5 insultos homofóbicos y lesbofóbicos que hemos resignificado

Marcha del Orgullo de 1979 en Ciudad de México / Foto: Jorge Acevedo

Con el paso del tiempo, la comunidad LGBT+ resignificó algunos adjetivos que surgieron como insultos homofóbicos y lesbofóbicos.

¿Sabías que muchos de los términos que las personas LGBT+ utilizan para identificarse surgieron como insultos homofóbicos o lesbofóbicos? ¿Conoces el origen de estas palabras?

De hecho, algunos de los insultos que se utilizan para referirse a gays y lesbianas datan del siglo XIX. Muchos todavía son empleados de forma despectiva por la población en general. Sin embargo, la comunidad LGBT+ los ha resignificado, apropiándose de ellos como símbolos de identidad, pertenencia y orgullo. A continuación dejamos algunos ejemplos:

1. Joto

La palabra joto es quizás el más célebre de los insultos homofóbicos que se utilizan en México. Su origen se remonta a finales del Siglo XIX, época en que la homosexualidad se consideraba un acto ‘contra natura’, una falta a la moral y a las buenas costumbres, por lo que se sancionaba con cárcel.

El término surgió debido a que los homosexuales detenidos bajo las disposiciones del Código Penal de 1871 eran recluidos en celda J de la la cárcel de Lecumberri. Su uso se popularizó luego de 1901, cuando los detenidos en el baile de los 41 también fueron enviados a la celda J.

Posteriormente, a finales de la década de los 70, algunos hombres gays resignificaron este insulto homofóbico y lo convirtieron en señal de orgullo. 

Letrero de luz de neón colocado al interior de un antro LGBT+ de CDMX/ Foto: Gramho

En la actualidad todavía hay quien utiliza la palabra joto como insulto. Sin embargo, dentro de la comunidad hay muchos hombres que se identifican a sí mismos como jotos.

2. Lencha

Además de los insultos homofóbicos, algunos lesbofóbicos también han sido resignificados. Tal es el caso de la palabra lencha. Aunque se desconoce su origen exacto, este término se usa popularmente para referirse a las lesbianas. 

La comunidad lésbica utiliza la palabra lencha como símbolo de identidad / Foto: Twitter @MarchaLencha

Empleada por heterosexuales, la palaba lencha puede tener una carga peyorativa. Pero dentro de la propia comunidad lésbica es una de las formas más comunes de identificarse. Por ejemplo: Marcha Lencha es una organización que se dedica a discutir, celebrar y visibilizar los distintos tipos de ‘lenchitudes’, demostrando que la palabra lencha puede ser sinónimo de orgullo y pertenencia.

3. Chacal

Además de los insultos homofóbicos, existen algunos términos que se utilizan dentro de la comunidad LGBT+ y que tienen un origen clasista y racista. Tal es el caso de la palabra chacal, que se refiere a los hombres de aspecto hipermasculino, generalmente de clase trabajadora y piel morena.

El uso del término se sigue considerando políticamente incorrecto debido a que reduce a los hombres morenos al estatus de objeto de deseo y los racializa. No obstante, el escritor Carlos Monsiváis resignificó el término para reivindicar el erotismo y la sensualidad de hombres cuyos rasgos físicos escapan a los cánones de belleza occidentales:

«En la jerga de los entendidos, el chacal es el joven proletario de aspecto indígena o recién mestizo, ya descrito históricamente como Raza de Bronce y rebautizado por la onomatopeya del sarcasmo. El chacal es la sensualidad proletaria, el gesto que los expertos en complacencias no descifran, el cuerpo que proviene del gimnasio de la vida, del trabajo duro, de las polvaredas del futbol amateur o llanero, de las caminatas exhaustivas, del correr por horas entonando gritos bélicos […] Las camisetas entalladas, los jeans ajustados y convenientemente rotos, las gorras de béisbol, el perfeccionamiento de la mirada hostil o indiferente que sin embargo invita. De ningún modo el prostituido, en modo alguno el inaccesible».

Aún así, el término chacal sigue siendo racista y clasista para muchos, mientras que para otros reivindica la sensualidad de los cuerpos mestizos.

4. Marica o maricón

El término marica o maricón es un insulto homofóbico que se utiliza en prácticamente todos los países de habla hispana. Su origen se atribuye a una deformación del nombre María, y se utiliza desde hace siglos para feminizar a los hombres homosexuales —como si lo femenino fuera un insulto—.

Sin embargo, en la actualidad algunos colectivos de la diversidad sexual se apropiaron del término. Tal es el caso del Movimiento Maricas Bolivia. En el país sudamericano, muchos homosexuales de origen indígena se identifican a sí mismos como maricas. El motivo es que no se sienten representado por el término gay, de origen anglosajón.

Integrantes del Movimiento Maricas Bolivia / Foto: Diario Digital Femenino

5. Tortillera

Finalmente, está el caso de la palabra tortillera, un insulto lesbofóbico que, contrario a lo que podría pensarse, nada tiene que ver con las tortillas. Su origen se remonta al Siglo XIX y proviene del latín tortus, que significa torcido. Es decir, que hace referencia a la orientación sexual lésbica como una desviación.

Sin embargo, en México hay quienes han apropiado del término para identificarse. Tal es el caso de la colectiva Las Tortilleras, integrado por lesbianas, bisexuales, pansexuales y mujeres queer.

Publicación en Twitter de la colectiva Las Tortilleras / Foto: Twitter @las_tortilleras

Sin duda, la resignificación de estos términos demuestra que ser gay o lesbiana, joto o lencha, maricón o tortillera, es un orgullo.

Sin embargo, la forma en que cada quien se identifica es muy personal, y también hay quienes pueden considerar estos términos como insultos homofóbicos o lesbofóbicos. Y tú ¿consideras que estas palabras son peyorativas? ¿O las usas como parte de tu identidad?

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