LGBTQ+ Activismo Historia de las marchas lésbicas en México

Historia de las marchas lésbicas en México

Conoce la historia de las marchas lésbicas en México. / Foto: Facebook (Archivo Histórico de Lesbianas Feministas)

A continuación, te compartimos algunos datos que forman parte de la historia de las marchas lésbicas en México.

Las marchas lésbicas tienen una historia propia. Con el fortalecimiento y la consolidación del movimiento estudiantil, sindical y urbano popular, las mujeres que amaban a otras mujeres tuvieron claro que los proyectos de libertad política no son posibles sin una liberación sexual.

Para los 70, la segunda ola del feminismo dio pie a la reivindicación del lesbianismo político. En este punto es plausible reconocer el papel de organizaciones que fueron puente para el activismo regional. Como ejemplo, podemos mencionar al Grupo de Acción Lésbica Feminista (GALF).

La lucha lésbica ha sido tan diversa y robusta como la trayectoria de cada una de sus representantes. El lesbianismo político y la noción identitaria de las lenchitudes han formado parte de una amplia trayectoria académica y —sobre todo— de una praxis emancipatoria. Te compartimos una breve genealogía de las mujeres que —como ahora— corporizaron la consigna de:

«¡Las calles son nuestras!».

Las semillas de la historia de las marchas lésbicas en México

Como lo hemos discutido en otras ocasiones, no todas las tomas del espacio público se han catalogado bajo el paraguas LGBT+. Al igual que las demás disidencias, las lesbianas han estado al frente de la lucha por la educación pública, defensa de la tierra, mejora de las condiciones laborales, maternidades dignas y deseadas, exigencia de justicia para las y los familiares de las personas desaparecidas y una vida libre de violencia.

En la década de los 70, las mujeres que amaban a otras mujeres también se pronunciaron en contra de la violencia policial y del despliegue de las fuerzas del Estado. En este periodo, los grupos de corte feminista germinaron las semillas de organizaciones como Ákratas (1976), Lesbos (1977) y Oikabeth (1978). De acuerdo con el Archivo Histórico de Feministas Lesbianas, esta última fue protagonista de la «primera experiencia pública y manifestación de las lesbianas mexicanas».

Para entonces se abogaba por hacer de la lucha lésbica un movimiento feminista, socialista y revolucionario. También se insistía en que el movimiento lésbico debía ser autónomo. CONOCE A LAS PIONERAS DEL MOVIMIENTO LÉSBICO EN MÉXICO.

¿Dónde estábamos en 1979?

Las mujeres lesbianas estuvieron en la organización y el despliegue de la primera Marcha del Orgullo (1979). Las condiciones familiares de algunas de ellas hicieron que salieran a las calles, pero dentro del grupo de Los Banqueteros. Gracias a estas mujeres, las nuevas generaciones contamos con registros periodísticos. Aunque no todos los pronunciamientos fueran de carácter público, todas las chicas lesbianas han tenido a una Nancy Cárdenas.

Grupos lésbicos participando en la segunda marcha del Orgullo (1980) / Foto: La Bola. Revista de Divulgación de la Historia

Tal y como lo relata Patria Jiménez (El Clóset de Sor Juana) en un escrito para Verne, en las primeras marchas LGBT+ había muy poca gente. En 1981 eran 150 personas en los contingentes. Sin embargo, 6 años después se sumaron más de 3000 personas. Frente a estos datos, también es importante tomar en cuenta una de las observaciones de Pol Martínez (Musas de Metal):

«Tardó mucho tiempo para que las mujeres representaran el 50% de las marchas del Orgullo».

Historia de las marchas lésbicas durante el periodo de la ‘ONGización’ y la organización de la sociedad civil

En un contexto en el que los medios de comunicación y líderes de la opinión pública vociferaban y legitimaban prácticas discriminatorias contra las personas que vivían con VIH, organizaciones LGBT+ demandaban el acceso a la salud pública y la necesidad de contar con una educación sexual integral. Las manifestaciones públicas de las mujeres lesbianas también estuvieron presentes. MIRA ESTOS 5 EPISODIOS DE LA LUCHA LGBT+ EN MÉXICO.

Durante los 80, la movilización lésbica se fortaleció con las alianzas. Una de ellas fue la Coordinación de Grupos Autónomos Feministas. Asimismo, organizaciones lésbicas y mixtas (como la Coalición Nacional de Lesbianas y Homosexuales) encontraron otros canales de comunicación para informar sobre las marchas. La Boletina fue uno de ellos.

Otros de los factores que ayudaron a incentivar la participación en los actos públicos fueron las reuniones (algunas nacionales y otras regionales). Aquí podemos ubicar el Primer Encuentro de Madres Lesbianas (1994) y los Encuentros Lésbico Feminista Latino Americano y del Caribe (Elflac).

¿Un lesbianismo político separado de otras desobediencias sexogenéricas?

En vísperas del nuevo milenio, uno de los ejes que condujo la organización de las movilizaciones lésbicas fue la propuesta de que fueran separatistas. Uno de los principales argumentos es que las marchas lésbicas debían ser un contrapeso a 3 procesos: la ‘geificación’, la mercantilización neoliberal de los movimientos sexopolíticos y la patriarcalización del feminismo. Esta postura fue una de las bases del Feminismo Radical Anarquista Separatista (FRAS).

Aunque desde un principio algunas corrientes del feminismo especificaron que «la guerra lesbofeminista no era contra los hombres, sino contra el heteropatriarcado», ciertas irrupciones públicas establecieron requisitos y mandatos de pertenencia. Desde aquí podemos rastrear las discusiones sobre si las identidades trans, bisexuales y no binarias podían militar dentro del lesbianismo político. Para dar cuenta de esta perspectiva, te compartimos uno de los pronunciamientos de la activista Marcela Olavarrieta respecto al Lesbianismo Feminista Autonomista (LFA):

«[El LFA] no ha dependido ni estado vinculado a los mercados de la diversidad sexual, glbt, glbttti-q, queer, ciborg, trans, s/m, BDSM, ya que estos deben escribir sus propias historias».

Ante esta reducción de sistemas sociales a sujetos individuales, algunas organizaciones comprometidas con la lucha lésbica centraron sus campañas, talleres y movilizaciones en aclarar en que la orientación sexual no está peleada con la identidad de género. Bajo esas consignas nacieron propuestas como Telemanita y Musas de Metal, quienes desde un principio tuvieron claro que «siempre han querido hablar del amor entre mujeres, sin importar edades o identidades».

Del «solo mujeres» al «solo mujeres biológicas»

El derecho de pertenencia a la lucha lésbica partió de la discusión de quiénes podían ser sujetas de las políticas del feminismo. Conocer la historia de los movimientos y éticas políticas a los que nos adscribimos conlleva una responsabilidad muy grande: ser críticas de los procesos históricos. Esta perspectiva no tiene el propósito de negar o minimizar la acción de las agentes políticas.

La toma de las calles por parte de los comités de la Marcha Lésbica —que se lleva a cabo desde 2003— ha estado ligada al reconocimiento de las maternidades lésbicas, el apoyo a las familias de las mujeres desaparecidas de Ciudad Juárez, la denuncia de la lesbofobia institucional y la urgencia de las modificaciones de cuerpos normativos (por ejemplo, el Código Penal de Aguascalientes y Chiapas).

Sin embargo, no podemos olvidar que algunas acciones públicas catalogadas dentro del lesbianismo político han estado permeadas por narrativas y categorías hegemónicas y violentas. En los últimos años han sido más los flyers que subrayan el «ser biológicas» para poder reivindicar el amor entre mujeres.

Los requisitos basados en un discurso biologicista no emergieron de las disputas en redes sociodigitales. Si bien los primeros carteles de la Marcha Lésbica resaltaban la frase «solo mujeres», la convocatoria de 2019 fue muy explícita: «Solo mujeres biológicas».

Asimismo, desde 2013 ya se manifestaba un tajante rechazo a la teoría queer, pues su intención era «desaparecer al movimiento político autónomo de mujeres lesbianas». La postura fue la misma al salir a las calles. En una de las pancartas se leyó:

«No somos gay, glbt, queer, ni trans. Somos lesbianas feministas, orgullosamente mujeres biológicas».

La alegría y el goce también forman parte de la historia de las marchas lésbicas

En este rubro es fundamental destacar que las dinámicas violentas no solo socavan la integridad de ciertos sectores disidentes. El establecimiento de requisitos también puede ocasionar que se invisibilicen otras manifestaciones en el espacio público. Si se parte de criterios exclusivos sobre lo que ‘debe ser’ el lesbianismo político, se corre el riesgo de borrar la resistencia de quienes consideran a las identidades bisexuales, trans, inter y no binarias dentro del espectro de las mujeres que aman a otras mujeres.

¿Se imaginan ignorar las movilizaciones en el norte del país donde se exigió la tipificación del delito de lesbofobia? Dentro de esos criterios altamente violentos, ¿dónde queda la lucha de nuestras compas lesbianas que han seguido las huellas de quienes forman parte de la Organización de las Mujeres de San Cristóbal y el Taller de Investigación Anzetik?

A su vez, las cláusulas del ‘deber ser’ del lesbianismo político propician que se haga un catálogo de las ‘formas correctas y legítimas’ de (re)apropiarse de los espacios públicos. Es cierto, las calles son un terreno de protesta, pero también un epicentro para el goce. La digna rabia se puede traducir en felicidad. Como diría la grandiosa Emma Goldman:

«Si no puedo bailar, no me interesa tu revolución».

Resistimos, existimos y somos entre todas

Aludir a la alegría como un canal de la rebeldía lésbica ayuda a recuperar los antecedentes y gestos paralelos de las marchas lésbicas. En esta categoría podríamos mencionar los registros simbólicos y besatones. Los primeros eran eventos donde las parejas del mismo sexo acudían a la explanada de Bellas Artes para casarse de forma pública y simbólica.

Por su parte, en los besatones las mujeres demostraban que nuestro destino no forzosamente está ligado a la compañía de un hombre. Sin duda, reivindicar la alegría y el goce es una forma de recordar y nombrar los logros de las marchas lésbicas. Como bien expresa Pol Martínez: «Antes era muy extraño y difícil que 2 mujeres pudieran agarrarse de la mano o besarse en público». De aquí que una de nuestras consignas más potentes sea:

«En sus labios probé la revolución».

¿Qué más te gustaría saber sobre la historia de las marchas lésbicas?

Con información de Chiapas Paralelo, Brut, Revista Digital Universitaria, La Bola. Revista de Divulgación de la Historia, Marcha Lésbica, La Vanguardia, Verne (El País), Ledeser, Archivos Históricos del Feminismo y Archivo Histórico de Lesbianas Feministas

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