Roberto Jáuregui: Quién fue activista de VIH y coordinador de Fundación Huésped

Él fue Roberto Jáuregui. / Foto: Fundación Huésped

Roberto ‘Roby’ Mario Jáuregui (12 de agosto de 1960 – 13 de enero de 1994, Argentina) fue el primer coordinador de Fundación Huésped, organización que ha sido clave en el activismo del VIH desde 1989.

Entre los 80 y 90 Roberto Jáuregui, primer coordinador de Fundación Huésped, se convirtió en uno de los activistas que lucharon contra la serofobia (rechazo y discriminación hacia la población que vive con VIH) desde los medios de comunicación en Argentina.

Por ello, durante muchos años —y con un mayor ímpetu en 2022— colectivos argentinos se han movilizado para que el 12 de agosto sea reconocido como el Día de la Visibilidad de los Derechos de las Personas con VIH (Día de la VIHsibilidad). A su vez, el nombre de Roberto Jáuregui fue clave en los proyectos que dieron como resultado la Ley de VIH, Hepatitis Virales, Tuberculosis e ITS, misma que fue reglamentada mediante el Decreto 804/2022.

«Si la solidaridad y causa tienen nombre, se llaman Roberto Jáuregui»: activistas

Además de periodista, Roby —cuyo legado fue de la mano del de su hermano mayor, Carlos— fue actor. Se le recuerda por su papel en la telenovela Celeste.

Pero la cereza del pastel siempre serán sus entrevistas. En 1993, durante la emisión de Hora Clave, programa referente en la política de Argentina, le dijo a su conductor, el abogado y sociólogo Mariano Grondona, que le diera un abrazo.

Fue una forma de recordar que el VIH no se contagia. Previo a la transmisión, repartió a integrantes del público un listón color rojo, símbolo universal del activismo por los derechos de la población que vivió/vive con VIH. CONOCE LA HISTORIA DE CARLOS JÁUREGUI, PADRE DEL ACTIVISMO GAY EN ARGENTINA.

En ese mismo año, Roberto Jáuregui obtuvo una beca para asistir al Congreso Mundial del Sida en Berlín. Mientras otras y otros especialistas participaban en paneles sobre los avances científicos, el oriundo de La Plata expresó su interés por la articulación entre las ONG.

Fue la primera vez en la que estuvo en un evento internacional sobre el VIH. Así como lo expresó en una entrevista para la televisión pública, asistir a sesiones cuyas inscripciones llegaron a las 20 000 personas le ayudó a «descubrir las diferentes políticas de la filosofía de trabajo».

Un año antes de su viaje a la capital alemana, Roberto Jáuregui figuró entre los participantes más esperados de Expresida, primera exposición internacional de campañas para prevenir el VIH. Previo a su discurso, las y los asistentes recordaron que el también autor de la columna “Eroticón” era un ejemplo de «solidaridad y causa». ENTÉRATE DE LO QUE VIVIÓ LA COMUNIDAD LGBT+ DE ARGENTINA DURANTE LA DICTADURA MILITAR.

Algunos detalles para conocerlo más a fondo

Al igual que su hermano, Roberto no solo militaba por los derechos de la población con VIH, también era parte de ella. Acorde a una plática que tuvo en la década de los 90, las y los médicos tardaron en dar su diagnóstico. Pero no fue por negligencia, sino por «su carácter y forma de ser».

Conforme a lo que rescata La banquina —revista digital especializada en movilización social—, sus amigos siempre tuvieron la misma imagen de él: un joven periodista con opiniones ásperas, irónico y con un gran sentido del humor.

Las personas con las que tuvo mayor cercanía jamás olvidan que a Roberto Jáuregui no lo caracterizó el deseo de fuga. Confrontó todo y a todos. En una entrevista con la revista Haroldo, César Cigliutti —presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) tras la muerte de Carlos y pionero en las luchas por el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género—, compartió lo siguiente:

«[Fue] una de las primeras personas que dijeron que tenían VIH públicamente. Cuando salíamos a bailar, la gente lo increpaba. Estaba muy enojada con él. Le cuestionaban que dijera públicamente que tenía VIH».

Aunque Roby aseguró que conocer su diagnóstico «le causó un shock», evitó abordar la noticia desde el autorreclamo. Según compartió, lo que lo motivo a involucrarse en una de las luchas LGBT+ más importantes en materia de salud pública fue el acompañamiento de su familia, pareja y amistades.

Su trabajo con Fundación Huésped

La historia de Roberto Jáuregui fue un fragmento de todo lo que atravesaba la población que vivía con VIH en Argentina durante las 2 últimas décadas del siglo XX. Los primeros casos en este país de América del Sur se registraron en 1982.

Al igual que en otras partes del mundo, los servicios de salud no estaban especializados ni capacitados. La atención era insuficiente. Sumado a la alta demanda en el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández —ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)— la serofobia en los distintos sectores sociales dificultaban el diseño de políticas en beneficio de dicho sector de la población. Esos fueron algunos de los motivos por las que Fundación Huésped, organización de la que Roberto Jáuregui fue el primer coordinador general, abrió sus puertas en 1989.

Además de enfrentar el estigma, sus declaraciones públicas tuvieron como finalidad que la población tuviera acceso a los medicamentos. Era consciente del desabasto de fármacos. Así como lo expresó Cigliutti, «fue un desafío» en el que cada quien lidió con «sus propios temores».

Roberto a través de los ojos de Carlos Jáuregui

En vísperas de la llegada del nuevo siglo, los hermanos Jáuregui fueron un dolor de cabeza para los sectores conservadores. Así como lo recordó el presidente de la CHA, Roby fue «su amigo y compañero militante».

El 15 de enero de 1994, 2 días después de su fallecimiento en Buenos Aires, Carlos Jáuregui escribió en una memoria para Página 12 que Fundación Huésped fue «el lugar elegido por Roberto para expresar su ironía, su certeza y sus amores». Pero también fue el hogar en el que se refugió cuando curas y funcionarios descalificaron su trabajo.

Roberto (izquierda) fue el primer coordinador de Fundación Huésped. / Foto: Twitter (@gustavopecoraro)

Los Jáuregui (también conocidos como los hermanos del Orgullo) estaban acostumbrados a las miradas flamencas y los comentarios ríspidos. Fueron educados de la misma forma.

El mayor siguió al menor. Mientras Carlos empezaba a revelar los primeros indicios de ser un «militante cristiano tercermundista», Roberto —3 años menor— exigía a su madre y padre una explicación más allá de una basada en roles de género.

De niño se encariñó con un peluche de Topo Gigio. Entre más le prohibieron tener un ‘juguete para nenas’, más fue su firmeza para decir que lo conservaría. No solo no renunció al amor por el peluche. Aprendió a tejer y le hizo vestidos. De reojo notaba cómo los adultos fruncían en ceño cuando lo veía bañarlo con shampoo y peinarlo.

¿Ya conocías la historia de este destacado activista argentino?