¿Cómo sobreviven los trabajadores de lugares de encuentro?

Foto: Time Out México

Homosensual conversó con algunos trabajadores de lugares de encuentro para averiguar cómo es que sobreviven durante la contingencia sanitaria. Esto nos contaron.

Algunos lugares de encuentro siguen abiertos, otros tantos cerraron y uno incluso trató de cobrar por sesiones de cibersexo, ¿pero cómo sobreviven los trabajadores de estos sitios durante la pandemia?

El Catre, como afectuosamente lo llaman en el medio, tose un segundo y me explica por qué muchos de los lugares de encuentro en CDMX continúan con sus actividades a pesar del llamado que realizó el gobierno a cerrar establecimientos que no fueran de primera necesidad.

«Lo que la gente no entiende es que esto es un producto de primera necesidad».

El Catre lleva ya unos años siendo el encargado del marketing digital de muchos de estos lugares, los cuales promociona a través de diferentes cuentas en Twitter. Me comenta que por ahora se mantienen por fiestas privadas; 45 personas asistieron a la última.

Sin embargo, otros negocios sí decidieron cerrar sus puertas. ‘D’ lleva ya tres años con su establecimiento, y hace unos meses tomó la difícil decisión de cerrar. Por ahora él y sus trabajadores se mantienen gracias a la venta de poppers y sus ahorros. Las ganancias realmente se destinan al personal que trata de sacar una pequeña comisión por sus transacciones. Los gastos siguen corriendo: el gas, la luz y el agua no se detienen.

Foto: Tumblr

Con o sin clientes, el dinero corre por igual. Ya han tratado de implementar un plan para reabrir el mes de junio; solo lo harán dos días a la semana, con un cupo limitado y un registro online previo para poder asistir. Todas las medidas parecen pocas en una carrera entre la seguridad de la población y la estabilidad económica. Ninguna gana.

Transmisiones y fiestas virtuales

Otros intentaron fiestas virtuales por Zoom, sin mucho éxito. Uno menos popular realizó una transmisión en vivo a través de Twitter, con un tibio recibimiento y muy pocas ganancias. Está claro que la pandemia ha cambiado nuestros hábitos sexuales. No obstante, ¿qué es lo que se espera de nosotros? ¿Que nos adaptemos o que le sigamos?

¿Preocupados o solo mochos?

El Catre insiste en que no solo es una cuestión de salud pública. Si bien su maestría en Negocios le permite hablar de porcentajes de desempleo y estadísticas económicas fatalistas, persiste en que el corazón del problema se encuentra en la discriminación.

«Yo no veo a nadie criticando a las oficinas de Salinas Pliego o preguntándose si los clubs swingers heterosexuales continúan abiertos. Lo único que veo es gente escandalizada porque vivimos el sexo como queremos […] Aunque la comunidad es muy amplia, no es mayoría. A los ojos de esta mayoría, la minoría sigue siendo depravada».

Lo que solemos olvidar es que estos lugares de encuentro viven en la clandestinidad. No son parte efectiva de la sociedad y, como tal, es complicado exigir que sean responsables con ella.

En 2016, varios chicos denunciaron en redes sociales al dueño de uno de estos establecimientos por acoso. No obstante, nada ocurrió con ello. El señor continúa con sus actividades normales y nada le ha impedido continuar con su abuso de poder. ¿Cómo exigir ley en donde no existe ni aplica?

Al final, las circunstancias son estas

Édgar es un asistente regular en lugares de encuentro. Sin embargo, desde que comenzó la pandemia ha tenido mucho cuidado con sus actividades. Suspendió todos sus encuentros sexuales casuales y permanece escéptico ante aquellos que pretenden poner sus intereses económicos por sobre los de la pandemia.

«Si lo vamos a politizar y decir que los maricones odiamos a la sociedad y seguir en orgías es nuestra forma de intentar acabar con ella, me late. Es más, me sumo. Pero si vamos a pretender tener un lugar en ella, entonces sí es una mamada».

Una cuenta de Twitter usó el #NostalgiaDeLaCarne para abordar el tema. De acuerdo con él, «los lugares de encuentro son una oportunidad para reconocer nuestros límites, debilidades hartazgos, vicios, patrones y expectativas; igual fortalezas, disertaciones y compromisos personales».

Los lugares de encuentro ya no son un glory hole en un baño ni el último vagón del metro. Son una máquina, gente come de ella y a cambio los trabajadores las hacen funcionar. Las circunstancias los han transformado. ¿En qué? Esa es la pregunta.

¿Cómo crees tú que deberían actuar los trabajadores de lugares de encuentro frente a la pandemia?

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