“MOKA-19”: Yacob E. (México)

Imagen: Especial

El cuento “MOKA-19” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual. ¡Léelo aquí!

Tiempos complicados para todos. Había gente que creía y otra que no lo creía, pero un nuevo tipo de coronavirus llamado SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, se expandió rápido por el mundo entero.

En algunos países no lograron contener los contagios y los números de enfermos se elevaron a gran velocidad, al igual que las muertes. Al llegar a mi país, todos vimos cómo nuestras vidas se detenían y las personas que queríamos tener cerca las debíamos tener lejos. Fue entonces cuando chocamos con la realidad. Hubo personas que de no creer pasaron a caer en el pánico. Todo querían desinfectar y mantener limpio para no dar ninguna oportunidad a la enfermedad.

La cuarentena se volvió necesaria, pero no obligatoria. Al principio era algo incómodo el ambiente en casa, ya que mamá y yo no llevábamos una buena relación desde unos meses atrás. Así que decidí mantenerme el mayor tiempo posible en mi habitación. Nos cruzábamos en la cocina o en los pasillos pero no pasábamos de intercambiar unas cuantas palabras sobre la comida o la limpieza que tanto le obsesionaba. Decía que había leído cosas horribles en internet sobre los coronavirus y la COVID-19. Ciertamente el internet la había llenado un poco de paranoia, pero igual trataba de hacer lo mejor posible para que estuviese tranquila.

Una noche la escuché hablando por teléfono con papá. Él y mi hermano habían quedado sin poder regresar de un viaje. Mamá mencionaba no lograr encontrar tema de conversación conmigo y fue todo. Seguí hasta mi cuarto y cerré la puerta.

Extrañaba a Ben y hubiera querido que pasara esos momentos con nosotros para poder apoyarlo, pero mamá no aceptaba que fuera a nuestra casa. Era complicado el tema, así que cada noche yo lo llamaba para saber cómo estaba e intentar distraerlo un poco del trabajo. Apenas teníamos unos minutos hablando cuando mamá me llamó desde la sala. Colgué, con la promesa de que no tardaría en llamarle de nuevo. Y al bajar me encontré con mamá en la puerta recibiendo unas bolsas de un repartidor de comida.

—Mira, hijo. He pedido pastel de moka, tu favorito— dijo ella sonriendo y cerrando la puerta.

Y después de rociarle desinfectante al empaque, las bolsas y sus manos, puso la tablet sobre la mesa. Con un gesto me invitó a sentarme junto a ella. Lo dudé un segundo o dos, hasta que recordé que de pequeño ella siempre me llevaba una rebanada de pastel de moka cuando estaba triste o tenía miedo de ir a la escuela.

—He traído la tablet para que Ben nos acompañe por una videollamada— me dijo sonriendo—. Vamos, llámalo.

Fue algo extraño, pero de los mejores momentos que pudo haber otorgado la pandemia de COVID-19. Porque esa noche, por unos minutos, Ben y mamá no dejaron de hablar mientras yo solamente disfrutaba con las sonrisas de cada uno.

Esa fue la última noche que Ben pudo tomar unos minutos para descansar hasta que tuvo que volver al hospital, para desde entonces quedarse días y noches enteras a recibir y atender pacientes infectados por el virus. Todo ese tiempo mi mamá me calmaba diciendo que las cosas mejorarían pronto, que con guerreros como Ben no podría ser de otra forma.

Y así fue. Cuatro meses después de que terminó la pandemia, Ben y yo nos casamos rodeados de nuestras familias y amigos, todas las personas que queríamos juntas, sin miedo y con nuevas esperanzas al futuro. El mundo se sentía diferente, más vivo y más unido.

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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