Queercore: el punk no es heterosexual ni LGBTfóbico

Te platicamos la historia del queercore. / Foto: All City Canvas

Te contamos la historia del queercore, respuesta artística y disidente de la comunidad LGBT+ desde la música y el punk.

Antes de que el punk fuera totalmente contaminado con sistemas de opresión como la heteronorma y la misoginia, gays, trans, lesbianas, bisexuales, queers y personas gender fluid reclamaron y conquistaron sus espacios en la música y gráfica urbana al estruendo del queercore.

El queercore es un movimiento que, si lo pensamos cronológicamente, comenzó en la década de los 80. Sin embargo, la resistencia sexodisidente siempre encontró la forma de hacerse espacio de entre quienes escuchaban en primera fila a Sex Pistols y Black Flag, pero al salir les insultaban y agredían.

Porque sí: en el punk había personas, bandas y artistas que gritaban «fuck the system» mientras replicaban la retórica de que —supuestamente— mujeres y diversidades sexogenéricas no podíamos componer canciones, estar al frente de una banda o subir a un escenario a leer poesía contestataria. CONOCE EL PASADO PUNK DE RUPAUL.

Del homocore al queercore

Así como la popularidad de los cassettes de Dead Kennedys, Youth Of Today y Minor Threat, el hartazgo ante la homofobia, bifobia, transfobia, lesbofobia, misoginia, clasismo y racismo dentro y fuera de la escena ‘under’ se esparció por todos lados. El queercore no solo fue una patada para quienes desde el punk sostenían los mandatos de masculinidad (comúnmente llamados «macho punks»). Por el lado de lo mainstream, no todos los sectores de la comunidad LGBT+ eran de lo más amigables.

El rechazo por ambas partes colocó a les jóvenes diverses y desobedientes en un punto medio. Algunes pusieron su mirada en lo que hoy en día se conoce como el epicentro del queercore: la ciudad de Toronto. Otres fundaron clubs en sus propias comunidades. Disfrutaban de la escena y música punk en sus territorios, pero mantenían una postura crítica.

Al igual que otros movimientos culturales, el queercore atravesó por una fase de replanteamiento. Se puede decir que esta llegó de manera temprana. Inicialmente, la contrarrespuesta a los discursos y las prácticas violentas dentro del punk no se llamó queercore. El primer nombre de estas comunidades —que también se describían como «manadas de lobxs»— fue homocore.

Sin embargo, para 1985 las chicas que amaban a otras mujeres y les jóvenes que no reducían su existencia al binarismo de género señalaron que existían resistencias específicas. Ahí estaba la resistencia marica. Pero en el plano también se escuchaba la furia de las ‘camioneras’, bichas, travas y personas que, sin querer etiquetarse, se presentaban como sexodisidentes.

Las lesbianas fueron clave en el queercore. / Foto: Tumblr (@rat-king-in-red)

Particularidades

Para quienes creían en las promesas del punk desde la filosofía queercore, el establecimiento de normas de vestimenta o de logos no fue un requisito. A muches le parecía absurdo que, así como se hacía en el club Blitz, se exigiera un estándar de cómo debías lucir. Para elles solo había una premisa: «¡Queremos ser un circo, no una iglesia!». Según G.B. Jones —artista, cineasta y referente del queercore— se trataba de «estética, glamour, estrellato y libertad». En otras palabras:

«Todas las cosas que se podían usar como oposición al Estado».

Aunque el queercore estalló como respuesta a la LGBTfobia en la escena del punk, este fue su punto de partida. Bandas, artistas, poetas, ilustradores y fotógrafes tenían más cercanía con el ámbito del cine experimental y postpunk que con la cultura del ballroom.

Exponentes

El queercore adoptó y crio a su propia música punk. Bailaron, gritaron y se rebelaron al estrépito de Malaria!, Mania D., The Fifth Column, NIP Drivers, Zuzu’s Petals y Angry Samoans. Las consignas sobre el cansancio por vivir en sociedades puritanas, heteronormadas y cisexistas también eran un vaivén entre los sintetizadores de Gary Numan y las bandas de garage que tocaban en las universidades.

Las razones de su existir y resistir quedaron plasmadas en los múltiples manifiestos que formaron parte del fanzine Maximum RocknRoll. Con la llegada de los 90, el queercore ya no era una sola célula. Era tejido. El enlace de historias, experiencias y desobediencias se expresaba en el contrabando de las piezas de Vaginal Crème Davis y Pansy Division.

A esta última banda se le conoce como una de las precursoras en el periodo de internacionalización del queercore. Las culturas, así como las identidades, son híbridas. Como muestra de ello nos queda el éxito que tuvieron los temas “Undressed” y “Deflowered” en San Francisco, España, Italia y Reino Unido.

Mientras algunes chiques enloquecían por la gira de Pansy Division con Green Day, las morras no heterosexuales edificaban su propia vertiente del punk y la música del queercore en sí mismo. A este sonido se le catalogó como dykecore. CONOCE EL DOCUMENTAL UNA BANDA DE CHICAS.

¿Ya habías escuchado sobre el queercore, movimiento que combate la LGBTfobia en el punk desde la música?

Con información de Keep it simple, make it fast! An approach to underground music scenes