Voguing, protesta y rebeldía LGBT+ en América Latina

voguing protesta rebeldía LGBT+ La Tianguis Disidente baile México
Voguing en CDMX tras las agresiones contra La Tianguis Disidente (Glorieta de los Insurgentes) / Foto: TikTok (@in_gobernable)

El voguing como acto de rebeldía es uno de los mayores dispositivos de protesta en la comunidad LGBT+.

Por más de 5 décadas, el voguing ha sido un acto de protesta y rebeldía por parte de la comunidad LGBT+. Esta danza, que también es una cultura, es una de las venas que abrazan al corazón del ballroom, escena que desde los años 20 configuró un imaginario subversivo de las corporeidades.

La protesta se caracteriza por la constante actualización de los gestos de rebeldía. El voguing es uno de esos ademanes de radicalidad que son cobijados por la piel y se fragmentan a través del coraje. Para la década de los 60—justo en medio del mayo francés y las revueltas en los semilleros estudiantiles de América Latina— mujeres trans, trabajadoras sexuales y otras identidades que ponían a temblar al sistema cisheteropatriarcal y racista configuraron una resistencia al estilo del old way, new way y femme.

Algunas alegorías incomodan. Para los cuerpos policiacos, los políticos y demás sectores que —muy a la manera del Estado— fiscalizaban las existencias, el catwalk y duckwalk fueron ese rugido que intentaron silenciar. El voguing es un grito de protesta que se hace presente en cada poro. Es la muestra de que la rebeldía fluye como la sangre y el deseo. Por eso, volver público el cuerpo implica fragmentar nuestras intimidades para poder suturarnos a las de alguien más. Así sucedió en Chile, México y Colombia.

¡Que se vayan Piñera y los pacos!

«No son 30 pesos, son 30 años», recordaron con “Cacerolazo” (Ana Tijoux) las y los docentes, fotógrafos y les cabrites del nivel secundario en el estallido social de 2019. Muches estaban en la primera línea de protesta. A algunes les cuidaba el Negro Matapacos y a otres las madres que reclamaban un mejor futuro para sus hijes.

A la par de la denuncia colectiva de Las Tesis, las organizaciones vecinales planeaban los menús para la olla común. Mientras les estudiantes reivindicaban su derecho a la dignidad a través de la liberación de los torniquetes del sistema público de transporte (metro popular, pues), la resistencia LGBT+ le recordaba al Gobierno de Sebastián Piñera que sus cuerpos no eran de su propiedad.

A espaldas de les fotoperiodistas Nicole Kramm y Bastián Cifuentes Araya se encontraba Kevin Ortiz Valdés, un joven de 19 años que encontró en el voguing una protesta lo suficientemente fastidiosa para los carabineros. Durante su libre y privilegiado tránsito por la Plaza Italia, los milicos se cruzaron con un contingente LGBT+ que les recordó que «las maricas están unidas».

Todes estaban cansades de que los pacos les miraran por debajo del hombro. Frente a la pretendida higiene visual que deseaba el Estado chileno, Kevin —quien en ese entonces estudiaba Periodismo— se paró frente a 30 de ellos. Los retó a partir de una mirada que incomoda más que la del contacto visual: la del cuerpo. Para Kevin, así como para muchas personas LGBT+ que manifestaron su rechazo por la privatización del agua y las detenciones arbitrarias, el voguing fue un acto de protesta y rebeldía. Volvieron de la incomodidad de los uniformados una pasarela.

Él es Kevin, joven que incomodó a los pacos a través del voguing. / Foto: Twitter (@Maia_Debowicz)

¡Nunca más una historia sin nosotres!

Meses después de que las y los chilenos se reunieron en la Plaza de la Dignidad para celebrar la redacción de la nueva constitución, Colombia despertó. Así como en Chile, el hartazgo no derivó únicamente de la reforma tributaria, esa que al presidente, Iván Duque, le dio por llamar Ley de Solidaridad Sostenible.

La ocupación de distintas locaciones de este país que se dice progresista por incentivar el crecimiento de la industria de cannabis encontró como causales la violencia sexual, las condiciones laborales de docentes, jornaleros y campesinos y la respuesta gubernamental frente a la COVID-19.

Por supuesto, los abusos policiales fueron otra de las causales por las que se pidió la renuncia de Duque. Al igual que otros países de la región, la administración de Colombia fue acusada por la permisividad que se les otorga a los cuerpos de seguridad para la vulneración de los derechos humanos. A los policías se les señaló por homofobia, transfobia, lesbofobia, putofobia y misoginia.

En medio del paro nacional en Colombia en 2021, un grupo de personas no binarias, drag queens y activistas de la comunidad LGBT+ hizo del voguing una protesta. Pacífica en su forma, radical en su simbolismo, la danza de los cuerpos violentados y negados por el Estado le dio la vuelta al mundo. Todes estábamos en la Plaza de Bolívar, Bogotá. Así fue como conocimos a Piisciiss, Neni Nova y Axid.

¡Me cuidan mis amigues, no la policía!

En cada toma pública, Emma Goldman está presenté a través de su legado: «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa». Es septiembre de 2021 y falta un trimestre para hacer los conteos anuales. Sin embargo, las agresiones por parte de la policía avanzan más rápido que el propio calendario.

El 24 de septiembre de 2021, integrantes de la comunidad LGBT+ se reunieron en la Glorieta de los Insurgentes. Llevaron esténciles y pancartas. El motivo de convocatoria fue el ataque en La Tianguis, pero también les movió la rabia frente a la violencia económica.

La Policía no intervino cuando 8 agresores les atacaron con palos, tubos y piedras. Pero el día en que les jóvenes reclamaron su derecho a la dignidad, les rodearon con todo su equipo. Ahora sí llevaban escudos y cascos. Ahora sí se metieron entre la multitud.

Les jóvenes LGBT+ les pidieron que se retiraran. Les ignoraron. La paciencia es algo que se agota cuando históricamente se nos ha pedido ‘mantener la cordura’. La rebeldía genera espacios. Les chiques LGBT+ abrieron un círculo en medio del caos y se pusieron a bailar. Algunes lo hicieron entre palmas, otres a ras de la mirada hostil de los elementos de seguridad de la —mal llamada— ‘ciudad de derechos’.

¡Baila en medio de la pelea!

Una vez más, el voguing es la mayor protesta y acto de rebeldía LGBT+ para un sistema que nos pide ocultarnos y ‘no ser tan obvios’. «Baila cuando estés rotx, en medio de la pelea y cuando te sientas libre. Baila si te has quitado la venda de los ojos», es el mensaje de le artista y amante del color Alexandra Márquez (aka Ingobernable). También nos recuerda que el voguing como protesta pone en evidencia la mayor conquista de la rebeldía: «Nuestra venganza es ser felices».

@in_gobernable

NO A LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA ARTÍSTICA!COMERCIO AUTÓNOMO LA TIANGUIS DISIDENTE RESISTE Y EXISTE! #latianguisdisidente #lgbtq #cdmx #queer

♬ original sound – Johnny Sibilly

¿En qué otra ocasión la comunidad LGBT+ ha hecho del voguing un acto de protesta y rebeldía frente a la policía? Escríbenos en los comentarios.

Con información de Debate Feminista y Página 12

error: Alert: Ya te vimos pillín, mejor comparte.