“Sostener tu mano”: Tazikart (México)

Imagen: Especial

El cuento “Sostener tu mano” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual.

Las luces de la ciudad se veían con claridad desde la azotea de su casa, que era actualmente la mejor sensación de libertad con la que contaba. Podía, incluso ahora, sentir alrededor de él toda la desesperación que la gente tenía oculta, aquella ansiedad que buscaban reprimir a toda costa, temerosos de causar más pánico. 

Samuel se encontraba de la misma manera mientras veía el firmamento, esperando una señal que le indicase que todo estaría bien, que pasaría, que pronto podría volver a sus clases y salir con sus amigos. Que en menos tiempo del que creía, estaría tomando una bebida caliente en su cafetería preferida, mientras veía a la gente pasar sin más preocupaciones que las habituales. 

Debería estar durmiendo, después de todo eran poco más de las tres de la mañana, pero simplemente se encontraba incapaz. Había tenido algunas pesadillas últimamente que, sumadas a su insomnio regular, le volvían cada vez más complicado dormir bien. Pero si lo pensaba, poco importaba la hora a la que durmiera o si no lo hacía en absoluto. Al menos, a él no le importaba. 

Su celular sonó, sacándolo de sus pensamientos para revisar el aparato. Sabía perfectamente de quién era el mensaje, pues casi nadie se encontraba despierto a esas horas. Le sorprendió un poco, pues creía que ya se había dormido. 

Sigues despierto??

Por mucho que intentase negarlo, una pequeña sonrisa se había asomado por sus labios. 

Sabes mejor que nadie que uno de mis talentos es desvelarme a lo bruto :), pero pensé que tú ya te habías dormido. 

No hay forma de que me duerma sabiendo que tú sigues ahí, sin preocuparte ni un poco por tu salud y tus horarios de sueño. 

Bien, no podía negar eso. Y en realidad, no es que le molestara su pequeño reclamo, aun cuando todo el asunto se le hacía bastante irreal. 

Álvaro, el chico con el que se encontraba hablando, era su excompañero de preparatoria y tenía meses de no verlo, aun cuando fue uno de sus mejores amigos en aquellos años. Habían tomado diferentes caminos para estudiar, principalmente él que se había mudado para poder asistir a una universidad que contara con la carrera que quería. 

Puedo dormir en cualquier momento del día, no es que tenga que ir a algún lado.

En realidad, pensé que te encontrarías cansado, con todo lo que has hecho en el día. 

No hace falta que te burles, ¿sabes? Te dije hace rato que hoy no he hecho nada además de hundirme en mi propia miseria. 

Y caminar por mi cabeza todo el día no te cansa?? 

Estaba sonrojado, lo sabía. Aun cuando sabía que ese tipo de frases eran un cliché, le hacían sonreír, porque nunca pensó que alguien se las fuese a decir. Y entonces ahí estaba el chico con el que había tenido un crush, intentando ligar con él en medio de la madrugada. 

Siento que hemos perdido demasiado tiempo. 

Y no mentía, ninguno de los dos había mencionado nada sobre la pequeña pero evidente atracción (misma de la que fueron ellos los últimos en enterarse) que sentían entre sí en sus años escolares. Y si lo pensaba detenidamente, no terminaba de entender por qué. Una amiga le había dicho hace unas semanas, cuando le contaba su situación actual, que en realidad todo su grupo esperaba el momento en que comenzaran a salir, pero simplemente no sucedió por pena y temores precipitados. 

Puede que eso sea verdad, pero… aún nos queda una vida, no es cierto? 

Era terriblemente cursi, justo como pensó que sería. Y le encantaba, porque sabía que no era así con nadie más. Porque no iba diciendo esas cosas por la vida a cualquiera. Porque sabía que las decía únicamente porque sabía que él sí era un cursi natural y porque recordaba perfectamente cómo era tomar su mano. 

¿Saldremos a algún lado, cuando esto termine? 

Cuando esto termine, te juro que volveré a tomar tu mano. 

Y de repente, ni la noche era tan oscura ni las luces tan lejanas. Podía sentir cómo el tiempo era más corto, porque aun si todo afuera parecía derrumbarse un poco más cada día, él podía aguantar un poco más. Se mantendría firme, a la espera de un poco de calma. Aun si dentro de unos días volvía a sentir cómo él mismo de desmoronaba por sus emociones, por estar atrapado en un espacio tan familiar, volvería a levantarse. 

Así que estaba bien si rompía un poco en el proceso. No tenía que ser perfecto. No tenía que ser ideal. No eran vacaciones. Pero terminaría y se volvería a armar, porque ya había esperado demasiado para sostener su mano. 

Se levantaría de nuevo y haría más cosas. Sonreiría más, hablaría más y saldría más, porque en realidad, ya había esperado demasiado tiempo para todo. 

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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