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5 razones por las que terminé una relación abierta

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Estar en una relación abierta va más allá de «controlar los celos» y, por diversas razones, no nos funciona a todes. Te comparto mi experiencia.

Después de dos años de monogamia sexoafectiva, mi expareja y yo comenzamos una relación abierta. A los 15 meses, nos citamos en un cine y terminamos.

Antes de continuar con la lectura: quiero recordarte que mi experiencia no tiene por qué ser la tuya. El mantener a flote (o hundir) una relación—sea abierta o no— depende de muchos factores que no siempre están en nuestro control. No te forces (o forces a alguien) a adoptar modelos sexoafectivos de otras personas. Si no funciona para ti, no lo hace y punto. No se trata de una falla personal.

Ahora sí, te cuento algunas de las razones por las que a mi exnovia y a mí no nos funcionó estar en una relación abierta.

1. Consideramos tener una relación abierta como última y única opción

Lo escribo, siento y pienso con sinceridad: nuestra decisión se vio comprometida a las circunstancias. En ese entonces, una de nosotras se tenía que mudar de México. La noticia nos agarró por sorpresa. Dos días antes de recibir la carta para estudiar hasta el otro extremo de América Latina, nos reunimos con un agente inmobiliario para «considerar las posibilidades de vivir juntas».

Ante el precipitado cambio de planes, nuestra plática pasó del «aquí la dejamos» al «sería más fácil abrir la relación». Por supuesto, no tomamos en cuenta interrogantes que —ahora— considero básicas:

¿Qué tiene que ver con el amor libre? ¿Por qué una relación abierta no es una solución fácil, sino una alternativa válida y comprometida de estar y ser con alguien? ¿Qué acuerdos estoy dispuesta a aceptar y cuáles no? ¿Es posible arrastrar la toxicidad del ‘amor Disney’ a las relaciones abiertas? ¿Relación abierta en qué aspecto? ¿Sexual? ¿Emocional? ¿Ambas? HAZ ESTE QUIZ PARA SABER QUÉ ES MEJOR PARA TI: LA MONOGAMIA O EL POLIAMOR.

Para 2018, ninguna de las dos dimensionó las posibilidades de tener y estar en una relación abierta; mucho menos de la complejidad de los acuerdos. Lo único que selló «nuestro pacto» fue: «Va, va, ya quedamos, podemos coger con quien queramos y sin pedos; tú y yo intactas, ¿ok?».

2.«Help! No tengo a quién acudir».

Las cosas marcharon bien durante los primeros cuatro meses. Ambas nos empeñábamos en creer los comentarios de les amigues que sabían de nuestro noviazgo abierto, a distancia, y de dos mujeres bisexuales:

«Me gustaría que mi novio y yo tuviéramos una relación tan madura como la de ustedes. Yo jamás podría. Estaría muriendo y pensando pura mierda».

A finales de diciembre de 2018, la situación se empezó a complicar y nos sentíamos muy solas. Roomies que hablaban de las promesas del matrimonio y amigues que declaraban una inapelable fidelidad a la monogamia no fueron precisamente las personas más comprensivas. La mayoría de los consuelos llevaban implícita su postura respecto a las relaciones abiertas:

«Pues es que no sé para que le entraron a ese desmadre».

3. Jerarquías y estructuras de poder

Desde el principio, una de nosotras supo que «no estaba a la altura de la otra». Al intentar una relación abierta entramos en —o más bien, fortalecimos— una de las dinámicas más ponzoñosas y violentas: el eterno «todo lo que hago tiene justificación y debes perdonarme porque soy yo». No estuvimos exentas de la lucha de egos para ver quién «manejaba el asunto con mayor madurez». CONOCE LAS 5 SECUELAS QUE PUEDE DEJARTE UNA RELACIÓN TÓXICA.

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Al intentar estar en una relación abierta, algunas parejas pueden enfrentar problemas que han estado desde antes. La lucha de egos es uno de ellos. / Imagen: MagLes Revista

4. Nos atemorizaba ser sinceras entre y con nosotras mismas

Uno de los riesgos de ‘establecer acuerdos’ ambiguos es el no saber «qué es permitible y qué no». La frase (y promesa) de ‘contarse todo’ siempre me ha parecido engañosa. ¿Hasta que punto el ‘contarse todo’ tiene que ver con la responsabilidad afectiva? ¿Qué tan peleado puede estar el mandato de contarse todo con la autonomía e intimidad?  Ask yourself.

5. La complejidad de las relaciones abiertas

Las relaciones abiertas van mucho más allá de «controlar los celos»; implican (des)aprender narrativas y pedagogías de los afectos. No es tan sencillo construir, practicar y nutrir un amor libre cuando, a lo largo de nuestra vida, hemos escuchado y formado parte de vínculos que se basan en el principio de exclusividad. Tampoco es tarea fácil deslindar la experiencia de factores que, reitero, no siempre están bajo nuestro control. Ahora sé que la ruptura no derivó —únicamente— de intentar (¿y fallar?) una relación abierta.

Ante todo, una relación abierta es un (re)encuentro contigo misme: conocer y validar tus límites, deseos y contradicciones. Me habría gustado que alguien me dijera esto hace tres años.

¿Cuál fue o ha sido tu experiencia al estar en una relación abierta?¡Cuéntanos!

Ana Flores
latinoameric(ana). fronteriza incendiaria, libre y mía. ella / she / her. as goth as the rainbow. Alérgica a los mariscos y —sobre todo— a este (cis)tema heteropatriarcal.
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