VIH

Kenya Cuevas: Activista que vive con VIH y construye comunidad

La activista Kenya Cuevas / Foto: Especial

Kenya Cytlaly Cuevas Fuentes, activista y directora de la asociación civil Casa de las Muñecas Tiresias, vive con VIH desde los 13 años. En 2021, la revista Forbes la reconoció como una de las 100 mujeres más poderosas de nuestro país.

La historia de la activista Kenya Cuevas (Ciudad de México, 1973) se desdobla en las batallas de sectores que, como las de la población que vive con VIH, apuestan por la justicia restaurativa en México. Desde distintas latitudes de la región, las personas que se dedican a la defensa de los derechos humanos cobijan fragmentos del coraje de la también fundadora de la Casa Hogar Paola Buenrostro.

La resiliencia de Kenya está atravesada y segmentada por relatos con los que se ha reconciliado como «una mujer realizada». Medios de comunicación, amistades y desconocidos hemos hecho de todo para hallar las palabras para describir su fuerza y entrega.

En un intento de nombrarla, se le han otorgado medallas y menciones honoríficas. Sin embargo, ella es la única que ha encontrado un sustantivo para englobar lo que representa para quienes pelean por un país menos hostil.

Antes que activista, Kenya Cuevas es «constructora». Edifica a partir de polos que, de primer momento, parecen irreconciliables: el dolor y la felicidad. Pero este no siempre es el punto de partida. Y ella, una de las mujeres más poderosas de México, lo sabe. MIRA POR QUÉ KENYA CUEVAS ES RECONOCIDA COMO CONSTRUCTORA DE HOGARES.

Kenya también fue incluida en la lista de las 100 mujeres más poderosas de México de la revista Forbes. / Foto: Congreso de CDMX

Su historia

Kenya Cytlaly Cuevas Fuentes es una mujer trans que vive con VIH desde la pubertad. Su biografía está compuesta por episodios que la suturan a gran parte de la población trans en México.

Nació en un hogar cercano al Metro Oceanía. Al crecer en un entorno familiar violento, huyó de casa. Tenía 9 años. A la par de la incertidumbre propia de la adolescencia, Kenya empezó su transición.

Inscrita en un contexto en el que aún no se hablaba de los derechos de las juventudes trans, estuvo en situación de calle y en consumo de sustancias. A su vez, empezó a ejercer el trabajo sexual. En ese entonces, también estaba en un hospital psiquiátrico.

A Kenya Cuevas no le dio tiempo de asimilar lo que implicaba recibir un diagnóstico de VIH. «Sin duda, fue difícil», expresa en entrevista con Homosensual. «Pero era una niña y no entendía la magnitud de lo que estaba pasando. Tampoco le presté mucha atención porque no estaba informada», sostiene.

La población con VIH tiene derecho a acceder a un tratamiento de manera digna

En paralelo a enterarse de que vivía con VIH, Kenya salió del hospital psiquiátrico y regresó a las calles. Fue ahí en donde empezó a cuestionarse al respecto. No obstante, las interrogantes no la conectaron con el activismo.

Las raíces de ese espíritu constructor comenzaron a esparcirse cuando, tras ser culpada por un delito del que presumió su inocencia, fue privada de su libertad. Aunque Kenya Cuevas vive con VIH desde los 13 años, fue hasta su llegada al Centro de Reinserción Social Santa Martha Acatitla que fue consciente de los contextos de vulnerabilidad en los que se encuentra este sector de la población.

Denuncia que, al menos, vio «morir a 200 personas». El deceso de sus compañeras fue una de las situaciones que le hicieron entender que no solo se trataba de que las personas que viven con VIH accedieran al tratamiento, sino que lo hicieran bajo el principio de dignidad.

Según cuenta, en el penal se les «utilizaba como conejillos de Indias» para dar el visto bueno a las farmacéuticas. Ante esta situación, Kenya Cuevas empezó a reconocerse como una activista que brinda distintos tipos de acompañamiento a quienes viven con VIH y en contextos de privación de la libertad. Al respecto, comenta:

«Lo fuerte fue cuando estuve en prisión. Y, en realidad, fue el momento en el que supe que debía brindar acompañamiento. Vi a muchas personas ya en fase terminal, así que asumí la responsabilidad de buscar información para ayudar. Se puede decir que me profesionalicé».

(Auto)cuidados y procesos de reconciliación

Al salir de Santa Martha, Kenya volvió al trabajo sexual. En ese momento estaba casada. Su regreso a las calles no fue como en la adolescencia. Tenía la certeza de que debía hacer de sus amigas y compañeras un sector prioritario en la prevención y el acceso al tratamiento del VIH.

Su rol como «aliada» no solo consistía en apoyarlas con información accesible y sin prejuicios. También hacía de su casa un espacio en el que entre todas «pudieran construir comunidad».

El abrazar y sentirse abrazada por las demás hizo que Kenya Cuevas se reconciliara con su diagnóstico de VIH «de una forma más amable». El saberse parte de la vida de otras personas a través de los cuidados la ayudó a dejar las drogas. Llama a este periodo «su trance».

Casa de las Muñecas Tiresias: un lugar al que pueden acudir mujeres trans que viven con VIH

Si bien las cosas marchaban favorablemente, en 2016 la activista pasó por una pérdida personal que, además de fragmentarla emocionalmente, puso en riesgo su integridad física.

El 30 de septiembre presenció el asesinato de su mejor amiga en la avenida México-Tenochtitlan. Desde la agresión con arma de fuego a Paola Buenrostro hasta los años previos a la disculpa por parte de la Fiscalía General de Justicia de CDMX, Kenya atravesó por constantes a las que se enfrentan las víctimas secundarias de transfeminicidio en nuestro país: trabas y prácticas transfóbicas desde el entramado institucional.

Kenya Cuevas sosteniendo fotografía de Paola Buenrostro / Foto: Reforma

Sumado a la omisión de las autoridades, la defensora de derechos humanos fue agredida física y psicológicamente. Le llegó una amenaza de muerte y, posteriormente, unos sujetos la atacaron con una navaja.

Mientras la activista solicitaba el mecanismo de protección de derechos humanos y periodistas, hacía del trabajo comunitario el pilar para poner en pie un proyecto que sería el refugio de mujeres trans, trabajadoras sexuales y personas que viven con VIH.

En nombre y memoria de Paola Buenrostro, Kenya se aferró a la resiliencia de las calles y, en compañía y apoyo de otras mujeres constructoras, abrió las puertas de la Casa de las Muñecas Tiresias. Tiempo después, creó un hogar del que su mejor amiga se sentiría orgullosa.

Al día de hoy, Kenya Cuevas asegura haber encontrado el «sentido de su vida». Suele visitar los penales para dar seguimiento a la acción conjunta que tuvo con la Clínica Condesa. Lucha para que las personas privadas de su libertad que viven con VIH tengan acceso a un tratamiento seguro y en condiciones de dignidad.

Aunque ya no se dedica al trabajo sexual, no deja de organizarse con sus compañeras. Kenya y sus cómplices hacen posible que muchas de ellas puedan tomar sus medicamentos y, así, tener una mejor calidad de vida. CONOCE MÁS DE LA LABOR DE CASA DE LAS MUÑECAS TIRESIAS.

«Ahora soy una buena aliada que puede apoyar en su entorno y la sociedad en general»: Kenya Cuevas

El acercamiento con este grupo de la población no solo es a través de los insumos. Kenya Cuevas tiene claro que los procesos de reconciliación con el diagnóstico del VIH no son iguales para todas. Convence que «los grupos de apoyo son seguros», pero «el trabajo personal es doloroso». Al momento de reflexionar el porqué, piensa en su propia historia.

«Son duelos que penetran de una manera muy profunda. Las personas no tenemos la misma recepción al dolor, ni las mismas herramientas para afrontarlo».

Por ello, gran parte de las acciones de la Casa de las Muñecas Tiresias están dirigidas «a dar información real de cómo se viven los procesos que acompañan al VIH». Desde su perspectiva, la justicia restaurativa en esta lucha está ligada a «establecer una buena relación con la sociedad». «Solo así es posible comunicar y educar», afirma.

Considera que aún hay muchos cabos sueltos en la defensa de los derechos humanos de las personas que viven con VIH, pero se muestra entusiasta de los avances que están logrando los sectores jóvenes. Sabe que, para algunas personas, el hablar públicamente de su estado serológico sigue siendo una batalla, «pero también hay mucha gente que ya lo hace».

Entre todo el carnaval lingüístico con el que se podría describir a Kenya Cuevas, ella es la única que sigue teniendo las palabras adecuadas. Es una constructora que vive con VIH y que continúa dejando huellas por el ansiado y urgente camino a la justicia.

Le gusta describirse como «una mujer que no piensa parar». Sabe que su convocatoria apela a mucha gente que lucha por la dignidad como un bien común. Por eso, Kenya Cuevas subraya que el activismo es tan diverso como los relatos que nos entrecruzan.

«Es una felicidad llegar a casa, suspirar y saber que hiciste lo correcto. Esto es lo que vine a hacer en esta vida. El hecho de que entregues el sentido de tu vida a ayudar fortalece tu alma y espíritu».

¿Ya conocías a Kenya Cuevas, activista y referente de la justicia social que vive con VIH?