“La Artemisa”: Double Attack (Bolivia)

Imagen: Especial

El cuento “La Artemisa” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual.

A Miguel le faltaba la respiración. El corazón le latía a mil por hora y le temblaban las piernas. No era capaz de dar ni un paso para adelante. Este probablemente era el segundo día más angustioso de toda su vida. El primero había sido el día que llegó al aeropuerto de Barajas con un pasaporte falso, hace ya más de 15 años. En aquel momento el policía le preguntaba al joven Miguel para qué había venido a España, a lo que él respondió tímidamente:

—Para hacer turismo, solo vengo por dos semanas.

Pasaron ya 15 años desde ese terrorífico día y de los cuales estuvo gran parte bajo la sombra de la ilegalidad luchando, y en los cuales no pudo volver a su país. Hoy otra vez tendría los ojos del mundo volcados hacia él. Mientras se acercaba al balcón con el vestido de lentejuelas que había comprado de segunda mano y los tacones rojos que una vecina había dejado abandonados en el pasillo, escuchaba morir los aplausos de las 8:00 p. m. que desde hace un par de días se habían hecho una tradición en toda España para agradecer al personal médico que luchaba contra el maldito virus que había detenido la vida de todas las personas.

Antes de salir a escena, le venían recuerdos del pasado. Recordaba lo que había sido crecer con miedo de no poder ser quien era realmente, pues vivió en un entorno muy discriminador y machista. Había ocultado toda su vida a esa diva que vivía en su interior, la que clamaba por salir y brillar como la estrella que era.

Pasó su adolescencia practicando canciones de sus divas favoritas para mantener la esperanza de que un mejor futuro vendría, para olvidar su dura realidad, mientras se veía en el espejo, donde era libre de fantasear lo que quisiera, soñaba que un día llevaría un vestido glamuroso, un sensual maquillaje y estaría sobre un escenario, siendo ovacionada de pie, pero sobre todo viviendo en libertad.

Como toda artista debía tener un nombre glamuroso. A solas en su cuarto unos días antes pensaba cómo llamarse. Debía ser un nombre que reflejase la fortaleza que había tenido toda su vida. Le encantaba ‘Artemisa’, era un nombre exótico, fuerte y diferente; las tres cualidades que saldrían a la luz del balcón esa noche. Ella quería hacer algo por la gente de su barrio, sabía lo duro de la situación y que ellos necesitaban olvidar siquiera por unos minutos aquello. Precisaban alegría y esperanza, esas cosas que la mantuvieron a flote en los momentos más oscuros de su vida. 

Dio un suspiro y volvió al presente. Ahí estaba Miguel, listo para abrir sus alas y convertirse en esa estrella, pero de repente vino un silencio sepulcral. ¿Quién era este personaje tan colorido? Nadie lo había visto nunca por la calle Barcelona, lugar característico por la gran cantidad de migrantes en la ciudad de A Coruña, y al cual se había mudado hace poco. Entonces encendió los altoparlantes y cogió el micrófono con una mano mientras saludaba con la otra. Ese saludo no solo estaba dirigido a la gente del barrio, estaba dirigido a la soñadora que emergía de él.

Posteriormente empezó a tocar la canción “Sobreviviré” de Mónica Naranjo, su diva favorita de toda la vida, y empezó a emular sus movimientos tal cual fuera ella, con todo ese poder, sensualidad y elegancia que la caracterizan. De ahí todo fue una fiesta. Los vecinos y vecinas no paraban de sonreír, bailar y corear con ella, una diva había nacido ese día. Al ver tanta alegría y ya que las personas le pedían más canciones volvió y lo dio todo cantando dos más.

Al finalizar dio gracias por el micrófono con los ojos llenos de lágrimas mientras la gente no paraba de aplaudirle. De ahí una vecina del tercer piso del edificio del frente le preguntó que cuál era su nombre, a lo que Miguel respondió:

—Artemisa.

Desde ese día, después de los aplausos, todas y todos pedían a Artemisa que saliera al balcón a bailar y alegrar a todos, a demostrar su talento y amor al arte. Incluso ella dedicaba canciones a algún vecino, vecina o peque del barrio si sabía que estaban de cumpleaños o si estaban enfermos o enfermas. Incluso la televisión local vino a filmarla y sus fotos salieron en prensa, convirtiéndose en una parte clave del vecindario. Era la diva de la calle Barcelona. Era la luz de esperanza ante esos momentos tan difíciles. Desde aquella primera noche ella había convertido ese balcón en el escenario el que siempre quiso pisar. 

Al fin Miguel, ahora Artemisa, había cumplido sus sueños y, como decía la letra de la primera canción con la que se hizo famosa, había encontrado un hogar entre los escombros de su soledad. Y aunque parezca una paradoja, en medio del encierro encontró la oportunidad de salir, para mostrarse como realmente era y mostrar todo su arte. Logró brillar como la estrella que siempre fue. Logró ser la luz de esperanza en las noches donde más se necesitaba una.

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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