“La cara del espejo: Mexcal (México)

Imagen: Especial

“La cara del espejo” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual.

La corriente de aire era apenas perceptible a pesar de que las ventanas estuvieran abiertas en todo el departamento. 

—Siempre es lo mismo aquí —se decía—. Podría estar en la playa, de no ser por la cuarentena. 

Se levantó de la cama y encendió su ventilador para apaciguar el calor. Miró el espejo rápidamente, y luego desvió la mirada como si se avergonzara de verse. 

—Sería mejor que me concentrara en alguna otra cosa —comentaba mientras tapaba el espejo con una sábana. 

El sol poco a poco se iba ocultando dando paso a la noche, acompañada de cantos de cigarras y grillos que amenizaban aquella oscuridad. 

—Parece una buena hora —dijo mientras rebuscaba en uno de sus cajones—. ¿Dónde lo puse? —comentaba mientras fruncía el ceño. 

Finalmente encontró lo que buscaba: un encendedor y un porro, el cual acercó a su boca, lo encendió delicadamente y aspiró profundamente. Retuvo el humo un momento y después lo dejó escapar con suavidad. 

—De eso se trata —murmuró sonriente mientras subía el volumen de la música. 

La canción “Monument” inundaba la habitación, mientras movía su cabeza al ritmo de la misma. 

—¡Tss!— escuchó en mitad de su viaje. 

—¿Qué carajo? —preguntó entre risitas. 

De pronto, se escucharon unos golpes, similares a cuando se toca un cristal con los nudillos. Se asomó a la ventana, pensando que le estarían gastando una broma. 

—Nada, debe ser el trip

—¡Tss!— volvió a escuchar, seguido de unos golpes al cristal. 

Miró toda la habitación, y luego fijó la mirada en el espejo. 

—Debe ser una broma —dijo divertido. Se acercó y descubrió el espejo.

—¡No jodas! —gritó al ver su reflejo. 

¡Ugh! ¡Finalmente! Tenía tantas ganas de verte nuevamente. 

—¿Qué? 

Hace mucho que no nos vemos. 

—No estoy entendiendo nada, debe ser culpa del porro. 

Quizás, pero así podemos hablar sin pena— comentaba su reflejo a la par que se sentaba. 

—¿De qué hablas? ¿Quién eres? 

Pues soy tú, o sea, ¿quién más podría ser? 

—Pero… —tragó saliva—. Yo no me veo así. 

¡Claro que sí! 

—¡No! Es absurdo. 

¿Absurdo? Mejor dicho, liberador— le respondía sonriente. 

No podía dejar de ver su reflejo: sonriente, con brillantina en toda la cara y usando ropa femenina, ahí sentado frente a él. 

Este eres tú. ¿Por qué no te gusta? 

—¡No! Ya tengo suficiente siendo como soy. 

Pero así puedes ser más feliz. Deja de lado tus miedos y prejuicios creados por redes sociales. Todo eso es falso. ¡Sácame del armario! 

—¡No te quiero ver! —gritó mientras volvía a cubrir el espejo. 

A la mañana siguiente, se despertó y miró desconcertado el espejo; se acercó con timidez y lo descubrió lentamente, solo para encontrarse a sí mismo y una nota que leía: «No te olvides de quién eres».

Sacudió la cabeza y revisó uno de sus cajones para asegurarse de que todo seguía en su lugar. Y efectivamente, ahí al fondo del cajón, bajo los calcetines, estaban las mismas prendas que su reflejo había usado la noche anterior. 

¿Pero cómo? Esto no tiene sentido.  Sacó las prendas y después la cajita llena de brillantina. De manera involuntaria sonrió, y nuevamente se giró de frente al espejo.  Se fue quitando sus prendas, quedando únicamente en ropa interior. Sin quitar la mirada de su reflejo, vio su cuerpo detenidamente, los rollos de carne, los vellos en su cuerpo, su rostro confundido, como si ese cuerpo fuera otro al de siempre. 

Tomó valor y fue colocándose esas prendas que había sacado, un crop-top y una falda tableada. Se miró nuevamente y no pudo evitar sonreír. Se acercó y fue colocándose la brillantina torpemente por los párpados, nariz y pómulos. 

Ya te habías tardado un poco. 

—Entonces ¿Soy una mujer? 

Su reflejo negó suavemente con la cabeza y habló: 

No puedes ser una mujer si no te sientes como una

—¿Y entonces? 

Entonces puedes ser cualquier otra cosa. ¿Por qué seguir las reglas que siempre te han impuesto? 

—No entiendo nada. 

Mira, hay mil colores en el universo y nos hacen creer que simplemente hay dos combinaciones ¡cuando no es así! Tú puedes elegir tu propio color. 

—¿Cómo una caja de crayolas? 

Su reflejo soltó una carcajada. 

Es una metáfora, pero sí, puedes ser cualquier color de la caja de crayolas, incluso puedes combinarlas. 

El joven miró su espejo un largo rato y fue entendiendo a lo que se refería. Él podría tener barba, estar más llenito corporalmente y tener mucho más vello que otros, pero eso no significaba que debería seguir las reglas que la sociedad le imponía por su imagen.  Se acercó al espejo y lo abrazó cariñosamente. 

—Muchas gracias —le dijo a su reflejo mientras encendía la música y empezaba a moverse al ritmo de la misma. 

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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