Fabián Cháirez: las distintas pinceladas del ‘Zapata gay’

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Fabián Cháirez en su estudio / Foto: Orly Morgenstern (@olymorgen)

Para conocer la historia que reviste a obras como “La Revolución” (popularmente conocida como ‘Zapata gay’), “El éxtasis” y “La venida del Señor”, platicamos con el artista Fabián Cháirez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1987).

A finales de 2019, jóvenes, docentes, adultos y críticos (algunos medio cascarrabias y otros no tanto) hablaban de un ‘Zapata gay’, personaje cómplice de “La Revolución” del artista plástico Fabián Cháirez. Mientras puristas y homófobos exigían la remoción de la pintura, el Museo del Palacio de Bellas Artes resguardaba a públicos que, bajo una curiosidad que se cosecha hace años, tomaban prestada la mirada de Cháirez para leer y contar su propia historia.

«Es primordial que la gente conviva con la obra», sostiene el pintor en entrevista con Homosensual al momento de describirse como una persona a la que le apasiona la música y la danza. Su fascinación e inquietud por el movimiento han roto el imaginario que circunda a muchos artistas de su tierra natal: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

El ‘Zapata gay’ no ha sido el único lazarillo de Fabián Cháirez. Su revolución también ha estado orquestada por luchadores en corsé, monjas que disfrutan del elixir de un orgasmo femenino, mártires con tutús de margaritas y sacerdotes que, de forma no tan simbólica, piden a Adán morder el fruto prohibido.

¿Quién es Fabián Cháirez para las nuevas generaciones?

Por el momento, Fabián no busca ser profesor. No obstante, a kilómetros de su ahora domicilio en Ciudad de México hay jóvenes que aprenden de él. Prestar la mirada es una de las formas más disruptivas de la enseñanza. Chicos gay, morenos, racializados, travestis y chiapanecos leen las noticias de que las obras de Fabián Cháirez estuvieron al lado de las de Pablo Picasso, Ai Wei Wei y Robert Mapplethorpe y se dan cuenta de que hay un futuro para ellos.

Aún ven lejana una exposición en la Galería Mexican Arts Society (Londres) o en la colección CENSORED (España). Sin embargo, ya no guardan eterna fidelidad a la premisa que escuchó Fabián cuando era alumno de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach): «Las posibilidades y oportunidades para alguien que egresa de una licenciatura en Artes Visuales en Chiapas son muy pocas».

Detrás de cada chico «moreno, chiapaneco y amanerado» que espera ver el famoso ‘Zapata gay’ en su localidad se esconde un Fabián Cháirez que les pica las costillas a los puristas del arte y la sexualidad. Todavía piensa en qué fue lo que le hizo dedicarse de manera profesional a la pintura. Reflexiona si fue «el reto técnico» o la figura de su madre, quien era educadora.

Fabián Cháirez al lado de su pintura “La Revolución” / Foto: AP

Chiapas: cuna del arte de Fabián Cháirez

Fabián fue un niño que, a muy corta edad, plasmó en el lienzo el mundo al que aspiraba. Siempre fue muy hábil con las manos. Para él, cumplir los 12 años y «tener una calidad bastante considerable» en la pintura no fue sorpresivo. Y, en realidad, lo que secundó a su decisión por estudiar artes tampoco lo fue.

Como muchas otras juventudes LGBT+ que bailan, componen, pintan, diseñan y graban, Fabián creció rodeado por «situaciones de discriminación» por género, orientación sexual, sector socioeconómico o pertenencia a alguna comunidad indígena. «Presencié mucho machismo, sexismo, racismo y homofobia», relata.

Al llegar a la universidad, ya no solo tenía presente el don entre sus palmas. Chiapas y el propio contexto de precarización que asfixia a artistas y artesanos le hicieron entender que «en la pintura tenía la posibilidad de decir cosas».

Las obras de Fabián Cháirez responden a cierto proceso de teatralidad. Reúne distintas voces y las agrupa en un diálogo sensible y referente a la «iconografía mexicana». Sus protagonistas se eligen a sí mismos como el núcleo de una conversación sobre «las expresiones disidentes de género y cuerpos racializados».

Historias personales

Al pintar a un revolucionario en tacones y a un charro en distintas capas de maquillaje, el artista traza las posibles narrativas de su país. Pero también se boceta a sí mismo. Entre las pinceladas del ‘Zapata gay’ toman forma las palabras y expresiones de la familia de Fabián Cháirez al salir del clóset. «Influyó mucho en mi discurso», introduce.

«Lo reflexioné desde el hecho de que soy una persona homosexual, morena y que no cumplía con las exigencias sociales hacia un hombre».

Hablar abiertamente de su sexualidad con su familia fue un «proceso complejo». Al estar inscrita en una sociedad en la que la violencia fisura los tejidos, la familia del artista interiorizó el discurso fatalista sobre lo que implica ser una persona LGBT+. «No tenían muchos referentes positivos», expresa al momento en el que asume que también salió del clóset consigo mismo.

Para Fabián Cháirez, presentarse como un hombre gay vino acompañado de una «salida del clóset menos dramática»: la de nombrarse artista.

«Esos mismos cuestionamientos me hicieron afirmarme como persona. Al final, llegué a una afirmación positiva sobre ser un hombre amanerado, moreno, chiapaneco y de clase media-baja».

Agrietar la hegemonía artística

Ninguna revolución es sencilla. Las constantes amenazas de demanda hacia el artista son muestra de ello. Desde su estancia en las aulas, Fabián planeaba sus estrategias como si se tratara de una partida de buscaminas. El terreno a explorar no era precisamente el más acogedor. Así que decidió que sus vías de resistencia tampoco lo serían. Optó por la desacralización, ese acto rebelde que volvió absurdas e inservibles normativas sociales y estéticas.

“La venida del señor” / Foto: Instagram (@fabian_chairez)

La apuesta de Fabián Cháirez fue potente desde un principio. No solo tomó a las instituciones religiosas como el caballo de Troya. Empinó las espadas contra el arte mismo. La fe nunca estuvo a discusión, pues la considera «una característica implícita de los seres humanos». Sus objetivos tenían nombre: hipocresía y poder.

Para «retomar un lugar en la pintura» y «enriquecer la plástica», el artista supo que debía romper con la espacialidad legitimada desde las instituciones culturales. Es cierto: sus obras formaron parte del catálogo de museos y galerías. Sin embargo, tiene presente que esos no son ni los primeros ni únicos espacios en los que se reta a «la visión de hombres blancos cisgénero». ESTAS SON LAS OBRAS MÁS HOMOERÓTICAS DE FABIÁN CHÁIREZ.

Está en todos lados

Fabián Cháirez, su ‘Zapata gay’ y las historias de mujeres trans que revisten sus lienzos están en espacios que los cascarrabias del arte han rechazo por décadas: los antros y las propuestas museísticas que fungen de hogar para expresiones ‘no dignas’ de ser exhibidas.

Pero para Fabián Cháirez la desacralización de la hegemonía artística no solo tiene que ver con los lugares. Desde su perspectiva, la premisa de que «el arte debe estar en todas partes» se extiende hasta hacer que deje de ser una posibilidad lejana para las juventudes LGBT+. Ese es uno de los motivos que sostienen su programa de becas: no solo quiere ver su ‘Zapata gay’. Quiere conocer a las y los cómplices de la revolución de quienes, como él, pretenden hacer de su mirada los sueños de otras personas. CONOCE A ESTOS ARTISTAS Y COLECTIVOS MEXICANOS QUE HACEN ARTE LGBT+.

Recuerda que aquí puedes seguir el trabajo de Fabián.

También puedes escuchar otra entrevista que le hicimos:

Además del ‘Zapata gay’, ¿qué obra del artista Fabián Cháirez es tu favorita?

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