5 situaciones que vive toda lesbiana de barrio

Si eres una lencha de barrio, te aseguramos que habrás vivido al menos una de estas 5 situaciones incómodas que te presentamos aquí. / Foto: Pinterest

Ser morra de barrio y además LGBT+ no es una vida fácil (pero sí una muy divertida), aquí te contamos 5 situaciones que vive toda lesbiana de barrio.

No importa de qué barrio seas, una vez que te ganas el respeto de tu gente, puedes vestirte y andar como te dé la gana. Si eres una lesbiana de barrio a la que le gusta vestirse y llevar el cabello de manera masculina, casi toda la banda te aceptará siempre y cuando pruebes tu valor y tu confianza. Sin embargo, hay situaciones incómodas y graciosas de las que ninguna lencha de barrio puede escapar. Aquí te las presentamos. 

Cuando los polis se pasan de… lanza

Esta quizá no sea una de las situaciones más divertidas que pueda vivir una lesbiana de barrio. Puede ser que te agarraron ilegaleando (grafiteando), chambeando en el semáforo (haciendo malabares, malpensados) o simplemente echando el porro con la banda. Los polis te tratan con la punta de la bota y te intentan extorsionar para ver si les sueltas varo con tal de zafarte de las 24 horas en el MP. Si vas con otras amigas, quizá solo te vean raro, sin tratarte tan mal.

Cualquier policía te va a zarandear, a interrogar y a extorsionar una vez que te tienen bajo su poder, el punto es lograr que se respeten los mínimos derechos que te quedan, y exigir que al menos quien te jalonée sea otra mujer. / Foto: El Diario Montañés

Si, al contrario, vas con puros hombres, el trato de los policías puede ser igual de agresivo que con ellos. No solo tienes que intentar dialogar con ocho elementos que les están gritando, cuestionando, aventando y golpeando a ti y a tus compas. También tienes que pelearte por que, si ya te van a estar jaloneando de aquí para allá, al menos sean mujeres las que lo hagan.

Te pueden cuestionar por tu ropa, por tu corte de cabello y quién sabe cuántas otras cosas. A pesar de eso, siempre tienes que mantenerte firme y exigir los pocos derechos que te quedan luego de que ya revisaron tu mochila, te quitaron tu verde, tus latas, dinero y libertad.

Cuando la señora de la tienda intenta nombrarte correctamente

No todo es horrible, siempre y cuando te mantengas lejos de las manos de los policías y los narcos. (Esto aplica para todos, no solo para las lenchas de barrio). Al final de un día pesado siempre queda la bendita señora de la tienda de la esquina que te recibe siempre con una sonrisa. Te conoce desde que tienes memoria, te fía tus dos cigarros cuando no tienes ni un peso. Además, siempre te deja acariciar a sus siete gatitos que les gusta jugar entre las cajas de Maruchan y las caguamas.

Siempre tendrás una sonrisa por parte de la señora de la tienda, aun si no sabe si hablarte de ‘joven’ o ‘mija’. / Foto: El Horizonte

Desde que te cortaste el cabello por primera vez, no supo ni cómo llamarte. De repente te decía ‘mijo’, ‘joven’, ‘mija’ o ‘chica’. En algún punto simplemente se rindió y comenzó a solo utilizar tu nombre. Pero nunca te cuestionó sobre tu identidad y tus decisiones. Al contrario, te sigue saludando con la misma sonrisa sin importar si le caes a las tres de la tarde o a las dos de la mañana.

Cuando en los barrios nice siempre te ven cara de delincuente

Sí, eso te pasa si eres una lesbiana de barrio y te atreves a ir a Coyoacán, la Condesa, la Roma o a otros barrios lejanos al tuyo. Ya sabes: tú te vistes igual que todos tus amigos vatos, pero no te das cuenta de que la gente te mira como a un delincuente, igual que a ellos, hasta que te encuentras caminando sola por esos lares a las ocho de la noche.

Tú llevas tu mochila de la escuela o el trabajo, vas escuchando música, cantando y hasta bailando, pero nada de eso importa. Las ñoras te miran con asco y se agarran las bolsas. Los dones se agarran el celular y la cartera. El machito de la pareja se pone enfrente de su morra y te infla el pecho para intimidarte cuando se crucen. Lo más divertido de estos últimos es verles el ego destruido cuando se dan cuenta de que eres una morra que mide menos de 1.60 m y se avergüenzan de su propio pánico.

Si te ves igual que Niña Dioz, no te sorprendas porque la gente de las colonias mejor acomodadas siga sus prejuicios y te vea como un delincuente. / Foto: NPR

Las chavas, por su parte, se cruzan la calle cuando te ven de lejos. Si caminas en su misma dirección, te voltean a ver a cada tres pasos. Con ellas es con las únicas con las que desaceleras tu paso para que no sientan que las vas a alcanzar en cualquier momento. Nunca miras a los ojos a los machos que te confrontan ni a las señoras que te juzgan. Solo a las chavas les regresas una mirada tranquila. Entiendes su miedo y, por una vez, no quieres que se sientan así.

Cuando tienes inmunidad en el barrio

Esta, definitivamente, es la situación menos incómoda de la lista. Si en todos los lugares nice te ven como delincuente, en el barrio te ven como uno más. Claro, cualquiera que tenga sus raíces bien puestas en su colonia no tendrá que temer porque le den baje de sus cosas a plena luz del día. Pero la noche resulta un momento en el que ninguna morra, ni siquiera las de barrio, se sienten seguras al caminar. Sin embargo, tu look de malandro te permite caminar a todas horas en el barrio.

Los lentes, la ropa, los gorros y todo el look de lencha de barrio te dará no solo protección, sino inmunidad dentro de tu barrio. / Foto: No soy tan influencer

Cuando tus amigas bugas de barrio son más rudas que tú

Eso sí: siempre tienes que caminar con cuidado, el barrio es de todos y de nadie. Pero ya conoces las calles y los puntos de reunión de los vatos más peligrosos y los evitas, como cualquier persona con sentido común. Fuera de eso, puedes andar a casi cualquier hora sola o acompañada, con la seguridad de que cualquiera que te vea de lejos te confundirá con otro vato y te dejará en paz. CONSULTA NUESTRO DICCIONARIO LÉSBICO PARA ENTENDER A CUALQUIER LESBIANA.

Esta es una de las situaciones más divertidas para cualquier lesbiana de barrio. No importa qué tan masculina seas, ni qué tan ruda te crean tus amigos hombres. Todas tus amigas morras van a ser siempre igual de rudas que tú. Esto es porque no hay morra que se raje en el barrio. Quizás en el trabajo o la universidad te encuentres con que las morras bugas (y muchas lenchas también) siempre te ven como alguien puede andar por cualquier lado de la ciudad y enfrentarse a cualquier cosa sin miedo.

No importa si es en el DF, en cualquier parte de México o Estados Unidos, ninguna morra de barrio se raja. / Foto: Excélsior

Sin embargo, frente a tus amigas bugas del barrio, casi siempre te quedas corta. No puedes creer cómo esas chavas con cara de muñeca, crop tops y pantalones ceñidos pueden sacar su lado más ñero cuando la ocasión lo pide. Pero eso es lo más divertido, porque no importa si todas tus amigas son bugas, siempre te sentirás protegida en tu manada.

Estas son solo algunas de las situaciones divertidas, particulares e incómodas que vive una lesbiana de barrio en su día a día. Estas experiencias ciertamente pueden ser muy diferentes a las de una mujer LGBT+ de barrio que prefiera utilizar ropa, cortes de cabello y estilos más femeninos. Sin embargo, hay algo que pocas veces cambia: el barrio siempre te respalda una vez que eres parte de él.

¿A cuántas lesbianas de barrio conoces? ¿Eres la única de tu colonia? ¡Cuéntanos en los comentarios!