Ser bisexual y salir del clóset cuando tienes pareja

Existen algunos prejuicios en torno a las personas bisexuales que dificultan su salida del clóset cuando tienen pareja.

Aceptarse como bisexual y salir del clóset puede ser un proceso complicado para hombres y mujeres que se encuentran en una relación.

Las personas que deciden salir del clóset y aceptar su orientación bisexual mientras mantienen una relación —ya sea con alguien de su mismo sexo o del sexo opuesto— no solo se exponen a los prejuicios de familiares, amigos o compañeros de trabajo. Además, ponen a prueba la estabilidad de su relación y las convicciones de su pareja.

Por lo general, cuando alguien sale del clóset se enfrenta al rechazo o la intolerancia de ciertas personas. Pero al mismo tiempo, definirse como lesbiana, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti, intersexual o queer significa identificarse como parte de una comunidad —la LGBTTTIQA+— en la que se espera encontrar tolerancia, respeto y aceptación. 

El amor no distingue entre género o sexo

No obstante, en el caso de las personas bisexuales, no siempre es así…

Ser bisexual y salir del clóset expone a quienes asumen esta orientación frente a prejuicios, creencias y tabús arraigados dentro de la propia comunidad LGBT+. Por ejemplo, que «la bisexualidad no existe», que «los bisexuales en realidad son gays o lesbianas confundidos», o que se trata de «heterosexuales en proceso de experimentación».

Mujer sosteniendo la bandera del Orgullo bisexual

Salir del clóset mientras se tiene pareja

Una situación que comúnmente enfrentan los bisexuales es que las personas en su entorno tratan de definirlos en función de su pareja del momento. Si están saliendo con alguien del sexo opuesto, los consideran heterosexuales. Y si salen con alguien de su mismo sexo, los etiquetan como gays o lesbianas. Pocos reconocen que existe una orientación que se define por su atracción hacia ambos sexos.

Además, otro estereotipo en torno a las personas bisexuales es el de la promiscuidad. Se piensa que porque alguien se siente atraído tanto por hombres como por mujeres tiende a tener múltiples relaciones de forma simultánea.

Sin embargo, muchos bisexuales optan por relaciones monógamas e incluso pueden decidirse a salir del clóset cuando tienen una pareja estable. Ese es el caso de Bere, quien descubrió su bisexualidad desde la infancia:

«Sentía fascinación por personajes femeninos en series y películas. Sabía apreciar la belleza física de todos, sin importar si eran hombres o mujeres. Ahora sé que era atracción, que era mi bisexualidad».

Luego, como adolescente, sintió atracción por sus amigas y sus compañeras de escuela:

«Primero era como una admiración hacia ellas por su apariencia. Las veía y creía que eran superbonitas. Pero después hubo experiencias con algunas de ellas que me hicieron darme cuenta de que había una atracción real».

Tras aceptar su atracción hacia las mujeres, Bere investigó en internet. Tomó un test online —el de la escala de Kinsey— cuyo resultado le indicaba que era «bisexual igualmente atraída hacia hombres y mujeres». Fue entonces cuando decidió decírselo al chico con quien salía. Pero la respuesta no fue la esperada:

«Me dijo que lo mío era por desmadre, que estaba siendo inmadura, y que si quería seguir con él tenía que madurar».    

Test sobre bisexualidad de la escala de Kinsey

En ese momento, el rechazo de su novio provocó que Bere decidiera no revelar su bisexualidad a nadie más. Pero en una relación posterior, las cosas fueron distintas.

Bere empezó a salir con otro chico. Al principio, tampoco le habló de su bisexualidad, aunque nunca reprimió el impulso de comunicarle cuando una chica le parecía atractiva. Eventualmente, decidió decirle al nuevo chico que se identificaba como bi. Hoy, cuatro años después, mantiene una relación estable con él, y también se unió a un círculo de personas LGBT+ que aceptan su orientación.

Clóset masculino

De acuerdo con la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de género (Endosig) 2018, elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el porcentaje de hombres que se identifican como bisexuales en México es significativamente menor al de mujeres que se identifican como bisexuales.

En esta encuesta, cuya colaboración fue voluntaria a través de internet, participaron 12 331 personas que forman parte de la comunidad LGBT+. De esa cantidad, el 16 por ciento fueron mujeres bi, y solo el 6.9 por ciento fueron hombres que se identificaron como bisexuales.

Además, al ser cuestionados por su sentimiento hacia su orientación sexual, los hombres bi fueron quienes respondieron con mayor frecuencia que «preferirían que nadie se enterara» (18.3 por ciento) o que de plano «no se aceptan del todo» (8.6 por ciento). Esto podría ser indicador de una mayor resistencia del hombre bisexual a salir del clóset. En el caso de Édgar, el proceso tardó casi 20 años. 

Imagen ilustrativa sobre bisexualidad masculina

Durante su infancia, Edgar tuvo un acercamiento afectivo con un vecino:

«Lo mantuve en secreto, un poco por la edad y un poco porque no sabía de otros niños que se sintieran así. Pero finalmente eso marcó mi orientación sexual. Para esa época yo ya había vivido mi atracción por las niñas, pero desde muy chico supe que los niños también me agradaban».

En la etapa de la adolescencia, Édgar tuvo otros acercamientos con hombres, pero sus relaciones formales siempre fueron con mujeres. No fue sino hasta que su actual pareja le reveló que ella era bisexual cuando él decidió aceptarse también a sí mismo.

«Cuando Bere me dijo que ella era bisexual me pareció de lo más normal porque yo también sabía lo que era sentirse atraído por mujeres y hombres. También sabía que eso no implica que el sentimiento hacia la persona con la que se está sea menos genuino. Hasta ese momento, yo no me había declarado abiertamente bisexual. Pero el hecho de que ella fuera honesta conmigo me dio valor. Poco después, yo también salí del clóset».

Para Bere y Édgar, ser bisexual y salir del clóset es un acto que requiere conocerse a sí mismo y saber que la identidad la define uno mismo, no los demás con sus juicios externos.

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