3 cosas que aprendí teniendo un papá homofóbico

Tener un padre homofóbico puede llegar a ser un gran dolor. / Foto: Shutterstock

Soy gay y tengo un papá homofóbico. Nuestra historia ha sido larga, con mucho dolor y muchas lágrimas. Sin embargo, aprendí muchas cosas en el camino.

Antes de contarles todas las valiosas lecciones que aprendí teniendo un papá homofóbico, quisiera comenzar aclarando que esta no es una carta de odio. No le reclamo nada a mi padre, él tomó sus decisiones, yo tomé las mías.

Podría enlistar todas las cosas horribles que salieron de su boca el día que decidí dejar el clóset, o quizá debería contar las cosas horribles a las que me orilló por años. Pero no estoy aquí para sacarle más sangre a las heridas, sino para contar la historia de un padre y un hijo que sobreviven, aún, a pesar de la adversidad.

1. Mi papá no es un villano

Mi padre es la persona más amorosa que conozco y siempre ha estado ahí para mí, de una u otra forma. Por mucho tiempo mi papá fue mi mejor amigo, mi confidente y la persona más importante de mi vida. Si bien las cosas cambiaron drásticamente el día que decidí salir del clóset, no gano nada convirtiéndolo en el villano de mi vida.

Sí, él me lastimó como nadie jamás lo ha hecho. La herida aún duele, pero no vivo para que el dolor me derrumbe. Hemos tomado distancia el uno del otro, pero al final sé que nos amamos, porque yo soy su hijo y él mi padre y nada en el mundo jamás va a cambiar eso.

A pesar de las cosas malas, trato de recordarlo como ese excéntrico señor que me hizo llegar tres horas antes al concierto de Patti Smith solo para poder saludarla de mano. Saltando y brincando a cada momento, agitando la cabeza al ritmo de la guitarra, y repartiéndome sin cesar abrazas y besos en la frente por lo feliz que estaba.

2. Mis principios ante todo

Salí del clóset a los 23 años. Sin embargo, vivo como un hombre abiertamente gay desde los 15. ¿Por qué tardé tanto entonces? Simple: tenía tanto miedo de perderlo.

Por muchos años me involucré en elaboradas conspiraciones que hicieron creer a mi papá que yo era heterosexual.  Vivía una doble vida y todo el tiempo tenía que ser cauteloso de mis pasos. Mis mentiras se acumularon una tras otra, hasta dejarme envuelto en una red de engaños que ya ni yo mismo entendía. Sentía una culpa constante por defraudarlo y vivía en constante estrés sin poder ser feliz.

Pero un día me cansé y toda la falsedad ardió en llamas. De las cenizas nació un nuevo yo, uno que no tuvo miedo a hacer el sacrificio más grande de su vida: Ser yo mismo a pesar del desprecio de la persona que más quería.

Me dolió, me quemó por dentro, pero la satisfacción que hoy siento por vivir mi sexualidad con libertad es irreemplazable. Hoy puedo decir que vivo feliz, siendo yo mismos siempre y sin tener concesiones con nadie a quien no le agrade mi ser llenó de diamantina y punk.

3. Las cosas podrían nunca cambiar

Mi papá se siente decepcionado de mí. Está triste porque elegí seguir un estilo de vida completamente distinto al que él imaginó para mí. Aún hoy, los reclamos se mantienen constantes y las plegarias por no hablar de tema son cada vez más vigorosas.Pero no puedo hacer nada al respecto. No voy a esconder quien soy solo para hacer concesiones con él.

Ya han pasado varios años y nuestras posturas siguen siendo las mismas. Nada ha cambiado y probablemente nunca lo haga. Pero justo eso aprendí, a no vivir esperando a que las circunstancias sean distintas, porque quizá esa sea una espera que dure el resto de mis días.

Me encantaría poder tener una relación más cercana con mi padre, conseguir presentarle a mi novio y lograr entablar conversaciones con él sin terminar enojado. No obstante debo aceptar las cosas como son: mi papa es homofóbico y yo soy gay.

Es como en esa canción de Bronski Beat, en la que un chico se va de casa porque nunca encontrará el amor que está buscando en casa. Yo tuve que volar del nido, pero a pesar de la nostalgia, en el cielo hay un mundo entero para planear con libertad.

Tener un papá homofóbico es difícil. Perdí muchas cosas, pero aprendí otras tantas en pro de mi libertad.

Con información de Twitter.