¿Generación de cristal? Por qué no debemos tolerar la intolerancia

No porque no podemos tolerar la intolerancia somos una 'generación de cristal'.

Quizá has oído hablar de la ‘generación de cristal’. Te explicamos de dónde viene este término y por qué no podemos tolerar la intolerancia.

Desde hace poco tiempo, ha habido una mordaz crítica hacia la generación millennial, llamándola ‘generación de cristal’ por su fragilidad, o ‘generación mazapán’, por ese dulce que apenas tocarlo se rompe en pedazos. ¿Y todo esto por qué? Por ser una generación que a decir de muchos, «se ofende fácilmente». Pero ¿es verdad que somos una generación más débil respecto a las otras?

¿De dónde salió el término ‘generación de cristal’?

La generación millennial ha crecido en medio de un mundo donde se están rompiendo paradigmas y narrativas que antes simplemente se daban por sentadas respecto a muchos asuntos. Por ejemplo: el machismo, la homofobia, el racismo, el clasismo, etc. Gracias a movimientos como el #MeToo, ahora somos conscientes de que el acoso y la cosificación a la mujer que tanto habíamos normalizado, en realidad son una forma grave de violencia.

Los millennials o ‘generación de cristal’ para muchos, vivimos en una época en la que se están rompiendo muchos paradigmas.

Igualmente importantes han sido otros movimientos como el #BlackLivesMatter. Esta ola crítica que ha puesto de manifiesto que incluso en países que están cimentados en una población multicultural y que se ha nutrido de la presencia y el trabajo valioso de inmigrantes (hablando del caso particular Estados Unidos), aún hay una enorme cantidad de actos racistas que se traducen en deserción escolar, falta de oportunidades, brutalidad policiaca, entre muchas otras. 

Justo en este contexto la generación millennial se ha atrevido a cuestionar fuertemente lo que antes nos parecía cotidiano. Ha usado su voz para expresar que no podemos seguir tolerando la intolerancia. Dentro de estos cuestionamientos, incluso nos hemos comenzado a preguntar acerca de la carga ideológica que conlleva el humor. 

¿Los «delicaditos»?

«Es que ya no se puede hacer chistes de nada», claman los que le llaman ‘generación de cristal’ a las personas que piden frenar estas violencias. «Ya van a empezar los delicaditos». Son frases que se escuchan una y otra vez, como queriendo ridiculizar a quienes expresan su desacuerdo ante la propagación de chistes que se cimentan en el escarnio de sectores históricamente vulnerados. Pero ¿realmente somos ‘delicados’?

El que muchas personas hayamos decidido decirle ‘no’ a la validación de la violencia, no nos vuelve ‘delicados’. Aún más: la generación millennial lejos de ser delicada, está hundida en situaciones límite heredadas por generaciones anteriores y está haciendo gala de su fuerza para mantenerse a flote. Estamos ante un desastre ecológico inminente debido a la sobreexplotación de los recursos naturales. El ritmo de depredación del planeta es simplemente insostenible.

La forma en que los países conducen sus políticas económicas tampoco ayuda. La privatización de sectores que antes formaban parte del estado, ahora dependen de particulares. La educación pública se ve cada vez más amenazada y el sector salud está encaminándose a ser un lujo que solo pueden darse quienes tienen el dinero para costearlo.

¿Quién sería la verdadera ‘generación de cristal’?

No es gratuito que en las redes circulen tantos memes de «Mi papá a mi edad: con carro, dos hijos, pensando en comprarse su segunda casa. Yo: emocionándome porque me sobró dinero de la quincena para comprarme papitas». La precarización laboral es real. Pagar por cosas que antes eran públicas, es real. A pesar de que los esfuerzos de décadas de lucha y activismo están rindiendo frutos, la discriminación por orientación sexual o por expresión de género son reales y continúan lastimándonos.  ¿Delicados? ¡Estamos demostrando una fuerza sin precedentes!

Tal vez la verdadera generación frágil es la que se queja de ya no poder discriminar a sus anchas. A la que un beso entre dos mujeres o dos hombres le parece ofensivo. La que cree que la mal llamada ‘ideología de género’ está destruyendo los valores y se desgarra las vestiduras ante el avance de políticas que únicamente buscan equidad para la sociedad en su conjunto.

¿Debemos tolerar al intolerante? La jurisprudencia actual y la paradoja de Karl Popper

Muchas son las voces que utilizan el término ‘libertad de expresión’ para emitir discursos de odio. Y cuando se les hace ver que discriminar o llamar a la violencia no es un derecho, se amparan en esta supuesta garantía ciudadana. Pero ¿qué dice la ley? ¿Se puede ser abiertamente racista, clasista u homofóbico impunemente?

¿’Libertad de expresión’ significa que uno puede ser racista u homofóbico abiertamente?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación fijó una postura en 2013, a través del Semanario Judicial de la Federación:

«Los discursos de odio van más allá de la mera expresión de una idea o una opinión y, por el contrario, resultan una acción expresiva finalista que genera un clima de discriminación y violencia hacia las víctimas entre el público receptor, creando espacios de impunidad para las conductas violentas».

Claramente estos discursos, como bien lo enuncia el párrafo anterior, son mucho más que meras ‘expresiones’. Son vehículos ideológicos que pueden desembocar en actos de odio (como los crímenes por homo/lesbo/bi y transfobia) y no pueden ni deben ser tolerados. Luego entonces, aunque algunos así lo sostengan, NO pueden ampararse en la libertad de expresión.

Karl Popper, filósofo austriaco, reflexionó sobre esto y acuñó su famosa ‘paradoja de la tolerancia’:

«Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes».

Así que, al menos desde el punto de vista jurídico y filosófico, no, la intolerancia no debe ser tolerada. Si alguien usa la carta de la libertad de expresión para discriminar y encima de eso llama ‘delicados’, ‘mazapanes’ o ‘generación de cristal’ a quienes los señalan por ello, están llevando el discurso hacia el lado incorrecto.

Los discursos de odio e intolerancia no son ‘libertad de expresión’.

Por fortuna, cada vez hay más personas que no están dispuestas a tolerar los discursos de odio. Y aunque sean llamadas ‘frágiles’ por algunos —especialmente por los conservadores que quisieran que nada cambie—, sabemos que cuentan con la fuerza que les da su claridad de análisis y la fidelidad a sus convicciones. 

¿Tú ya sabías de dónde salió el término? ¡Cuéntanos qué opinas al respecto!

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