Etiquetas LGBT+, ¿quién las necesita?

¿Las etiquetas dentro de la comunidad LGBT+ son realmente necesarias?

Pareciera como si cada día hubiera más y etiquetas dentro de la comunidad LGBT+. Pero ¿son realmente necesarias?

Las etiquetas abundan en la comunidad LGBT+. Pareciera que todo el tiempo hay nuevos términos que aprender: demisexual, asexual, grisexual, abrosexual… Las siglas LGBT hace mucho que nos quedaron cortas. Y después de algunas variaciones parece que nos quedamos con LGBTIQ con un ‘+’ al final, para englobar al resto de identidades y orientaciones.

Yo confieso que, a veces, al ver algún listado, me siento un poco abrumada. ¿Alguien se sabe todas esas etiquetas? ¿Es eso una identidad o una orientación? ¿Existe alguna diferencia entre arromántico y asexual?

¿Por qué hay tantas nuevas etiquetas?

Simplemente porque las que había antes no nos eran suficientes. Visto desde afuera, las etiquetas pueden ser una herramienta para separar y clasificar, para delimitar y confinar. Pero cuando eres una persona tratando de definir tu identidad, encontrar una etiqueta que te satisfaga puede ser muy liberador: «Esto que siento, esto que soy, es normal. Tiene nombre y hay más personas que sienten lo mismo que yo».

El lenguaje es muy poderoso, puede hacernos pasar de un sentimiento de aislamiento e incomprensión a uno de amor propio, aceptación y empoderamiento. Saber que nuestras experiencias ya han sido descritas, que son compartidas, y que hay una palabra con la que podemos nombrarnos, puede ayudarnos no solamente a encontrar nuestra propia identidad, sino también a encontrar una comunidad. A formar redes con otras personas como nosotres. Y las redes salvan vidas. 

Beneficios de las etiquetas

También puede ser una experiencia muy liberadora cuando en el momento de la búsqueda, la construcción y aceptación de la identidad propia nos encontramos con que la identidad no tiene que estar limitada a ser mujer u hombre, heterosexual u homosexual, sino que hay un sinfín de identidades posibles en el espectro y también afuera de ese sistema binario, y que podemos transitar de una a otra. Incluso si hemos ya pasado por esta fase de búsqueda y no nos queda ninguna duda sobre nuestra identidad, si hemos encontrado una etiqueta que nos describa adecuadamente y con la que nos ajuste con comodidad, el aprender sobre otras identidades nos ayuda a desarrollar empatía. A entender otras maneras de ver el mundo, de amar y de vivir.  

En ocasiones, ciertas etiquetas nos ayudan a entender otras maneras de ver el mundo, de amar y de vivir.

Por esto mismo es que nos sirven también para normalizar la diversidad, para que nadie tenga que salir de ningún clóset sólo porque el mundo asuma que tienen una identidad que no es la suya.

Además de lo que en lo individual puede aportarnos, las etiquetas también pueden facilitar procesos políticos. Necesitamos nombrarnos para exigir políticas públicas que nos contemplen, legislaciones que nos incluyan y salvaguarden nuestros derechos.

¿Y si yo no quiero que me etiqueten?

Quizá tu identidad es demasiado fluida y cambiante como para que quepa en una cajita. O quizás, aunque esté perfectamente definida, ninguna etiqueta existente puede capturarla. Tal vez aún te encuentras en un proceso de descubrimiento y sientas que apresurarte a elegir alguna pueda ser contraproducente, o quieras evitar el estigma o las expectativas que puedan estar asociadas. O simplemente te quieres ahorrar las explicaciones tras el casi inevitable: «¿Y eso qué es?».

Cada quien decide con qué etiqueta, nombre y pronombres se identifica.

Algunas personas no se sienten cómodas utilizando ninguna etiqueta y está bien. Lo que no está bien es asumir que eso te da el derecho de invalidar las identidades de les otres. Cada quien decide con qué etiqueta, nombre y pronombres se identifica y quiere que le identifiquen. 

¿Tú qué opinas acerca de todas las etiquetas que existen dentro de la población LGBTQ+? Cuéntanos en los comentarios.

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