salir del auto, cuando un policía los abordó y los cuestionó sobre sus actividades dentro del automóvil. Sin siquiera escuchar explicación alguna, el judicial los comenzó a amenazar, argumentando que los había visto teniendo sexo oral y que tenía en su poder una foto que lo demostraba.

Édgar le pidió a su novio que entrara a su casa y que él arreglaría las cosas. Sin embargo, el policía no se lo permitió. En ese momento otras 7 patrullas llegaron al lugar y entre golpes y jaloneos los bajaron del vehículo y los subieron a una patrulla.

Sin darse cuenta, minutos después ya estaban en el Ministerio Público. Nadie los recibió, nadie les leyó nada, no firmaron nada, solo los metieron a una celda. Édgar pidió registrar las tarjetas de crédito que tenía en su cartera, pero la abogada en turno le aseguró que nada se le perdería, que ahí no eran rateros. «¿Ah, no? Pues estamos aquí…», no pudo terminar la oración, pues tajantemente le contestaron: «Estás aquí porque tenemos una foto tuya».

Al entrar, los otros detenidos los amenazaron con «romperles la madre» y durante 5 horas permanecieron en un miedo constante y sin información alguna sobre cuál sería su destino esa noche. 

De pronto los sacaron de la celda y les informaron que ya podían irse. La mamá de su novio había pagado por debajo de la mesa una cantidad para que los soltaran. Édgar jamás vio la supuesta fotografía que lo incriminó. Claramente este fue otro caso de abuso policial en contra de una persona LGBTQ+.

¿Conoces otras historias de abuso policial contra personas LGBTQ+?