Violencia en las relaciones lésbicas: una realidad poco visible

violencia parejas lésbicas
Para que la violencia entre parejas lésbicas se pueda atender y prevenir, primero hay que estudiar la magnitud del problema. / Foto: Adobe Stock

La violencia en las relaciones lésbicas es una realidad, pero existen pocos datos e información y, por lo tanto, su prevención y atención están por los suelos.

Por supuesto que la violencia en las relaciones lésbicas existe, pero como es un tema del que no se habla lo suficiente, ha pasado desapercibido. El que un tema no tenga la suficiente visibilidad no quiere decir que no sea importante o que no requiere atención. Al contrario, la violencia entre las parejas de lesbianas es una cuestión que urge estudiar para así poder saber con más certeza cuál es la magnitud del problema. Solo así podríamos enfocarnos en su atención y, por supuesto, en su prevención.

Cuando se trata de violencia entre parejas heterosexuales, la información abunda. No es tan difícil encontrar cifras y datos que nos confirman la importancia de abordar este tipo de problemas. Ahora, cuando hablamos de parejas de mujeres lesbianas, bisexuales y trans, las cifras y datos específicos y certeros en cuanto a la violencia dentro de las relaciones de las mujeres de la diversidad sexual son escasos y poco confiables.

Para hacer frente, primero hay que saber con qué nos enfrentamos

La realidad es que, para lograr taclear un problema como lo es la violencia en las relaciones de lesbianas, primero tendríamos que contar con la información necesaria para saber cómo hacer frente. La activista Fabiola Baleón —coordinadora de Jóvenes por una Salud Integral A. C.— aseguró en entrevista con Lado B que la violencia entre parejas de mujeres «es un tema que muy pocas veces hablamos, analizamos y visibilizamos».

Las cifras e información con respecto a la violencia de las relaciones entre mujeres es escasa. / Foto:Adobe Stock

¿Cuáles son los tipos de violencia en las relaciones lésbicas?

De los pocos datos que se conocen —gracias a las organizaciones civiles y algunas investigaciones que se han realizado— es que todavía se tiene una lógica de antaño. La creencia de que si no te pega, no es violencia es uno de los principales obstáculos para abordar este tema. Especialmente cuando el tipo de violencia que más experimentan las parejas de lesbianas NO es física, sino psicológica y económica.

Este tipo de agresiones que no son físicas tienen un impacto severo en la salud mental de las lesbianas y mujeres bisexuales. Entonces, uno de los primeros pasos sería identificar los matices y daños colaterales de la violencia psicológica.  CHECA ESTOS DATOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA DE LAS RELACIONES ENTRE LESBIANAS.

Más que la violencia física, la psicológica y económica son las más frecuentes en las parejas de mujeres. / Foto: K Telegram

Además, otro factor importante que se debe considerar es que muchas mujeres LGBT+ viven en el clóset. Esta puede ser una razón por las que les es más difícil salir de un círculo de violencia con su pareja. Cuando este tipo de violencia se llega a denunciar, las autoridades no saben cómo atenderlas y, en ocasiones, las denuncias suelen ser minimizadas o hasta motivo de burla.

Primer paso: la visibilización

El primer paso es empezar a hablar del tema, a hacerlo evidente y no minimizarlo. Después, comenzar a analizarlo puntualmente para identificar patrones, pautas y esquemas que la violencia entre parejas de lesbianas pueda prevenirse. Posteriormente, vendría la elaboración de protocolos para atender, apoyar y brindarles herramientas a las mujeres LGBT+ que estén en un círculo de violencia. ENTÉRATE DE CUÁLES SON LAS ACTITUDES MACHISTAS QUE TIENEN ALGUNAS LESBIANAS.

De acuerdo con la activista Fabiola Baleón, no existen espacios ni referentes seguros en los que las lesbianas puedan expresarse, socializar y encontrar las herramientas para prevenir la violencia en pareja. Para tener sistemas de atención, protocolos, diagnósticos y espacios, necesitamos más información que nos ayude a entender y reflexionar. Solo así podríamos saber cómo actuar y resolver esta problemática.

En conclusión, necesitamos más datos para empezar a abrir el diálogo, reflejar este problema y, de igual manera, empezar a atenderlo como se debe.

Con información de Lado B

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