3 cosas que aprendí cuando dejé de ser ‘discreto y varonil’

La imagen del gay varonil y discreto puede ser muy dañina. / Foto: YouTube

Por mucho tiempo defendí el ser ‘varonil y discreto’ como una medalla de honor que me separaba de esos ‘gays exhibicionistas’, hasta que aprendí la verdad.

Mi papá siempre me pidió que si iba a ser gay, al menos fuera uno varonil y discreto; luego aprendí una valiosa lección.

De pequeño era muy amanerado. Siempre era blanco de burlas en la escuela y nadie realmente respetaba mis opiniones o escuchaba lo que tenía que decir. Así que cuando llegué a la adolescencia, decidí cambiarlo todo y buscarme una personalidad que otros sí pudieran valorar.

Fue entonces cuando más saqué a relucir mi afición por el futbol y la música de rock pesado. Veía el box religiosamente y cuando alguien afeminado se me acercaba no podía más que sentir pena por él.

Afortunadamente, el tiempo me ha enseñado 3 valiosas lecciones que me llevaron a ser yo mismo y a dejar de preocuparme si estoy o no siendo ‘discreto y varonil’.

1. Ser ‘varonil’ es una construcción social

Este video inspirado por un hilo de Pavel Gaona lo explica bastante bien. En síntesis: la idea que tenemos de lo que significa ser varoniles es una construcción social que surgió a partir de varios momentos clave que luchaban a favor de los derechos de la comunidad LGBTQ+.

Las ilustraciones de Tom of Finland, las controversiales fotografías de Robert Mapplethorpe e incluso las extravagantes personalidades del grupo Village People, todo ayudó a cimentar una idea concreta sobre lo que significa la masculinidad y cómo la portamos desde la trinchera gay.

Al final, estas imágenes surgieron para remover el estigma que existía sobre los hombres homosexuales, pues se pensaba que eran débiles. No obstante, esta idea ha permeado hasta nuestros días y hoy sirve como forma de discriminación contra las personas que no cumplen con estos estándares. 

2. Ser discreto es una victoria para la homofobia

Fui educado como un católico muy devoto, estudiando La Biblia con mucho ahínco. Incluso ya que me había aceptado como un hombre gay, sentía que yo poseía algo que el resto no: valores. Era gracias a estos mismos valores, basados en mis creencias religiosas, que yo me presentaba al mundo como un hombre discreto. De acuerdo con lo que había aprendido, no había necesidad de que otras personas supieran que yo era gay. Al final mi vida sexual solo me competía a mí.

Sin embargo, en una ocasión varios miembros de mi familia comentaron que no les gustaba ir a Reforma porque había «mucho puñal». Cuando yo traté de argumentar que los gays estaban en todos lados, una tía mía me contestó:

«Ay, sí, pero esos son los discretos y podemos fingir que no existen».

Esta revelación me hizo entender que fingirnos discretos solo ayuda a que las personas invisibilicen nuestra existencia y contribuye a que la homofobia crezca. Las cosas jamás van a cambiar si queremos seguir escondiendo quiénes somos realmente.

3. La importancia de ser un sodomita orgulloso

Grindr está repleto de perfiles que buscan solo ‘varoniles y discretos’. Y por mucho tiempo me ajusté a esta regla para poder tener sexo con hombres que cumplían con sus fantasías más oscuras entre las sombras y tras una puerta cerrada que jamás se permitirían abrir. 

Fue entonces que me di cuenta de que la jotería es un statement político que le reclama a la sociedad los años en los que tuvimos que vivir alienados por nuestra orientación sexual. Ahora, el convencionalismo nos quiere silenciar de nuevo tras dos categorías homogéneas que solo nos hacen tener miedo los unos de los otros y que buscan separarnos en lugar de celebrar nuestras diferencias.

El arcoíris tiene muchos colores y si vivimos con libertad podemos ser cualquiera que nosotros queramos, en lugar de escoger dos grises tonalidades creadas por aquellos que prefieren las lluvias sin un sol tras el horizonte.

Después de conocer estas 3 valiosas lecciones, aprendí el valor de dejar atrás los adjetivos como ‘varonil y discreto’.

Con información de Twitter

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