VIH

Víctor Manuel León Ríos: La importancia de redes de apoyo cuando vives con VIH

Víctor Manuel León Ríos / Foto: Especial

En 2019, Víctor Manuel León Ríos enfrentó un caso de discriminación laboral por vivir con VIH. Su denuncia lo volvió visible en la labor de acompañamiento a este sector de la población en CDMX.

«Si no hubiera tenido una red de apoyo, estoy seguro de que ahorita no estarías hablando conmigo» son las palabras con las que Víctor Manuel León Ríos da apertura a su historia como un joven LGBT+ que vive con VIH.

Al igual que su familia, es originario de Oaxaca. Creció en el seno de una familia apegada a la comunidad zapoteca. Para continuar con su formación académica —soñaba con compartir el trabajo al lado de una tripulación aérea— se mudó a CDMX.

Cuando empacó sus cosas y se despidió de su abuela para mudarse a la capital con su hermano sabía que su lugar estaba en las nubes. Incluso en lo más alto, su idea nunca fue ser visible. Pero el destino le hizo emprender otra dirección de vuelo: se convirtió en acompañante y refugio de quienes reciben un resultado reactivo en su prueba de VIH.

Él estuvo ahí. Sintió miedo de conocer su estatus e imaginó una infinidad de preguntas y respuestas que tendrían las y los integrantes de su familia al saber que, desde 2018, tendría que acceder a un tratamiento antirretroviral.

Entre todas esas posibilidades, Víctor Manuel tiene grabadas las palabras de su madre y padre: «La frente en alto ante todo lo que venga». Nunca estuvo solo. El amor no solo fue el hilvanado que lo suturó a su familia. También lo hizo a amistades y hasta a desconocidos que, de primer momento, le recordaron que «no iba a morir». MIRA LA HISTORIA DE CHARLIE DOS VECES LÓPEZ, QUIEN SE CONVIRTIÓ EN FUNCIONARIO DESPUÉS DE ENCONTRARSE EN FASE SIDA.

El recuerdo de cómo recibió su diagnóstico

Víctor Manuel León Ríos se enteró de sus resultados vía correo electrónico. Al abrir el mensaje supo que debía comunicarse con una especialista. Tomó el teléfono y preguntó por una doctora cuyo apellido no recuerda, pero está convencido de su nombre de pila: Monserrat. Le confirmó lo que la sensación le advertía al recibir la notificación: Víctor Manuel León Ríos formaba parte de la población que vive con VIH.

Era 21 de diciembre de 2018. Mientras esperaba a que su hermano contestara la llamada, hizo un repaso de los motivos que lo llevaron a hacerse una prueba de detección. No era la primera vez.

Desde su departamento en CDMX, Víctor Manuel expresa a Homosensual que «tenía una vida sexual muy activa desde muy joven». Calcula que empezó a tener relaciones sexuales a los 18 años.

Además, estaba involucrado en una relación sexoafectiva en la que «había muchos tipos de violencia». En entrevista, el joven puntualiza que una de ellas era «la infidelidad». Por tanto, estaba acostumbrado a «hacerse análisis de manera periódica».

Lo único diferente de esa ocasión fue que la cita le llegó antes. Tuvo que ver con motivos laborales. En abril de 2018, Manuel León se hizo una prueba de VIH. Salió no reactiva. Sin embargo, meses después aplicó para un trabajo en Estados Unidos.

De manera consensuada, se le solicitó un informe sobre su estado serológico. La empresa le aseguró que el resultado —fuera reactivo o no reactivo— no estaría ligado a las posibilidades de competir por el puesto. Según le informaron antes y después de sus análisis, en la compañía «había varias personas que vivían con VIH».

Aun así, tras colgar la llamada con la especialista, Víctor Manuel tenía otras preguntas rumiantes. La primera tuvo que ver con la cuestión económica. La segunda con la labor informativa.

Con relación a lo monetario, lo primero que hizo fue cotizar los lugares en los que la prueba Western Blot (es decir: el análisis de una proteína específica en la sangre) tuviera un precio menor a $5,700. «Aunque vivía en CDMX dependía de mi papá y mamá en muchos aspectos», manifiesta.

Al tener el antecedente del precio del estudio de confirmación, Víctor Manuel empezó a especular sobre cuánto dinero necesitaba para el tratamiento. Había escuchado sobre la Clínica Condesa. El VIH era, relativamente, un tema cercano a él. Tenía conocidos que llevaban a cabo su vida con normalidad y en casa «siempre se le dio la información necesaria». ESTOS SON 7 DATOS PARA PERDERLE EL MIEDO A LA PRUEBA RÁPIDA DE VIH.

El miedo a la prueba de VIH

Así como gran parte de la población, Víctor Manuel vivía con cierta «concepción serofóbica». Incluso cuenta que era una preocupación constante al momento de tener contacto sexual. Al recordar el porqué, menciona la escuela.

Desde su perspectiva, parte de la cultura de la prevención del VIH se basa en el pánico y el rechazo a esta ITS y, por supuesto, a quienes viven con ella. Además, considera que funge como estrategia para criminalizar la sexualidad:

«La concepción que tenía sobre el VIH era este constructo social que escuchamos de nuestros papás, la música, los programas de televisión y, principalmente, la escuela. Es ahí donde nos dicen: “¡Ten miedo al VIH para que lo rechaces y no disfrutes de tu sexualidad! El VIH es lo peor que te puede pasar”».

Bajo esta conceptualización, son comprensibles las razones por las que Víctor Manuel León Ríos trazaba múltiples imaginarios sobre la reacción de su familia al enterarse de que vivía con VIH.

Sumado a esto, en ese entonces su madre y padre no estaban del todo de acuerdo con su relación. «Mi temor era que iban a buscar un culpable», explica el joven de ahora 25 años. La primera persona en saberlo fue su hermano.

Acto seguido, lo platicó con su mamá y papá. Aunque hubo ciertos momentos ásperos en la conversación, llegaron al mismo punto: «Pase lo que pase, tienes una familia que te ama».

Por el lado de su expareja, Víctor Manuel cuenta que en esos momentos estaban «en un break». Sin embargo, su novio lo escuchó con empatía. Las cosas marcharon bien por un tiempo. Luego cambiaron, pero no precisamente por el VIH.

«Le hablé y, a los pocos días, nos vimos en el Zócalo de CDMX. En ese momento me hizo sentir acompañado y entendido».

«Ha sido muy bonita la interacción con las personas de la comunidad»: Víctor Manuel León Ríos, joven que brinda acompañamiento a la población que vive con VIH

Poco después de que Víctor Manuel León Ríos hablara con su familia sobre su diagnóstico de VIH, su abuela falleció. Para darle una despedida digna, Víctor Manuel visitó San Bartolomé Zoogocho, municipio de Oaxaca en el que crecieron su madre y abuela. Por eso siempre se reconoce su ascendencia zapoteca.

No titubea al decirlo. Víctor Manuel sentía cierto temor al presentarse como quien es: un joven de la diversidad sexual que vive con VIH. No obstante, el escenario que planteó en su cabeza fue totalmente distinto. Su comunidad lo recibió y escuchó.

Por lo que se comentaba entre las y los integrantes de este asentamiento zapoteca, Víctor Manuel se enteró de que «personas adultas y jóvenes tienen conciencia del trabajo que hace». Además de sentirse abrazado por el lugar que vio crecer a sus generaciones más cercanas, la red de apoyo de Víctor Manuel se fortaleció con personas que ha admirado toda la vida.

Una de ellas fue Odilia Romero Hernández, activista zapoteca por los derechos de los pueblos indígenas y las personas migrantes. Incluso en alguna ocasión le agradeció por su apertura y por recordar que «el VIH es un tema que nos atraviesa a todos».

Al tener claro que «la interacción con su comunidad era una de las cosas más bonitas», cortó sus raíces y las plantó en otros espacios. Así como toda flor a punto de alcanzar su esplendor, algunos pétalos se fueron marchitando.

Víctor Manuel no consideró este periodo como una pérdida. Al contrario, le ayudó a saber quiénes estaban dispuestos/as/es a ser una de las semillas de su cosecha esperanzadora. Contaba con el respeto y cariño de su comunidad, pero la capital le dejó claro que también podría ser un campo de cultivo fértil.  Al respecto comenta:

«Claro que en ese periodo el destino quitó a muchas personas que me restaban energía, pero lo más importante es que acercó a gente maravillosa con la que he podido relacionarme afectivamente y desde el trabajo».

Víctor Manuel León Ríos recibió apoyo de su comunidad y ahora comparte su ayuda con quien lo necesite. / Foto: Instagram (@vmanuelleon)

Su vida hoy en día

Con este escudo, en 2019 —luego de que denunció un trato serofóbico por parte del lugar en el que trabajaba, un hotel del Centro Histórico de Ciudad de México— Víctor Manuel León Ríos se dio cuenta de que su historia se desplegaba en otras personas.

Tan pronto hizo saber sobre la vulneración a su derecho a la privacidad, al trabajo y a oportunidades equitativas, lo empezaron a contactar de diferentes latitudes de la República Mexicana. Sabía que su resiliencia inspiraba a personas de Quintana Roo y Estado de México.

Fue así como rompió la idea de no querer ser visible. Quería fragmentarse en cada parte que lo hizo salir adelante. Pensó en su familia y en las amistades que lo apoyaron con una escucha sin prejuicios o en las personas que, en ese entonces, eran desconocidas y le brindaron la información necesaria para comenzar su tratamiento. CONOCE A AXEL BAUTISTA, EL ACTIVISTA QUE LOGRÓ APROPIARSE DEL VIH.

Él estuvo ahí. Y ahora él está para escuchar cuando se recibe el diagnóstico, llevar acompañamientos presenciales, surtir medicamentos antirretrovirales y levantar denuncias ante instancias como el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Víctor Manuel León Ríos es ese puente que ayuda que las personas que viven con VIH encuentren ese cruce del miedo a un existir común en un futuro esperanzador.

«Tengan todo el miedo que quieran. Pero no lo hagan solos, solas y soles. Creo en las redes de apoyo. Y no es que necesites a 100 personas. A veces solo necesitas a una persona. Siempre habremos personas que queramos estar con ustedes».

¿Ya conocías a Víctor Manuel León Ríos, joven que vive con VIH y acompaña a este sector de la población?