Historia de amor entre Carlos Jáuregui y Pablo Azcona

Carlos Jáuregui (izquierda) y Pablo Azcona (derecha) / Foto: UNO Entre Ríos

Entre todas las personas que amó el activista Carlos Jáuregui (Comunidad Homosexual Argentina y Gays por los Derechos Civiles) se encontró Pablo Azcona, quien fue su pareja hasta 1988.

Figura histórica detrás del Día del Activismo por la Diversidad Sexual (20 de agosto) en Argentina, Carlos Luis Jáuregui (La Plata, 1957- Buenos Aires, 1996) publicó Homosexualidad en Argentina (1987), libro que dedicó a las Madres de la Plaza de Mayo, sus compañeros de activismo (entre ellos César Cigliutti) y su pareja, Pablo Azcona, quien fue el amor de su vida.

Pablo no solo fue con quien el docente de Historia Universal compartió un departamento. También fue una de las personas que lo llevaron a convertirse en una de las voces con mayor resonancia en la lucha por población que vivía/vive con VIH.

Así como lo expresa la activista e investigadora queer Mabel Bellucci, todo lo que se diga sobre Carlos Jáuregui «es poco al lado del legado político que nos dejó». Los primeros acercamientos del «militante cristiano tercermundista» (como solían describirlo sus amigos) con el virus más estudiado de la historia fueron durante su estancia en École Pratique des Hautes Études. MIRA LA HISTORIA DE CARLOS JÁUREGUI, PADRE DEL ACTIVISMO GAY EN ARGENTINA.

Mientras los medios sensacionalistas replicaban términos como «peste rosa» o «cáncer gay», él y otros jóvenes se unieron a las brigadas de asistencia solidaria. Pero el verdadero estandarte contra la serofobia fue plantado por Carlos Jáuregui cuando decidió luchar al lado de Pablo Azcona y Roberto, su hermano menor. Los 3 vivieron con VIH.

Roberto (izquierda) fue el primer coordinador de Fundación Huésped. / Foto: Twitter (@gustavopecoraro)

¿Quién fue Pablo Azcona para Carlos Jáuregui?

Todas las preguntas respecto al exmaestro de la Universidad de la Plata y el Instituto Profesional de San Pablo nos llevan a las palabras iniciales de Mabel Bellucci. El primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina «no construyó un personaje para ser escrito».

La odisea por el lenguaje es la misma ruta que se sigue cuando se piensa en Carlos Jáuregui y Pablo Azcona como amantes y —sobre todo— como cómplices. Ni siquiera el escritor Néstor Perlongher a través de su garigoleo periodístico y literario logró hacer un retrato de él. Se limitó a un simple —pero significativo— «Ay, Carlitos».

Pese a ser un hombre indescriptible en la prosa y poesía, Carlos le escribió a todo mundo. Por fortuna, en 2016 un grupo de activistas —no todos LGBT+— recopilaron cartas y algunos otros textos inéditos. Entre ellos destacó “Por amor a Pablo Azcona”, fechado en octubre de 1988.

Carlos Jáuregui siempre habló de Pablo Azcona bajo el «nosotros», incluso después de su partida. Se conocieron en 1984, en vísperas de su cumpleaños 27. Para entonces, Pablo tenía 42.

Su primer encuentro fue en el baño de una discoteca. Ninguno de los 2 tuvo una reconstrucción vívida de los hechos de esa noche. Pero siempre tuvieron presente que durante la conversación no hubo momento en el que no se pensaran/sintieran como almas gemelas.

Aunque sintiera cierto rechazo por los estilos pretenciosos, Carlos Jáuregui era un intelectual. Pablo igual. Entre el ruido de lo que para muchos fue parte de la liberación sexual, la pareja platicó sobre Marcel Proust, novelista escandaloso por consolidarse en la cima literaria a través de relatos con temática homosexual. CONOCE A LOS ACTIVISTAS Y FAMOSOS QUE VIVEN CON VIH.

Estuvieron juntos 4 años. / Foto: UNO Entre Ríos

Carlos después de Pablo

Según el propio Jáuregui, plasmar su historia a través de hechos concretos era más que complicado. Así que se limitó a recordar lo que lo hizo enamorarse de él. Lo que más le llamó la atención fue su frente «con arrugas de lector».

Por su parte, «la obsesión» casi «fetichista» de Pablo fue el pelo. Por ello, después de su muerte, el cofundador de Gays por los Derechos Civiles se rapó la cabeza. Antes de 1988, Carlos no solía pensar en la muerte. Pero la partida de quien fue su compañero durante 4 años «la hizo más tangible».

Como historiador, sabía que «debía armonizar su existencia con términos científicos». Como amante y cómplice le tomó tiempo entender a «la Señorita Muerte» como «una estructura de larguísima duración».

Además, su periodo de duelo se vio fragmentado. Carlos Jáuregui habría querido llorarle más a Pablo Azcona. Sin embargo, para él una de las muchas caras de la homofobia lo orilló a apretar los labios y continuar. Después de la muerte de Pablo, Carlos fue obligado a abandonar el departamento que, de vez en vez, le recordaba que la ausencia era temporal. Negarle un techo se justificó con que él y Pablo no estuvieron casados.

Pero el joven, ya pasados sus 30, siempre contó con el apoyo incondicional de sus amigos César Cigliutti y Marcelo Ferreyra. Los activistas no solo acompañaron a Carlos Jáuregui en su pérdida. Hicieron posible que su casa, ubicada en Paraná 157, fuera epicentro del legado político de Gays por los Derechos Civiles.

¿Ya conocías la historia de amor de uno de los activistas más importantes para la historia LGBT+ de Argentina?

Con información de Acá estamos: Carlos Jáuregui, sexualidad y política en la Argentina (2016), Página 12 y Cosecha Roja