VIH

VIH, mi mejor amigo invisible: la historia de un roomie complicado

«El VIH se convirtió en mi mejor amigo... y algo más». (En portada: Pável Martínez Gaona) / Foto: Facebook (@pavelocirraptor)

El VIH logró convertirse en mi mejor amigo. No, no es un disparate. Se trata de una historia de —nuestra— vida.

Al decir que el VIH se volvió mi mejor amigo, no lo hago con descuido. Cuando tenía alrededor de cuatro años, tenía un amigo que nadie podía ver. Su nombre ya no lo recuerdo: como tantos otros amigos, un día se marchó y solo quedó como una anécdota lejana de mi infancia. Eso es algo más o menos normal en los niños. Ahora, ¿qué pasaría si te digo que a mis 37 años tengo un amigo invisible? «Ay, ajá. ¿Todo bien en casita?», seguro pensarás tú. Y no te culpo. Pero así es: tengo un amigo que es prácticamente invisible. Y aunque pienses que estoy loco, él está aquí conmigo ahora mismo.

Precisamente por lo difícil que es verlo, algunos niegan su existencia. Y yo me río. Porque a pesar de que yo tampoco lo he visto nunca, vivo con él desde hace varios años. O más bien él vive en mí.

VIH, el PEOR roomie del mundo

¿Cuándo él se mudó a mi cuerpo? No lo sé a ciencia cierta. En mi eterna necedad pensaba que era la clase de compañero molesto que podía tocarle a todos, menos a mí. Y así fui por la vida, dejando las puertas abiertas en actitud imprudente. Hasta que un día, así sin avisar, llegó. Y una de las peores cosas que tiene este roomie es que no te dice que ya llegó. De repente ya puso tu mundo de cabeza y te es imposible seguir ignorándolo. CHECA AQUÍ LAS RAZONES DE LA GENTE PARA NO HACERSE UNA PRUEBA DE VIH.

Una muestra de sangre, un nuevo roomie en mi vida… / Foto: Getty Images

En el momento en que un grupo de especialistas en roomies indeseables tomó una muestra de mi sangre, ya no había como negar lo evidente. «Tienes ochenta mil copias, de él», sentenció el médico. Carajo, vaya cinismo: no solo se había instalado en mi cuerpo sin pedir permiso el muy desgraciado, sino que había invitado a un montón de sujetos iguales a él e hicieron una fiesta épica en mi cuerpo.

Porque eso fue lo que hicieron ese roomie y sus amigotes en mi cuerpo: un desmadre colosal y un cagadero. Con su fiestecita se encargaron de minar mi sistema inmune hasta que casi me matan de una neumonía fulminante. Pero chingones como son los médicos especialistas en roomies invisibles, entraron al rescate y lograron eliminarlos a casi todos.

Hoy tengo menos de 50 copias en mi cuerpo, según el último examen. Ese fastidioso inquilino ya tiene poquitos amigos que lo apoyen en su desmadre. Es lo que se conoce como ser indetectable. Y aunque la ciencia ha avanzado mucho, aún no se ha encontrado la cura definitiva para este roomie molesto. Pero al menos me ha dado las herramientas para lidiar con él sin peligro y entenderlo mejor.

El VIH, mi roomie y mejor amigo que llegó sin avisar (Imagen ilustrativa) / Foto: El Global

Mi vida coexistiendo con el VIH

Mentiría si dijera que aprender a vivir con él fue fácil. Carajo, es un inquilino de mierda. Para empezar, me obligó a tomar una pastilla todos los días. Al principio esas píldoras me daban unas náuseas tremendas y unos sueños pachequísimos. Pero como a todo se acostumbra uno —menos a no tragar, decía mi abuela—, la pastilla se convirtió en parte de mi rutina.

Luego vinieron otros problemas. Cuando quería conocer a alguien, era complicado explicarle que tenía un roomie molesto e invisible que vivía conmigo. No es un tema fácil de abordar. Y como yo tenía miedo de que nunca nadie me volviera a querer, opté por fingir que ese inquilino no vivía conmigo.

Tenía que pedir permisos especiales en el trabajo porque el roomie me salió delicadito: necesitaba de chequeos periódicos en el doctor y otros tratos especiales. Tuve que modificar mis rutinas y hábitos cotidianos. ¿Has visto The Big Bang Theory? Pues era algo así como la relación de Sheldon y Leonard. Y al igual que ellos, con la convivencia diaria un buen día comenzamos a querernos.

De roomie molesto a mi mejor amigo

Curiosamente no solo comencé a tolerarlo, sino que de verdad lo aprecio. Sí, es un pain in the ass, pero es mi mejor amigo y lo quiero. Él me ha enseñado mucho. Me ha enseñado de disciplina, por ejemplo. Ahora soy más estructurado en mis horarios debido a la pastilla que tomo. También me ha acercado más a las personas que amo. Mis amigos y mi familia saben que él vive conmigo, y me aceptan con su presencia. Sé que su cariño por mí es mucho más grande que cualquier eventualidad derivada de la presencia de este complicado amigo.

También se convirtió en un excelente filtro a la hora de conseguir pareja. Cuando al fin hice más y más público que vivía con mi amigo invisible, los ligues que valían la pera eran los que se quedaban. Los otros se filtraban solos. Si a un date le importaba más mi roomie que mis cualidades, entonces eso significaba que no valía la pena luchar por esa posible relación. NEXT.

Y un día apareció el amor de mi vida. ¡Tenemos ya un año de casados! A él nunca le importó tener que compartir espacio y tiempo con mi amigo invisible. Está tan acostumbrado a él que hasta me pregunta: «¿Ya te tomaste tu pastilla para controlarlo?». Y si aún no lo he hecho, me trae un vaso con agua de la cocina para que me la tome. Se han acoplado bien. Él no tiene a un mejor amigo invisible en su cuerpo, pero con amor ha entendido que no es para tanto. Empatía, le llaman.

«Solo el amor permanece, y es mi ancla y mi motivación diaria»: Pável Gaona. / Foto: Twitter (@PaveloRockstar)

Se puede ser feliz viviendo con VIH

Gracias al VIH, mi mejor amigo invisible, también he aprendido a valorar más mi vida, a apreciarla como el tesoro que es y a vivir mis sueños. ¡Quién diría que un invasor que un día casi me mata hoy es mi roomie, mi mejor amigo y el más duro de mis maestros! Pero así es: optimista como soy, he aprendido a verle el lado amable.

Claro que tal vez las cosas hubieran sido más fáciles si nunca se hubiera mudado a mi cuerpo. Si tú no tienes al roomie, mejor. No le abras la puerta, evítate problemas y tener que aprender a la mala. Pero si ya lo tienes, tampoco te tortures. Aprende a convivir con él y velo como lo que es: algo tan, pero tan pequeño, que se puede tratar con una pastilla diaria y que no tiene por qué ser el final de tu vida. Yo, que tengo ya varios años viviendo con él te lo digo: ¡se puede vivir y ser feliz aun con su complicada presencia!

¿Habías considerado que el VIH puede llegar a ser ‘tu mejor amigo’? Platícanos tu historia con tu roomie.

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