3 experiencias en 3 lugares de encuentro distintos

En los lugares de encuentro hay de todo, incluso lo que no imaginas. / Foto: Shock

Los lugares de encuentro son espacios dedicados a la exploración de nuestros más bajos deseos, pero a veces pueden regalarnos las experiencias más curiosas.

Sí, podría escribir un libro con todas las experiencias que viví en lugares de encuentro. Pero si creen que todo sería puro saca y mete están muy equivocados.

La palmas se la llevan todas torcí la cara y se me salieron los ojos y solo pude decir: ¡¿Qué?!

Aquí les comparto algunas de las cosas más curiosas que me ocurrieron en estos lindos lugares.

En los lugares de encuentro no sobran los besos ni las experiencias curiosas. / Foto: Dónde ir

¿Dónde está el baño?

Por un rato me dediqué a atender la barra de un conocido lugar de encuentro al poniente de la CDMX. Siendo la cara de un establecimiento uno se encuentra con cada cosa. Sin embargo, esta es la anécdota que se gana el oro.

Y es que un sujeto, con una actitud bastante pedante, se presentó en la barra exigiendo alcoholes caros y muy finos que claramente no manejábamos en el lugar. Al final, el chico solo me pidió un vaso. Así, vacío. A pesar de la intriga no puse objeción y le entregué su vaso.

No pasaron ni cinco minutos, cuando llegó corriendo otro cliente conmigo para revelarme la verdad. El sujeto, que presumía carros, joyas y demás inmuebles en las zonas más extravagantes de la ciudad, había entrado al cuarto oscuro a orinarse en el vaso que le di. No solo eso, después de acabar lo tiró y dejó el piso lleno de líquido. 

En los lugares de encuentro hay que saber diferenciar el baño del cuarto oscuro. / Foto: Revista Zero

Varios lo emboscamos y le exigimos una explicación. Entre canturreos de borracho explicó que él no hacía esas cosas, que él era de categoría y de no sé qué familia importantísima. Entró de nuevo al cuarto oscuro, esta vez salió casi de inmediato y pido sus cosas, pues no iba soportar más insultos.

Acababa de salir por la puerta, cuando otro chico casi vomitando nos dijo que había un olor muy nauseabundo en el cuarto oscuro. Al parecer, como venganza, el chico finolis había regresado a rematar su chistecito y terminó haciendo del número 2 en una esquina. Claro, el que tuvo que limpiarlo todo fui yo. Bendiciones para él y toda su familia donde quiera que esté.

El de la farándula

Era 15 de septiembre y este lugar de encuentro llevaba días enviándome su publicidad promocionando su gran fiesta mexicana. Yo no quería ir porque no lo conocía y estaba bastante lejos de mi hogar. Pero como nada mejor se asomaba por el horizonte me dije ‘qué más da’.

Mi intuición no me había fallado, el lugar estaba desierto. Pensé en irme de inmediato, pero mi codez me obligó a quedarme otra hora más tomando jugo de naranja y perdiéndome en las luces neón que se movían al compás de canciones de las Jeans.

Por fin llegó un chico y pues no quedó de otra más que hablarnos e interactuar entre nosotros. El nuevo me cuenteo que tenía negocios en no sé dónde y que se codeaba con no sé cuánta gente. La verdad es que yo no le creí y le di el avión a todo lo que me decía. 

No fue sino al final, cuando ya salíamos del lugar, que se despidió de mí cuando un carro manejado por una famosa estrella de Netflix, que me quedé boquiabierto. Solo los vi saludarse de beso y perderse entre las calles de la Colonia del Valle.

El pruebajuguetes

Un día le hice a una visita a un lugar de encuentro cerca del centro de la CDMX. Las instalaciones no son lindas, la música suele ser fatal, pero el cringe se mezcla con lo jarioso que te ponen el olor a vestidor público y por lo regular terminas con una agradable experiencia.

En esa ocasión deambulaba sin mucha emoción por los oscuros pasillos del laberinto, cuando me llamó la atención un miembro bastante curioso dentro de uno de los privados. Asomé la cabeza solo un poco para verlo mejor, y me sorprendí por el tamaño y grosor de esa herramienta tan inmensa.

No obstante, poco a poco me di cuenta que en realidad se trataba de una dildo de plástico. Cuando le pregunté al dueño porque había traído un juguete al establecimiento, solo me contestó: «¿Lo quieres probar?»

¿Qué opinan de los juguetes sexuales en los lugares de encuentro? / Foto: Infobae

Le di las gracias, pero no era lo mío. Pero cuál fue mi sorpresa que tan solo unos momentos después el chico iba por los pasillo ofreciéndolo a quien se cruzara en su camino. Si algún incauto no lo notaba, el jovencito pegaba su dildo al trasero de desconocidos con la esperanza de que alguno se animara.

No vi que nadie le hiciera mucho caso. Sin embargo, eso no detuvo a mi nuevo amigo, quien se la pasó ofreciendo compartir su juguete con los demás asistentes. Siempre con una cara amable y nada acongojado de que no tuviera suerte.

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