“Fuego y agua”: Garza Blanca (México)

Imagen: Especial

El cuento “Fuego y agua” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual.

 

Antes de que todo este rollo empezara… 

Nos conocimos en la universidad. Éramos un par de radiantes aspirantes a titulación en la época en que ser lesbianas era guardar un secreto que nos quemaba desde dentro. Pero—si lo dejábamos salir—aunque el mundo no nos quemaría en la hoguera como en el siglo XIX, sí nos acercaría una y otra vez una vela santa para quemarnos poco a poco. Las primeras personas que habían salido del clóset habían sufrido quemaduras de primer, segundo y tercer grado. 

Vivimos un amor secreto, hasta atrevernos a seguir a aquellas heroínas que habían abierto el camino. Nos tocó apagar fuegos grandes y pequeños: con su familia más que con la mía; con mi jefe más que con sus clientes. Pero luchamos juntas y revestimos nuestras quemaduras con vendajes de ánimo y ungüentos de amor. 

Cuarentena – día 1 

—¿Qué? ¿Que no puedes regresar de España?

—¡No hay vuelos por los coronavirus! 

La noticia me cayó como balde de agua… tibia. Secretamente, deseaba que Jimena no regresara. Las cosas no habían estado bien hacía tiempo. El fuego de nuestro amor se había ido apagando poco a poco, curiosamente, conforme el mundo había dejado de intentar quemarnos. 

Los coronavirus en México todavía eran una leyenda lejana. Más que preocuparme por ella, pensé en el alivio que sería postergar la fecha para hablar de… eso. ¿Valía la pena seguir intentándolo? 

Cuarentena – día 6 

—Por fin conseguí vuelo.

—OK.

—Tendré que estar dos semanas en cuarentena.

—¿Te quedarás con…?

—Mis papás. No te preocupes. 

Habíamos pasado cinco días discutiendo por teléfono e, intermitentemente, seis meses antes en persona. Me han llegado mil mensajes por WhatsApp, Twitter e Instagram. Al entender más la pandemia, me preocupé por ella en España; sin embargo, discutíamos más y más. El miedo y la confusión no ayudaban en nada. Ahora se acortaría la distancia entre nuestros cuerpos, pero la distancia entre nuestros corazones se acrecentaba. 

Cuarentena – día 11 

—Te extraño.

—Yo también. 

Otra vez en uno de esos ciclos demasiado… nuestros. ¿Cómo es que cuando estamos cerca no podemos estar bien, pero cuando la veo casi perdida, me aferro a ella? ¿Por qué cuando ya la quiero dejar ella avienta sus redes y yo me dejo atrapar? 

Cuarentena – día 13 

—¿Qué estás pensando?

—Ya no sé ni qué pensar.

—Te amo.

—Yo también… pero esta relación no es normal. 

Estoy descubriendo mis sombras y las de Jimena también. ¿Qué significa esta pandemia? ¿Y qué va a pasar con nosotras cuando termine? 

Veo su luz y veo la mía. Ella es libre, creativa, divertida, aventurera. Yo soy estable, responsable, cautelosa, comprometida. Por eso nos enamoramos. Yo admiro su espontaneidad, aunque no logro ser como ella. Ella descansa en mi estabilidad unos días, pero después se aburre y necesita respirar. 

Veo nuestras sombras. Ella insiste en cambiarme y me acusa de juzgarla. Volátil, ella habla sin pensar. Yo sobreanalizo todo pero, si se trata de sentimientos, no sé ni cómo hablar. Somos dos imanes, pero al juntarnos echamos chispas. Jimena sueña y no logra poner los pies sobre la tierra. No puedo con su inestabilidad. ¿Alguna vez madurará? 

Pero la amo. Somos dos mujeres; podemos entendernos si lo intentamos. 

Cuarentena – día 21 

—Ya estoy limpia: cero síntomas y ya pasaron dos semanas.

—Me muero por estar contigo.

—No puedo vivir sin ti. 

Mi corazón late más rápido de lo que mi cabeza puede pensar. Su boca habla más rápido de lo que su memoria le puede advertir. 

—¿Me mudo a tu casa entonces?

—Síííííí…

Cuarentena – día 22 

—¡Cómo te he extrañado!

—No te vayas nunca más. 

Se me había olvidado la belleza de su piel, la suavidad de su aroma y la frescura de sus curvas. Se me había olvidado la música que salía de mi corazón cuando sus labios latían sobre mi piel. ¡Simplemente enloquecí! 

Cuarentena – día 25 

—Nunca vas a cambiar, ¿verdad?

— ¿Cambiarás tú, Jimena?

—Perdóname. Estoy siendo injusta. 

Tal vez verdaderamente somos incompatibles. Pero la amo más que a mi vida. Además, si este virus traerá una crisis económica, mejor compartimos gastos. Pero eso no puede ser suficiente razón… 

Jimena se regresó con sus papás. Ahora sí estoy sola. Pero hemos tenido largas pláticas. 

Me han llegado mil ochocientos mensajes por WhatsApp, Twitter e Instagram. Han cambiado de tono. ¿O será que escojo mejor? Ya no analizo curvas de infección, ni veo videos con métodos de desinfección, y desecho cualquier cosa que tenga que ver con López-Gatell o López Obrador. Ahora leo todos esos mensajes ambientalistas y espirituales que me invitan a aprender algo de esta crisis y a no tratar de cambiar el mundo sino de cambiar yo. 

Con lágrimas en los ojos, he incursionado en territorios inexplorados dentro de mí. Esas lágrimas han atenuado el fuego que me quemaba por dentro como si bebiera de un manantial. Alcanzo la cima, me siento libre, extiendo mis brazos y siento el viento en mi rostro. A veces agradezco que Jimena se haya marchado para poder volar. 

¿Volar… lejos? 

También podríamos volar juntas. Hemos recorrido de la mano un largo camino. El agua y el fuego juntos son una fuerza transformadora. ¿Y si…? ¿Y si logramos una danza que combine todo lo que somos y podemos ser? 

Cuarentena – día 39 

—¿Me perdonas? Quiero regresar. He pensado muchas cosas.

—Jimena, Jimena, tenemos mucho de qué hablar. 

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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