Hombre gay recibe martillazos en la cabeza en ataque homofóbico

Fernando Figueroa fue víctima de un terrible ataque homofóbico en el que recibió múltiples martillazos en la cabeza. / Foto: Jazz Bustamante

Fernando Figueroa sufrió un espantoso ataque homofóbico hace varios años y quienes le propinaron martillazos en la cabeza están en libertad a pesar de haber confesado su culpabilidad.

Siete martillazos en la cabeza dejaron al borde de la muerte a Fernando; sus agresores continúan en libertad a pesar de que uno de ellos admitió ser culpable de este terrible ataque homofóbico. En entrevista exclusiva para Homosensual, Figueroa y su familia nos relatan esta trágica historia, que podría ser la de otros hombres gays a falta de justicia por parte de las autoridades.

Imagina que tu ‘amigo’ y su hermano —con quienes conviviste durante los últimos meses—un día ¡de la nada comienzan a golpearte en la cabeza con un martillo! Quedas inconsciente por cuatro días. Tu cabeza es brutalmente destrozada. Tu mamá te encuentra en un charco de sangre días después de iniciar tu búsqueda.

Eso le sucedió a Fernando Figueroa, un hombre gay quien milagrosamente logró sobrevivir a un atroz ataque homofóbico. Sin embargo, las secuelas que ahora padece son irreversibles. Se encuentra en una cama postrado de por vida. Padece ataques frecuentes, falta de movimiento en sus manos y sus piernas no le responden. Tiene una válvula en el cerebro para drenarlo, ya que quedó un hundimiento en su cabeza por los múltiples martillazos que le propinaron Daniel Pierce Guzmán y Jesús Alejandro Pierce Guzmán. Ambos están en libertad y gozando de impunidad.

Daniel Pierce Guzmán y Jesús Alejandro Pierce Guzmán, autores del ataque homofóbico, propinaron siete martillazos a la cabeza de Fernando Figueroa.  / Foto: Jazz Bustamante

El ataque homofóbico y la impotencia ante la impunidad

Los rayos del sol sobresalen en una entrada a la unidad habitacional donde lo que más abunda es hierba. Al entrar solo vemos calles solitarias y pequeñas casas cúbicas de colores. Mis dos acompañantes y yo tardamos casi treinta minutos en dar con el domicilio de Fernando, los cuales nos parecieron eternos por la impaciencia de entrevistarlo. Al aproximarnos a su vivienda, una mujer de mediana estatura y cabello canoso nos hizo una señal. Ella nos condujo al interior, donde él se encontraba acompañado de cinco personas —sus familiares—.

Por fin llegamos a la recámara de Fernando, quien se encontraba acostado con muchas almohadas a su alrededor. Su cama era alta, como las que se encuentran en los hospitales. Marta, su madre, de manera muy amable nos ofreció un sitio para acomodarnos y sentarnos. Iniciamos la entrevista. Pero antes, doña Marta ‘lo acusó’: «Dile algo, Jazz, porque luego no quiere tomar los medicamentos». «Saben feos», contestó haciendo una mueca. A la par todos reímos.

Fernando Figueroa me contactó hace un par de meses por redes sociales. Me platicó que hace aproximadamente seis o siete años sufrió el ataque de un sujeto homofóbico y su hermano, quienes lo sorprendieron a martillazos en la cabeza. El caso en la Fiscalía de Veracruz atravesó muchas prácticas de corrupción.  Después de más de un año en el proceso, él y su familia dejaron de insistir en la búsqueda de justicia. A pesar de que detuvieron a uno de sus atacantes confesos, este fue liberado a los pocos meses con el argumento de ser menor de edad. No obstante, el individuo en realidad tenía 19 años.

Siete martillazos en la cabeza…

Los hechos ocurrieron el 12 de mayo del 2013 en el Puerto de Veracruz, en la unidad habitacional El Coyol. Fernando se encontraba en el que próximamente sería su domicilio en compañía de Daniel Pierce y Jesús Alejandro Pierce. Figueroa le dijo a Daniel que sus camisas olían mucho a marihuana y que si iba a fumar no lo hiciera frente a él. Enseguida, Fernando se fue al fondo de la casa por unas escobas para limpiar, sin sospechar que en instantes sería víctima de un aterrador ataque homofóbico. Ambos hermanos continuaban en la entrada de la casa platicando entre ellos justo minutos antes de la agresión.

Doña Marta nos contó lo impactante de la escena al encontrar a su hijo en un charco de sangre, con la cabeza destrozada. Consternada, expresa:

«Al verlo ahí tirado en el piso, lo primero que pensé fue que habían matado a mi hijo».

Sin embargo, al acercarse a Fernando, él reaccionó agarrando la pierna de su madre. Ella relata que sabía dónde se encontraba su hijo aquella tarde, pero desconocía que estaba en compañía de los hermanos Daniel Pierce, de 26 años, y Jesús Alejandro Pierce, de 19.

Fernando estuvo hospitalizado aproximadamente ocho meses. El diagnóstico clínico detallaba golpes con martillo en la cabeza, que le destrozaron el cráneo y le provocaron un severo edema cerebral, hemorragias, contusiones y demás heridas de extrema gravedad.

Fragmento del diagnóstico clínico de Fernando Figueroa luego de recibir siete martillazos en la cabeza, producto de un ataque homofóbico / Foto: Jazz Bustamante

La antesala del brutal ataque homofóbico

Fernando afirmó que al primer martillazo comenzó a sentirse mareado y a perder el conocimiento, pero recuerda cómo lo arrastraban de la camisa hacia el fondo de la casa. Él sospecha que Daniel y Jesús ya habían planeado con cautela lo que le iban hacer. En varias ocasiones los hermanos convivieron con Fernando en su casa durante los tres meses previos al ataque. Los Pierce acudían incluso a comer o de paseo. Daniel, el mayor de los hermanos, era con quien más convivía Figueroa.

Nuestro entrevistado conoció a sus atacantes en una tienda de autoservicio un 21 de marzo, en fechas del Carnaval de Veracruz. Daniel Pierce lo abordó para preguntarle si podía ofrecerle trabajo en su empresa, ya que Fernando iba en su camioneta y en ella había un rótulo con información al respecto. «Me veía ‘obvio’» afirma Fernando haciendo alusión a que tenía amaneramientos en su expresión de género. Le extendió una tarjeta con sus datos, entre ellos su domicilio, y partió. A la semana siguiente Pierce llamó a la puerta.

Fernando sabe que en aquel entonces los Pierce trabajaban como meseros en un antro gay llamado Boudoir. Ahora, sin poder siquiera sentarse, recuerda con nostalgia y enojo las primeras charlas que entabló con su agresor. Agrega que nunca sostuvo una relación de pareja con Daniel Pierce sino una simple amistad.

Fernando Figueroa sobrevivió a un impactante ataque homofóbico: siete martillazos en la cabeza. / Foto: Jazz Bustamante

«Estos dos se dedican a eso, a andar dañando a las personas»: Marta, mamá de Fernando

A la par, doña Marta nos platica cómo ha sido el proceso de cuidar a su hijo y de exigir justicia para él:

«Ay, hija, ha sido muy complicado, muy fuerte. Pero con la ayuda de mis otros hijos y yerno ahí la vamos llevando para salir adelante. Compro varios paquetes de pañales cada mes, lo cambio diario en la mañana y noche. Nos encargamos de darle su comida y de estar al pendiente de él. Yo dejé mi trabajo, me dedicaba a la albañilería. Pero le pedí tanto a Dios que me lo dejara con vida y aquí está».

Ella pide a las autoridades que capturen a los perpetradores del ataque homofóbico contra su hijo:

«Que los agarren. Están por otros lados haciendo daño. Y según lo que investigamos, estos dos se dedican a eso, a andar dañando a las personas».

Los culpables del ataque homofóbico permanecen sin castigo alguno

La dramática historia de este alarmante ataque homofóbico nos provoca un sinfín de emociones, sobre todo rabia y tristeza. Y mientras Daniel Pierce Guzmán y su hermano Jesús Alejandro Pierce Guzmán se encuentran en libertad, surgen varias interrogantes y dudas respecto al sistema de justicia mexicano.

¿Cuántas víctimas más habrá o siguen atacando los hermanos Pierce Guzmán? ¿Hasta cuándo continuarán las fiscalías —en particular la de Veracruz— con carpetas sin procesos para brindar justicia a las víctimas de un ataque homofóbico? SI NECESITAS ACOMPAÑAMIENTO EN UN PROCESO DE DENUNCIA, CONTACTA A IT GETS BETTER MÉXICO AQUÍ.

La mejor medicina para Fernando

Por otro lado, sin duda es un milagro que Fernando Figueroa sobreviviera. Pero ese milagro tiene nombre: doña Marta, su madre. Ella tiene la medicina más eficaz que puede haber: amor hacia su hijo. El mundo necesita miles de mujeres como ella, que aman y cuidan incondicionalmente a sus hijos.

Al concluir la entrevista, me puse a pensar en todo el dolor que debe pasar esa valiente mujer al dejar su empleo, sus sueños y logros personales para dedicarse de tiempo completo a procurar a su hijo. Solo pude contener las lágrimas al recordar que mi mamá, una maravillosa mujer, a pesar de todo siempre está ahí conmigo. Me aventuro a decir que es el amor lo que mantiene unida a la familia de este hombre.

Por último, Fernando nos solicitó enviar este mensaje a quienes visitan Homosensual:

«Cuídense mucho, sepan con quién conviven y nunca dejen de ser ustedes mismos».

Al igual que Fernando Figueroa, muchas personas que han sido víctimas de un ataque homofóbico siguen sin recibir justicia en sus casos. ¿Qué piensas que podemos hacer al respecto como comunidad LGBT+?

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