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Todo sobre Versas y diversas, muestra de poesía lésbica

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Versas y diversas (2020) es una muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea. Esto es lo que nos compartieron sus coordinadoras, Paulina Rojas y Odette Alonso.

«Versas y diversas (2020) no es un libro hecho para la academia», manifiesta Odette Alonso, quien —al lado de Paulina Rojas y otras 54 escritoras— forma parte de esta muestra de poesía lésbica, mexicana y contemporánea. Tal y como se detalla en el prólogo, «ni lo lésbico es una temática, ni lo mexicano se refiere a un sitio y mucho menos lo contemporáneo marca temporalidad».

La selección del título es quizá lo más tramposo y medular de la confección de los textos. Desde un inicio, Odette y Paulina se negaron a respetar un canon que —como lo denuncia la poeta y editora Cristina Arreola—«parte de una idea heteropatriarcal».

En entrevista con Homosensual, Paulina y Odette nos platicaron algunas de las alteraciones que «se convirtieron en una incomodidad para los entornos academicistas que buscan desdibujar las genealogías de las mujeres que aman a otras mujeres». Al respecto, Odette expresa lo siguiente:

«A la academia se le complica mucho enfrentarse a una realidad que no es heteronormativa. A estas alturas todavía se niega la disidencia sexual de poetas como Gabriela Mistral y Alejandra Pizarnik. No es secreto que la poesía lésbica no es algo que interese a los estudios literarios. Se empeñan en decir que no existimos».

¿Por qué Versas y diversas no es una antología?

Las poetas se negaron a reconocer este trabajo como una antología. ¿El motivo? Muchas chicas —ya fuera por desconocimiento de la convocatoria o falta de confianza— no mandaron sus escritos. A su vez, se decidió que el índice no se ordenaría por apellidos. Se buscó que las lectoras pudieran sentirse más cercanas a partir de los nombres de pila.

versas y diversas muestra de poesía lésbica mexicana
Portada de Versas y diversas / Foto: Twitter (@VersasyDiversas)

La ruptura del canon también tuvo que ver con las dinámicas de participación. Como parte de la celebración del Día Mundial de la Poesía (21 de marzo) de 2018, se lanzó la convocatoria para Versas y diversas. Según relatan Rojas y Alonso, la recepción de fragmentos superó las expectativas en cantidad y locaciones geográficas.

La muestra cuenta con fragmentos literarios de 16 estados de nuestro país: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Ciudad de México, Coahuila, Colima, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, Tamaulipas y Veracruz. También encarna y abraza la resistencia de mujeres originarias de Argentina, Cuba y Reino Unido.

Contrario a lo que sucede en los entornos elitistas, Versas y diversas no partió de criterios de selección impuestos por sus coordinadoras. Todos los textos que abordaron el cuerpo, deseo, pérdida, amor y la pérdida desde la riqueza de las experiencias lésbicas están presentes.

«La experiencia de vida es parte de la experiencia estética»: Paulina Rojas

Durante nuestra charla, Odette Alonso asegura que «el drama lésbico, como la cosecha de mujeres, nunca se acaba». Además de trazar «un mapa de singularidades» sobre «las formas de escribir la pasión por la mujer», dos de las grandes apuestas de esta muestra de poesía lésbica son la «revalorización de nuestras ancestras y la politización de nuestra presencia en lo cotidiano».

Respecto a la segunda, Paulina Rojas considera que poemas como “Mudanza” (Julieta Gamboa), “Seguridad e higiene” (Patricia Vázquez), “Voyeur” (Cristina Arreola), “Matinal” (Marlene Diveinz) y “La calma aparente” (Nadia Contreras) defienden una de las premisas centrales del activismo lésbico: las mujeres que amamos a otras mujeres habitamos la cotidianidad.

«Resulta muy potente el visibilizar que las mujeres lesbianas nos enamoramos, compramos una casa y vamos al supermercado juntas. No es algo absurdo. Durante mucho tiempo se nos pensó y trató como ‘algo’ exótico. La experiencia de vida es parte de la experiencia estética».

«Hemos podido reclamar la voz como nuestro territorio»: Cristina Arreola, una de las poetas de Versas y diversas.

En Versas y diversas, la palabra ‘territorio’ está presente en cada uno de los fragmentos. Es ambas cosas: el epicentro de la metamorfosis y la transformación en sí misma. Toma forma de cordilleras, jardines o rincones en los que acontece el día a día familiar. «Un espacio habitable es una grieta que se expande», asegura Ytzel Maya. «Es una metáfora para pertenecer a un lugar cómodo» comparte María Serlug a través de un mensaje de texto. Asimismo, por medio de un email, Cristina Arreola escribe que:

«Sin darnos cuenta, estamos abriendo hectáreas para que otras mujeres se asienten, vean el mundo y se reflejen».

El libro no cuenta con una serie de pasos a seguir, pero el diálogo entre las poetas nos hace querer adoptar un instructivo: germinemos los amoríos, seamos lienzo de carne y pluma y cobijémonos en otras pieles. El recetario no es mío; es lo que interpreto a partir de las palabras de Francia Perales, Mónica Esquivel y Sandra Lorenzano.

Machorras, lesbianas, tortilleras y traileras

Pensemos Versas y diversas en el vaivén que solo la danza nos hace imaginar. Esta no es una antología ni un directorio de las referentes de las poesías lésbicas en nuestro país. Es «una plática entre nosotras acerca de lo que somos y lo que nos mueve».

Los tejidos se componen por muchas suturas. Lo que las hace estar unidas es la génesis de los versos de Citlalli Santos en “Cumbia de la lencha”. Me atreveré a replicarlos en plural: somos machorras, bolleras, lesbianas, tortilleras, tra-tra-tra-traileras. Resistimos porque existimos. Existimos porque resistimos.

No solo Adrienne Rich nos susurra un mapa para encontrar puentes perdidos. Detrás de la edificación se encuentran mujeres que —como versa Iliana Rodríguez Zuleta— nos hacen plantar un “Jardín en la memoria”. «La poesía es portadora de reflejos», recuerda la autora de “Atestiguaciones”.

Versas y diversas agrupa y hermana a «mujeres que tienen la voluntad de hacerse ver para acompañar a otras», que quieren hacer de la obra de Reyna Barrera y Rosamaría Roffiel un manifiesto propio. El hacer poético implica la ruptura de miedos personales. Por eso es una revolución en sí misma. Respeta tiempos y batallas íntimas.

Sobre el acto de nombrar(se) en Versas y diversas, muestra de poesía lésbica.

El susurro tiene muchos nombres. Se llama Adriana, Alejandra, Alma, Ana, Arlette, Artemisa, Aura, Brianda, Chuy, Citlalli, Cristina, Denisse, Elena, Esmeralda, Francia, Gabriela, Iliana, Ingrid, Iza, Jesica, Joelia, Julieta, Justine, Margarita, María, María José, Mariana, Maricela, Mariel, Maritza, Marlene, Megahan, Minerva, Miranda, Monserrat, Nadia, Odette, Olga, Pat, Patricia, Paulina, Reyna, Romina, Rosamaría, Salma, Sandra, Sandrah, Verónica, Yolanda e Ytzel.

«El acto de nombrar —sea con una dedicatoria en particular o a través de arquetipos—pone de manifiesto aquellas inherencias que se nos aprehenden. Es como una especie de ritual. Yo puedo ser la Alejandra, Verónica, María o Cristina de alguien, mas gracias a que he sido nombrada he encontrado en ella mi reflejo. Cuando hablamos de relaciones lésbicas, un detalle tan pequeño como decir el nombre de la pareja es un tabú, he ahí la revolución».

participantes versas y diversas
Ellas son algunas de las poetas que formaron parte de la primera edición de Versas y diversas. / Foto: Twitter @VersasyDiversas

¿Ya leíste Versas y diversas? ¿Qué piensas de esta muestra de poesía lésbica?

Ana Flores
latinoameric(ana). fronteriza incendiaria, libre y mía. ella / she / her. as goth as the rainbow. Alérgica a los mariscos y —sobre todo— a este (cis)tema heteropatriarcal.
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