“Pingüinos en la cama”: Ruedi (Argentina)

Imagen: Especial

El cuento “Pingüinos en la cama” es uno de los finalistas del Concurso de cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, convocado por Homosensual.

Ay, Lauti esto es una locura tremenda. Mirá hasta donde tengo que llegar por tus obsesiones. 

A Lauti lo conocí cuando éramos chicos. Teníamos cinco años, creo. Venía de Buenos Aires. Sus papás murieron en un accidente de auto y su abuela vivía acá, en Chubut. Y aunque me gustaría decir que su primer amor fui (y soy) yo, no. Esos pájaros bobos llegaron antes, con sus picos largos, su andar torpe y ese elegante smoking blanco y negro que se pavonean cual ricos en una fiesta. 

Porque sí, yo me enamoré de Lauti a prima vista. Pero él no de mí. Tardó varios años en enamorarse de alguien que no fuera un bendito pingüino. 

Y ahí lo vi, cuando llegué a casa del trabajo, empacando las cosas, frenético. 

—¿A dónde vas? ¿No viste que acaba de decir el presidente que nos quedemos en casa? ¡Estamos en cuarentena por el virus este! 

—Por eso mismo, Nahu —me respondió sin verme—. Me voy a quedar en Punta Tumbo* hasta el treinta y uno de marzo. 

—¿Qué? 

Vos estás en pedo, fue lo primero que pensé. Sabía que tenía que terminar la tesis, que obviamente era de sus pingüinos, pero era una tontería. Me crucé de brazos. 

—¿Te vas a cagar de frío quince días en una cueva de la reserva para ver a los pingüinos? 

—No, ¿no ves que estoy llevando frazadas y mantas para los dos? 

Encima quiere que me quede en una cueva por quince días. 

—A ver, Lautaro, escuchame, ¿vos sos consciente de que querés que vayamos a congelarlos quince días ahí dentro? ¿Te pensás que no te va a parar la policía? ¿Qué le vas a decir, que somos una pareja que stalkea pingüinos en medio de la pandemia? ¿O que vas a encontrar la cura de este virus estudiando pingüinos, o…? 

—¡Bueno, bueno! —vociferó y se sentó en la cama, frustrado y tirando la valija—. Me desesperé. Quiero terminar la tesis. 

Dejé la cartera (porque ni siquiera lo había hecho) en el piso y me senté a su lado. Razoné con él, porque siempre se ponía nervioso cuando algo le impedía ir a Punta Tombo a estar con sus pingüinos. Y llegamos a un acuerdo: nos íbamos a quedar los quince días en casa, sin salir como había que hacer, y escribiría la tesis de la mejor manera que pudiese. 

—¿Querés que me haga un disfraz de pingüino para inspirarte? —bromeé. 

Lauti se rio con esa mágica sonrisa que me encantaba. 

—No hace falta, vos siempre me inspirás sin disfrazarte —y me tumbó en la cama acompañado de un pasional beso. 

*Punta Tombo es una reserva natural ubicada en Chubut, Argentina. Es una gran pingüinera. Pueden encontrar más información por internet.

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*Homosensual se pondrá en contacto con los finalistas por correo electrónico en el transcurso del mes de mayo.

**Este cuento formará parte de la compilación digital Cuentos LGBTQ+ en tiempos de pandemia por coronavirus, que estará disponible para descargar gratuitamente a mediados de mayo de 2020.

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