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Así ocurrió mi despido del trabajo por estar en fase sida

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Vivir con VIH y haber llegado a fase sida le dio un vuelco tan tremendo a mi mundo que el despido del que fui objeto parecía aniquilar toda esperanza de seguir adelante.

Vivir con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y llegar a fase sida impactó en mi vida de muchas maneras, entre ellas un despido laboral que me perjudicó profundamente. Permíteme contarte esta anécdota íntima.

El año de 2014 fue uno de los más duros de mi vida. Me enteré de que vivía con VIH cuando este ya había provocado en mí el sida. Contaba con solo 18 células CD4 (se dice que una persona está en fase sida cuando cuenta con menos de 200).  El panorama no era nada alentador. Me comunicaron la noticia en una cama de hospital y las expectativas de recuperación eran casi nulas.

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Algunas personas se hacen pruebas de VIH de manera tardía, cuando la infección ya debilitó demasiado las defensas del cuerpo. / Foto: Diario Contraste

De no haber sido por la fabulosa labor de los médicos del sistema de salud pública, el apoyo de mis amigos y el amor de mi familia, hoy seguramente no estaría aquí. Una de las cosas con las que mi familia y amigos me ayudaron fue con la engorrosa tramitología. De un día para otro dejé de asistir a mi trabajo de oficina, así que para evitar que me despidieran mi madre tramitó mi incapacidad.

Contra todo pronóstico sobreviví. Perdí alrededor de 20 kilos y tenía el cuerpo cubierto lleno de llagas, pues no pude moverme de la cama del hospital por más de un mes donde estuve en coma inducido. Pero viví y eso era lo importante. Después de un tiempo en observación los médicos dijeron que podría ir a continuar mi convalecencia en casa.

Mi madre echó mano del dinero de su pensión y me rentó un generador de oxígeno. Yo lo necesitaba para seguir respirando, aún postrado en la cama. Poco a poco me iba recuperando, pero las recomendaciones eran las mismas: no reincorporarme a mis actividades labores mientras estuviera en fase sida. Cualquier enfermedad oportunista, por pequeña que fuera, podría devolverme al hospital o incluso causar mi muerte. Mi permiso por incapacidad se alargó.

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El tratamiento antirretroviral ayuda a que las personas salgan de fase sida. / Foto: Pinterest

La lucha por salir de la fase sida

Gradualmente fui dando esos pequeños pasos hacia la recuperación. Pude volver a levantarme de la cama, dejar de depender del generador de oxígeno e ir a solas al baño. Esas pequeñas cosas que solo se valoran cuando has estado en los trances más difíciles y oscuros. Gracias a los medicamentos antirretrovirales también había dejado de estar en fase sida. Me encontraba casi en el límite, pero ya estaba encima de los 200 CD4, que eran la meta para volver a laborar.

Me urgía volver a trabajar, sentirme útil otra vez, no depender ni física ni económicamente de una persona que ya había costeado mi manutención durante mis primeros años. Así que cuando el médico al fin me dijo que podía volver a trabajar, fue una de las mejores noticias que podía recibir. Tomé mi teléfono y le escribí a mi entonces jefa. «¡Ya tengo luz verde para regresar!», tecleé entusiasmado. Pero ellos tenían otros planes.

«Queremos informarte algo…»

Cuando al fin me presenté a mi trabajo me llamaron a Recursos Humanos. Me dijeron lo siguiente:

«Mira, no es tan sencillo reincorporarte. Necesitamos una carta de tu doctor que diga que ya estás apto para laborar. En cuanto nos la traigas, podrás volver a tu puesto».

En ese momento el requerimiento me pareció un poco extraño, pues que hubiera terminado mi incapacidad justo indicaba eso, que ya podía volver a trabajar. Sin embargo mi entusiasmo no menguó y acudí a mi médico, a quien le pareció un poco extraña la petición. No obstante, como ya después de tantas revisiones se había familiarizado conmigo, accedió a hacerme una pequeña carta. Regresé con ella a mi trabajo creyendo que al fin podría volver a trabajar.

En RR. HH. leyeron la carta mientras me hacían esperar en recepción. Yo no sabía por qué no me dejaban reincorporarme al trabajo si ya todo estaba en orden. Después de un rato, me llamaron. «Queremos informarte algo», fue lo que el director de RR. HH. dijo, con ese mismo tono sombrío que usa un novio que ya no te quiere y que usa para mandarte a volar.

«Mira, no tenemos ningún problema con tu trabajo, pero el caso es que como no sabíamos si ibas a regresar, pues contratamos a alguien más, así que ya no puedes regresar».

Algo así como el “no eres tú, soy yo”, pero en versión laboral.

El despido: por haber estado en fase sida

El mundo se me fue abajo. Mis esperanzas estaban puestas en volver a trabajar y regresar a mi vida normal. Resulta que, según me dijo mi abogada —a quien llamé enseguida— esa era una práctica ‘normal’. A veces en los trabajos piden ese documento no para reinstalarte en tu trabajo, sino para tener una constancia de que no te están despidiendo en caso de que estuvieras incapacitado, pues si lo hacen pueden meterse en graves problemas. Básicamente me engañaron diciéndome que querían el papel para que así pudiera volver a trabajar, cuando en realidad lo querían para tener la libertad de despedirme debido a que estuve durante varios meses lidiando con mi recuperación debido al sida.

«Podemos luchar y ponerles una demanda por esto», sugirió ella. Y aunque honestamente por un momento pasó por mi mente, decidí no hacerlo. Acababa de atravesar una de las fases más traumáticas de mi vida, de estar postrado en cama por meses y sin poder respirar o comer por mí mismo, como para ahora enfrascarme en una batalla legal que podía perder o ganar. Así que lo dejé por la paz y acepté mi finiquito.

El clóset es un lugar cerrado, frío y oscuro, pero es un lugar seguro

Cada que recuerdo cómo me desecharon de esa empresa por el hecho de ‘haberme atrevido a enfermarme’ me di cuenta de la triste realidad: para algunos corporativos no somos personas, sino un número más en la nómina. Pasé por un largo periodo de depresión hasta que volví a reencontrarme con mi pasión: escribir.

Hoy ya no recibo una quincena ni tengo una oficina en una empresa, pero tengo mis manos que cuentan historias y mi dignidad bien puesta. Aunque claro: sé que la mía es una situación de privilegio, que muchas personas afuera enfrentan realidades muy distintas, de explotación, de precariedad laborar y de miedo a expresar que viven con VIH. Esa es una de las razones por las que no critico a quienes están en el clóset del VIH: porque a pesar de que es un lugar oscuro, cerrado y frío, es un lugar seguro.

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«Para algunos corporativos no somos personas, sino un número más en la nómina»: Pável Gaona. / Foto: Noticieros Televisa

Ojalá un día dejen de existir prácticas laborales abusivas, como los exámenes de VIH para la contratación o despedidos por la misma razón. Por eso vale la pena seguir contando estas historias. Para que aquellas personas que viven con VIH tengan el valor que yo no tuve y peleen por sus derechos. También, para que las empresas se sensibilicen y dejen de comportarse como maquinarias rapaces. Y tengo fe en que así será. Quiero pensar que estamos caminando en el camino correcto y que un día el VIH dejará de ser una razón para vivir con miedo al rechazo, en cualquiera de los ámbitos de la vida diaria, entre ellos el laboral.

¿Has atravesado por un despido del trabajo por vivir con VIH o haber estado en fase sida? Cuéntanos en los comentarios.

Pável Gaona
Comunicólogo por formación, escritor por convicción y DJ de música kitsch por diversión. Vivo públicamente con VIH y he asumido como misión que otros también lo hagan con responsabilidad, información y sin ser discriminados. Apasionado defensor de las identidades trans.
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